En una historia de ficción, pero que busca retratar un escenario y contexto real que aún está vivo en el recuerdo de las generaciones más jóvenes. “La Isla de los Pingüinos” revive la realidad de un colegio particular subvencionado de Chile en medio del conflicto político que llevó a miles de secundarios de todo el país a organizarse y alzar la voz por el derecho a la educación.

La cinta es el segundo largometraje del director Guillermo Söhrens -tras “El último lonco” (2015)- y fue presentada en la selección oficial de largometrajes chilenos del Festival Internacional de Cine de Valdivia. En conversación con El Desconcierto, el realizador señaló que vivió la emblemática revolución pingüina justo antes de salir del colegio.

“Me tocó vivir la experiencia de una toma cuando para nosotros no existía un precedente de algo así y tuvimos que aprender a organizarla sobre la marcha. Lo mismo pasó con las protestas en la calle y otras manifestaciones que impulsaron los jóvenes de mi generación cuando por años nadie más hizo nada. Para mí y para todos mis amigos esto fue algo que nos marcó para siempre en nuestras vidas, y por lo mismo, sentí la necesidad de contar esta historia, la mía, la de mis amigos y la de muchas más personas que fueron parte de esto el 2006 y 2011”, reflexionó Söhrens.

/Guillermo Söhrens en FICValdivia.

¿Cómo fue la experiencia de trabajar con quienes vivieron la revolución pingüina en carne propia?

Fue muy entretenido y aprendí mucho con esto, ya que compartimos distintas experiencias respecto a lo que cada uno había vivido en su generación. A varios del equipo les tocó vivir lo del 2006 en la universidad y a otros en el colegio. Los más chicos no tenían recuerdos de esto, pero sí tenían del 2011 o del 2013. Fue muy especial encontrar muchas cosas en común y darnos cuenta que, en Chile, es imposible hablar de la adolescencia sin vincularla a los movimientos sociales: a todos nos ha tocado de alguna forma, ya sea directa o indirectamente.

En la cinta hay un rescate a la juventud organizada y consciente por el futuro, en contraste a esa imagen que se proyectó durante años de una generación totalmente despolitizada. ¿Hace falta retomar a los jóvenes también desde este ángulo?

En los últimos años se ha menospreciado mucho a los jóvenes a través de los medios. El concepto de “millennial” se tiende a relacionar con aspectos negativos, con indiferencia hacia el mundo, con la falta de metas, la flojera, etcétera. Sin embargo, es curioso que estos conceptos se apliquen a una generación que ha hecho todo lo posible por cambiar el mundo que le dejaron las generaciones anteriores. En Chile fueron los millennial los primeros en levantar la voz frente a las injusticias relacionadas con la educación, la discriminación y la necesidad de cambiar la constitución instaurada en dictadura. En otros lugares del mundo esto no ha sido diferente, y es tiempo que, quienes comunicamos, hagamos lo posible por retratar esto.

“Fue la primera vez que Chile salió a la calle después de la dictadura”

En el Festival Internacional de Cine de Valdivia, la cinta protagonizada por Lucas Espinoza, Rayén Montenegro, Juan Cano, Paulina Moreno y Germán Díaz, repletó todas sus funciones. Söhrens cuenta que, durante el evento, personas se acercaron a contar sus propias historias vinculadas a la organización estudiantil.

“No solo eso, sino también mucha gente mayor que se nos acercó emocionada hasta las lágrimas agradeciéndonos por la película. Para nosotros fue una hermosa sorpresa ver esto, ya que fue la primera vez que la película se exhibía. Esperamos que el próximo año mucha gente tenga la posibilidad de ver La Isla de los Pingüinos y puedan sentirse identificados con sus personajes”, argumenta el cineasta sobre la cinta, que prepara su arribo a salas de todo el país durante el primer semestre del próximo año.

¿Cómo se posiciona esta película en la comprensión de lo que ocurriría más tarde, en 2011, con el movimiento estudiantil?

Es interesante porque lo del 2006, impulsado por secundarios, marca el inicio de muchos otros movimientos que se generarían más tarde. Fue la primera vez que Chile entero salió a la calle por una causa luego de la dictadura, y además era una causa con la que era realmente difícil no empatizar. El 2011 los mismos secundarios que comenzaron con las protestas ya estaban en la universidad, lo cual les entregó más herramientas para mover masas. La diferencia entre el 2006 y lo que vino después es que durante el 2006 no existían métodos organizativos, era más difícil ver los colores políticos en sus líderes y el gobierno tampoco sabía cómo manejar el tema.