“Toda virtud es un término medio entre dos extremos, cada uno de los cuales es un vicio”
Shakyamuni

El Frente Amplio se encuentra tensionado respecto a la definición de la posición del conglomerado ante una eventual segunda vuelta donde quien pasase a ella no fuese nuestra candidata. Soy de la idea de que hay que resolver el tema a la brevedad, sin seguir perdiendo la energía de la principal preocupación, que debe ser, obviamente, la campaña presidencial y parlamentaria, para que ese escenario ojalá no llegue a existir. La idea de postergar la resolución para después del 19 de noviembre ya no es sostenible.

Hay dos escenarios extremos que, estimo, no podemos aceptar. El primero es, de una u otra forma, ser funcionales a una vuelta de la derecha al gobierno, con todo el previsible retroceso en los, desgraciadamente escasos, avances del último período. No podemos ni debemos ser como el ME-O del 2009.

Pero el otro escenario extremo, que tampoco considero viable para el Frente Amplio, por sus orígenes y su real razón de existir, es, como han propuesto algunos, llegar a un acuerdo programático en base al cual firmar un “pacto de gobernabilidad” con la Nueva Mayoría. Por qué no? Porque por la experiencia acumulada, sabemos que la NM no es ni puede ser confiable respecto a ese tipo de acuerdos. La oposición que existió dentro de esa misma alianza a algunas de las propuestas contenidas en el supuestamente “acordado” programa de la propia Bachelet es la mejor prueba de ello. No creo que debamos sembrar falsas expectativas. Tampoco creo que estemos para repetir la triste historia de firmar este tipo de acuerdos para, previsiblemente, tener que denunciar su incumplimiento al corto tiempo.

¿Cuál es el camino del medio -como se preguntaría Buda Gautama- que nos saque ahora mismo de esta desgastante tribulación? A mi juicio, resolver desde ya un apoyo unilateral e incondicionado, sin ninguna negociación de por medio, al candidato de la NM en el caso que sea éste y no Beatriz quien pase a segunda vuelta. Debiésemos hacerlo porque con todas sus limitaciones y las de sus acompañantes, no es lo mismo que el candidato de los sectores más cavernarios, ese que sintetiza en su propia persona y trayectoria el dañado ayuntamiento de negocios y política, la enfermedad fundamental de Chile. Eso, la sabiduría de nuestro pueblo lo detecta a la perfección.

Demás está decir que este eventual apoyo incondicional y unilateral del FA ayudaría, pero no le aseguraría nada al candidato que pase a segunda vuelta. La gente es dueña de sus votos y ese candidato debería ser capaz también de seducir a ese amplio sector ya muy desengañado de la NM y que tendería a restarse. Si no lo lograra y se impusiese el candidato del poder del dinero, nosotros no seríamos los responsables.

¿Y la gobernabilidad de un presidente así elegido? Pues bien, la gobernabilidad se jugaría por la voluntad de ese nuevo mandatario por avanzar en los cambios democráticos que Chile requiere, por la correlación de fuerzas en el nuevo Congreso y fundamentalmente, por la capacidad de los movimientos sociales de hacer avanzar sus demandas y propuestas y de poner a la defensiva a los poderes oligárquicos. En ese cuadro, y sin perjuicio de lo muy dinamizador que puede ser contar con una significativa bancada parlamentaria frenteamplista, el lugar prioritario del FA debe estar, como fue en su mismo reciente origen, en las luchas sociales por la igualdad de derechos y libertades, por la difusión del poder económico y político, por la plurinacionalidad, por la paz y por la defensa de la integridad de la Tierra.


Abogado, candidato a diputado del Frente Amplio