—¿Llega Macri a Argentina a refundarla bajo la promesa del ingreso al desarrollo, sobre las ruinas del peronismo?
—No tan así. El peronismo tiene la ilusión de aglutinar todos los espectros de la política: izquierda, centro y derecha, en un núcleo atado a la figura de Juan Domingo Perón. El peronismo no es un partido, sino una mediación social. Más bien, un manchón sentimental en Argentina a partir del que se puede construir cualquier cosa.

—¿Se acabó el peronismo?
—Hay una curiosa relación entre Borges y el peronismo, siendo el primero un férreo opositor al proceso liderado por Perón en los años cincuenta. Motivos tales como el destino, la traición y el laberinto de la literatura borgeana tienen su reflejo en la historia del peronismo. Son complementarios en su antagonismo y unicidad. Nadie en el mundo gobernó como Perón, así como nadie en el mundo ha escrito como Borges. Hay puentes alegóricos entre ambos que son innegables. Lo puedes ver en “El Sur” o “Emma Zunz”. Estas contradicciones son las que sostienen a Argentina: civilización y barbarie, costa e interior, tal como reza el Informe de Brodie, de Borges: “son un pueblo bárbaro, quizás el más bárbaro del orbe, pero sería una injusticia olvidar ciertos rasgos que los redimen”. Así, no podría afirmar que se ha terminado.

—¿Cuánto ha cambiado Argentina desde el inicio del período presidencial de Mauricio Macri?
—Ha cambiado de manera radical. Quizás más de lo esperado. La licitación de las políticas económicas y la forma, totalmente nueva, de entender el trabajo, la deuda y el crédito… en fin, la llegada abrupta de la política neoliberal es lo que identifica a la Argentina de hoy. Con muy poco quorum, pero con fervor partisano para aplicar las fórmulas neoliberales más ortodoxas. Otro aspecto importante es la vertiente represiva de esta nueva gestión. Tomando como ejemplos la prisión de la dirigente social Milagro Sala en Jujuy y el caso de Santiago Maldonado, ya no se puede disimular la dura e injusta intervención de gendarmería.

—Fuera de Argentina, se entiende que no esperaban este cambio tan abrupto, pero existió un deseo de parte de la población argentina de acabar con un tipo de gestión que, quizás, agotó su utilidad práctica. ¿Qué es lo que tiene Mauricio Macri que no tenía Cristina Kirchner?

—Las elecciones europeas y latinoamericanas reflejan la corriente que, a nivel mundial, parece orientarse hacia la derecha. Políticas tales como la flexibilización laboral o el fomento del endeudamiento. Doce años del gobierno anterior, que jamás fue peronismo, sacudidos por el destape de casos de corrupción, y el desgaste propio de un período tan largo, fueron abono para que Macri llegara al poder. Sin embargo, este gobierno está marcado por el conflicto de interés. Piensa que el ministro de energía es un accionista mayoritario de Shell. Cada funcionario importante del poder ejecutivo está vinculado, de una u otra forma, al mundo empresarial. Por un lado, Macri se ha caracterizado por instaurar en Argentina la agresividad del modelo económico imperante a nivel mundial, con una seguidilla de despidos y huelgas en respuesta a los mismos, como fue el caso de PepsiCo. Por otro, y a la luz de la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, esta agresividad se hace manifiesta, con total desconsideración a los derechos humanos, sello propio de los años del kirchnerismo.

—Comparada con gran parte de Latinoamérica, Argentina posee una base y articulación de sectores sociales muy fuerte. En Chile no existe casi nada parecido. ¿Qué es lo que los tienta a votar por Macri?

—El cambio. Las diferencias entre Cristina y Macri son evidentes. La ex presidenta tiene un estilo propio, sumado al hecho de que es una mujer, lo que siempre es rupturista en política. Su forma de hablar, mezcla de desplante y el uso de un lenguaje llano, simple, conectó mucho con los sectores populares. Además, es una presidenta que baila. Irradia carisma.

 —¿Y por Macri?
Macri fue un niño afortunado. Criado en colegio confesional, dedicado a los negocios. En fin. Hijo de la élite. La hipótesis central del macrismo es que, frente a la corrupción por la que se destacó en los medios a la gestión kirchnerista, el cambio es la alternativa. Se nutre, además, del mito del self-made man, es decir, que cualquiera con la voluntad suficiente puede ser “alguien”. Es un mito obsoleto, por cierto. Data desde la década de los 30 del siglo pasado, y se origina en Estados Unidos. Difícil que un relato con este formato sea aplicable a la realidad latinoamericana. El rol de la prensa fue fundamental para la caída del Kirchnerismo. Todos los escándalos de corrupción fueron abordados espectacularmente, magnificando sus dimensiones un batallón de periodistas insidiosos

—Aun cuando el gobierno de Macri quiso distanciarse del enfoque hacia el relevo de los derechos humanos, rasgo distintivo de la gestión anterior, con la aparición del cuerpo de Santiago Maldonado, junto con el conflicto en el sur entre Benetton y las comunidades mapuche, lideradas mediáticamente por Facundo Jones Huala, la cuestión de los derechos humanos emerge en el discurso pese a intentar minimizar su importancia.
—El pueblo argentino nunca ha minimizado su importancia. Este es un país que enjuició y encarceló a todos los participantes de la dictadura cívico-militar. Frente a la crueldad del gobierno macrista, existen numerosos grupos, activistas y militantes, que responden con dignidad y cuidado. Las abuelas de la Plaza de Mayo, por ejemplo. La sensibilidad social a estos temas compone ahora una resistencia democrática.

—Sensibilidad social que está vinculada estrechamente a la conservación de la memoria.
—La memoria es una herencia colectiva de Argentina. Macri intenta manipular esa memoria. Te doy un ejemplo: el cambio en las ilustraciones de los billetes. Desaparecen los próceres de la República y son reemplazados por animalitos. Está bien, este país tiene una vasta flora y fauna, digna de ser visibilizada, pero hay una política de mutilar a los muertos de la nación con la intención de borrar la importancia de la historia.

—¿Qué representa Cristina, actualmente? ¿Es la esperanza para rearticular a las fuerzas de izquierda?
—Es la única que puede oponerse, por las dimensiones de su figura, al avance feroz del capitalismo macrista. Sin embargo, es una tarea ardua. Aunar a los representantes de la izquierda, como el Partido Comunista o el Partido Trotskista, en torno a Cristina no es fácil.