Su horario laboral comienza a las 14:00, pero media hora antes tiene que estar en el colegio. Son las 11:45 de un jueves y todavía falta un rato prudente para las 13:30. Hay margen para conversar con calma sin que tenga que salir corriendo.

“Yo soy profesora y me gusta hacerlo. No quiero que mi trabajo se vea desprovisto de buenas clases porque estoy haciendo esta otra cosa”, explica.

Para Rosario Olivares, candidata a diputada por el distrito 10 (Macul, La Granja, San Joaquín, Ñuñoa, Providencia y Santiago), hacer clases no es sólo su oficio y vocación, sino también un espacio desde donde cree firmemente que se pueden hacer cambios sociales. Por eso no permite que la vorágine del desafio que asumió haga mermar su trabajo como docente.

Licenciada en Filosofía de la U. de Playa Ancha, calerana, feminista, dirigente gremial y militante del flamante movimiento político Socialismo y Libertad (SOL). Eso podría resumir brevemente quién es Rosario Olivares, una mujer forjada al alero de las luchas sociales desde hace casi dos décadas y que, por estos días, reparte su escaso tiempo entre la campaña electoral y su trabajo como profesora de filosofía en el Líceo Victorino Lastarria.

Con chaqueta de mezclilla y una sonrisa en el rostro, Rosario llega hasta las oficinas de El Desconcierto para conversar sobre sus años de lucha en el mundo de la educación, el ideario político detrás de su organización y las razones por las que aceptó entrar a la disputa institucional con esta candidatura al Parlamento.

“Es una aventura que tomé no como una decisión personal, como uno suele pensar de personas que creen que son dignos de ser candidatos de algo o que creen que van a salvar personalmente al país, sino a partir del proyecto colectivo de una organización que está entrando al Frente Amplio y que busca poner en perspectiva nuestras demandas y proyectos para Chile. Acepté este desafío pensando que lo hago a nombre de mis compañeros”, cuenta.

-¿Por eso accediste?
– Sí, si hubiese sido de otra manera, yo creo que no lo hubiese hecho.

-¿Por qué toman la decisión de postularse en el distrito 10, una zona sobrepoblada de candidaturas incluso del Frente Amplio? ¿Cuál es la apuesta ahí?
-Aquí hay una frase media graciosa y cliché que se ha utilizado en el último tiempo, pero que es real: “soy una persona que vive y trabaja en la comuna”. Yo soy profesora, trabajo en Providencia, vivo en Ñuñoa y también he vivido en Santiago Centro; pero además nuestro trabajo político -en vivienda, en educación, en sindicatos- se ha dado acá y, por lo tanto, era el espacio natural en que íbamos a proyectar la candidatura. Aunque, como tú dices, hay muchos candidatos no sólo del Frente Amplio, sino que en todas las coaliciones hay cartas fuertes. Por lo mismo, creemos que es un espacio importante para debatir nuestras ideas en relación a las demandas que tenemos y lo que pueda proyectar a otras candidaturas también.

-¿Sientes que tu candidatura es distinta a otras del Frente Amplio dentro del distrito?
-El Frente Amplio tiene un proyecto colectivo que estamos construyendo entre todos, pero cada uno de los candidatos y candidatas tiene una particularidad. En mi caso no sólo soy profesora, yo creo que debo ser una de las pocas candidatas de todo el distrito que está en un trabajo con horario y al mismo tiempo soy candidata, yo no tengo posibilidades de dejar mi trabajo para ser candidata.

-Giorgio Jackson también trabaja.
-Sí, pero él es diputado, es distinto. Y en general esa no es la norma. Creo que eso es fundamental, porque entendemos la candidatura desde los trabajadores y trabajadoras. Además, tenemos una perspectiva feminista de la campaña. Sabemos que en política las mujeres están muy en desmedro y que no necesariamente por ser mujeres vamos a defender los derechos de las mujeres. Entonces también quisimos entrar en este espacio de disputa, plantear una candidatura feminista, con demandas feministas y que pudiera proyectar temas que no han salido hasta el día de hoy en la agenda de campaña.

Frente Amplio de clase

Los primeros acercamientos que tuvo con la política fueron durante su adolescencia, en la comuna de La Calera en la V Región. Ahí, a orillas del Río Aconcagua, surgieron sus primeras inquietudes sociales. Pero no fue hasta que entró a estudiar Pedagogía en Filosofía en la U. de Playa Ancha, a principios de los ’00, en que terminó de erigir su lucha política.

En esos años en Valparaíso, Rosario se involucró en el mundo de la enseñanza desde lo social, trabajando con gente en regularización de estudios o en educación popular. Los estallidos estudiantiles de 2006 o de 2011 los vivió ya siendo profesora, por lo que al contrario del resto de la generación sub-30 del Frente Amplio, vivió todas esas luchas desde un lugar más marginal: en provincia, en espacios populares y como académica de una universidad no elitista como la UPLA.

Tras un tiempo trabajando en el puerto, se vino a Santiago por motivos laborales. Ahí comenzó a involucrarse más en la articulación de su gremio, primero como activa disidencia al Colegio de Profesores -cuando era controlado por el Partido Comunista- y luego como presidenta de la Asociación de Profesores de Filosofía, donde lideró la resistencia a la propuesta del Ministerio de Educación de quitar el ramo de filosofía de los programas de estudio de enseñanza media. Sin embargo, en algún momento entre 2015 y 2016, se dio cuenta que estando sólo en el Magisterio no bastaba para articular algo más allá de lo netamente gremial. Ahí es cuando decidió volver a militar políticamente, lo cual derivó en su actual candidatura parlamentaria.

-¿Cuáles son esas demandas feministas que aún no aparecen visibilizadas en otras candidaturas?
-Uno de los temas fundamentales para nosotros es el proyecto de una educación no sexista, un proyecto de sexualidad integral para un país donde no hay educación sexual. Me centro en esto porque creo que las escuelas y liceos son espacios de transformación social. Podemos tener millones de leyes de aborto o de violencia obstetra, pero si eso no viene acompañado de una formación que cambie la mirada de los chilenos en relación a la violencia de género, difícilmente van a tener sentido. En muchos países se han aprobado varios de los derechos que reclamamos, pero nada cambia mucho porque no hay un real cambio de conciencia.

-Leyes como la del aborto deben ir de la mano de un proceso que vaya más allá de lo netamente legislativo, ¿no?
-Es un proyecto social, y por eso yo creo que es importante que las candidaturas vengan de esos espacios. Se habla mucho de que las candidaturas van a representar a los movimientos sociales, pero yo preferiría que las candidaturas sean de los movimientos sociales. También tener claro que una no viene a proponer nada nuevo, porque yo no te podría inventar propuestas feministas, pero las mujeres feministas vienen hace 20 ó 30 años luchando. Algo súper importante también son los derechos de la diversidad sexual, sobre todo porque ahora tenemos que hay un candidato de la diversidad sexual en el distrito…

-¿Luis Larraín?
-Sí, Larraín, que va por la derecha. Y no sólo simbólicamente va por la derecha, le va a entregar el dinero de sus votos a la derecha, va a ir con un candidato presidencial que ha anunciado que va a retroceder en todos los poquitos derechos sociales que se han ganado en el gobierno de la Nueva Mayoría. Queremos entrar también a ese espacio de disputa y por eso vamos a trabajar con Romina Ramírez, la única candidata CORE trans que hay en Chile. Queremos empezar a hacer ese trabajo también, porque efectivamente ese espacio de la disidencia sexual no puede ser llenado por un candidato que es de derecha, es una contradicción absoluta. Y no sólo para la disidencia sexual, también para las mujeres. Piñera anunció que iba a revisar la ley de aborto en tres causales, que ya es muy restrictiva. Entones ir con un candidato que va a ir en contra de los derechos de las mujeres me parece nefasto, a pesar de que Luis se desligue un poco discursivamente.

-Tú reivindicas que las candidaturas provengan de los movimientos sociales en lugar de intentar representarlas. Al Frente Amplio se le ha tildado de “cachorros de la élite” e incluso la misma presidenta los trató de “hijos de…”. ¿Qué te parecen esas críticas?
-La encuentro facilista, porque es súper fácil caer en que son todos cuicos o que son los hijos de la Concertación. Yo no soy parte de esa élite, no tengo ningún parentesco con ningún familiar que haya sido político y soy de una comuna súper chica. Si yo misma no me siento identificada, entonces no estaría acá. Además, siento que es pasar a llevar un proyecto político que forma parte de distintas clases sociales. El otro día fui a un encuentro comunal en Macul, donde había mucha gente independiente, y había un señor que decía que había llegado al Frente Amplio por unos cartelitos que pusieron y porque tenía una necesidad muy profunda de cambiar este país. Él llegó con esa perspectiva, y creo que esa persona no se merece pensar que el Frente Amplio son los cachorros de la élite, porque como él, hay mucha gente en otros lados. Nuestra responsabilidad es representar que es mucho más que eso. Y también que nuestros compañeros que sí vienen de esa élite empiecen a trabajar en ese vínculo.

Una candidatura colectiva

Socialismo y Libertad (SOL) es el nombre del movimiento político del que actualmente forma parte Rosario. Nació este año producto de una escisión con Izquierda Libertaria (IL) -organización que participó en la fundación del Frente Amplio-, luego de profundas diferencias entre sus miembros respecto al escenario electoral. Así, mediante un comunicado público, varios militantes anunciaron su salida de IL, los mismos que después fundarían SOL. Entre esos militantes estaba Olivares.

SOL se crea el 23 de abril de 2017, y desde ese entonces Rosario ha tomado un rol protagónico. En agosto, en pleno auge del Frente Amplio y con Beatriz Sánchez ya de candidata presidencial, asumió el cargo de vocera de la coalición. Luego vino la vorágine de la campaña, donde sus compañeros de militancia han sido el soporte que le ha permitido sobrellevar esta aventura electoral: acompañándola en las ferias, entregando volantes, haciendo puerta a puerta y ayudándola a que tenga tiempo para dedicarse a su trabajo.

“Nuestra organización, que lleva muy poquitos meses y donde en todo este tiempo hemos tratado de tener una relación armónica dentro del Frente Amplio, pero seguir haciendo nuestro trabajo en nuestro sindicatos, gremios, universidades, colegios -hay chiquillos secundarios también en SOL- y eso proyectarlo hacia el futuro. Las elecciones van a terminar, pero nosotros vamos a seguir en nuestro espacio”, asegura.

-¿Por qué quiebran con Izquierda Libertaria?
-Este proceso de lo electoral ha modificado ciertas ideas y estrategias políticas de las organizaciones. No nos ha pasado sólo a nosotros -le pasó, por ejemplo, a Izquierda Autónoma (IA) con Movimiento Autonomista (MA)-, y en ese proceso, los objetivos que teníamos con Izquierda Libertaria sufrieron una diferencia fundamental.

-¿Diferencia de estrategia o de fondo?
-(Piensa) De fondo. Finalmente eran de fondo, porque si fuera de estrategia, hubiera sido conversable.

-¿Cómo se le explica a la gente que le da rabia que la derecha esté tan unida y la izquierda siempre se fragmente? ¿Son realmente tan grandes las diferencias como para quebrarse?
-Yo creo que deberíamos aspirar a que esos quiebres no sucedieran, y eso también es una enseñanza que tenemos que asumir como organizaciones nuevas: tener mayores grados de madurez respecto a nuestras divisiones políticas. No creo que esté bien quebrar, nunca, pero sí hay que decir que hoy trabajamos con IL, porque ambos formamos parte del Frente Amplio. Para ninguna organización que quiebra le es grato que esto pase. Una de las metas que deberíamos tener como izquierda es no permitir que esas cosas sucedan.

-¿Y qué fórmula se te ocurre para eso?
-El Frente Amplio es una gran apuesta para todos los que estamos ahí, porque es una posibilidad de trabajar juntos y que ojalá ese juntos implique un proyecto de futuro y no termine, como muchos otros proyectos importantes que ha tenido la izquierda en Chile, en nada. Y eso también es un aprendizaje y una experiencia que espero que vayamos teniendo más en el cuerpo para que esas cosas no sucedan. Se entiende perfectamente a quien critica y quien pone en duda por qué la izquierda se fractura tanto y la derecha no.

-Con respecto a eso, cuando eras vocera del Frente Amplio y ocurrió la polémica del distrito 10, acusaste a Alberto Mayol de machismo.
-Yo sigo creyendo que el espacio político para nosotras las mujeres es muy difícil. Son nueve candidatos en el distrito 10 por el Frente Amplio y sólo somos dos mujeres. Para mí sigue siendo no tan particular pedirle a una de las mujeres el cupo en lugar de a alguno de los siete hombres. Ahí hubo una perspectiva política que todavía no abandona las reglas generales del machismo. Además creo que hay una falencia: cuando uno ha militado y comparte un proyecto político, lo cuida, porque sabe que ese espacio tiene valor, porque no es tu proyecto, es de todos y todas. Siento que faltó esa perspectiva de haber cuidado más el proyecto y de saber que lo que vamos a representar es un programa que se construye entre todos y que ninguno de nosotros viene a ser el mesías de la izquierda. La izquierda no necesita un mesías, la izquierda se hace en la calle, en nuestros trabajos, en los movimientos sociales. Sólo eso nos debería dar la seguridad de que estamos por un buen camino.

-¿Cómo lo haces para hacer clases, estar en campaña y ser militante a la vez? ¿Te da el tiempo para carretear (o por último descansar)?
-Carretear ya no tanto (risas), porque los fines de semana son súper de campaña igual. Mira, no es fácil, yo creo que si no trabajara sería una campaña mucho más cómoda para mí, pero también entiendo que ese es el espacio en que me desenvuelvo. No somos una organización que maneje cantidades de dinero para que uno pueda dejar de trabajar, pero a propósito de lo que te decía al comienzo, como es una candidatura colectiva, son mis mismas compañeras y compañeros los que me ayudan a que eso no sea tan terrible. Además que una tiene una responsabilidad también. Nosotros no recibimos boletas falsas ni plata de las empresas, pero está bien, son las condiciones que nosotros asumimos. Y las asumimos con harta alegría, a pesar de que sea complicado.