A falta de cuatro semanas, la primera vuelta presidencial y las elecciones parlamentarias las campañas entran en su etapa definitoria. Esto hace que la reflexión sobre los posibles escenarios de segunda vuelta se vuelva un tema ineludible. Se vuelve tentador caer en lugares comunes, en donde la ‘’unidad para vencer a la derecha’’ se trasforme en un axioma irrebatible. Sin embargo, la decisión política que hay detrás no es sencilla, tornándose fundamental responder la pregunta del por qué habría que vencerla.

Es legítimo tener diferencias respecto a la coyuntura y generar diferentes apuestas tácticas para las transformaciones. Más allá de las limitaciones y ausencias que se podría atribuir a las reformas impulsadas por este gobierno, qué duda cabe que han resultado en avances significativos desde el retorno a la democracia. En definitiva, el fin al sistema binominal, los avances en gratuidad y desmunicipalización, el aborto en 3 causales, por mencionar algunos logros que dejan entrever el proceso de término de la transición pactada y el comienzo de una nueva etapa política caracterizada por una agenda progresista. Evidencia clara de este proceso es la molestia esgrimida públicamente por los sectores conservadores de la Nueva Mayoría durante buena parte del gobierno y la desesperada campaña del terror iniciada por la derecha en contra de las reformas impulsadas.

De esta manera, desde la Izquierda Ciudadana (IC) creemos que lo avanzado en este gobierno hoy se transforma en caminos abiertos que debemos continuar recorriendo desde la izquierda con miras a profundizarlos, junto con abrirnos paso a los desafíos pendientes. En este sentido, clave es conseguir una nueva Constitución elaborada en democracia, con los más altos grados de participación y legitimidad, a través de una Asamblea Constituyente, que permita socavar definitivamente los pilares de la herencia dictatorial.

El hecho de apoyar o no a un proyecto progresista como alternativa de gobierno no solo debe pasar por la reflexión sobre la profundización del modelo neoliberal con la derecha instalada en el poder o por el retroceso respecto a lo avanzado en este período. También dice relación con la construcción de un nuevo escenario político. Este escenario debe ser producto de una conversación y entendimiento amplio del progresismo, donde la izquierda, de una vereda y la otra, pueda hacer avanzar una agenda de transformaciones profundas. Esto no implica necesariamente la configuración de un pacto político tácito, creemos en la riqueza de tener una izquierda diversa, con diferencias tácticas o de perspectivas. Es más bien la posibilidad de construir desde las diferencias donde la derrota de la derecha sea lo más profunda posible, implicando no sólo su exclusión de espacios de poder formal, sino también el retroceso de sus ideas.

En razón de lo expuesto, el llamado a no votar como un castigo a la clase política o un supuesto acto de rebeldía al sistema o al duopolio no implicará más que un beneficio para el candidato que marca tendencia en las encuestas, quien podría resultar electo presidente representando a una fracción muy limitada del país, o como se ha planteado, con el respaldo de la más grande de las minorías, pero con el poder de dirigir el destino de todo un país, y así darle continuidad a las lógicas mercantiles.

La posibilidad de sentarnos a conversar con miras a la segunda vuelta no tiene como única justificación cerrar el paso a una regresión conservadora, sino que la posibilidad de abrir escenarios post-neoliberales. Lograr puntos de convergencia en la izquierda chilena no significará abrazar causas ajenas, por el contrario, sabemos que desde veredas tácticas hoy diferentes, compartimos un puñado de sueños para Chile.


Pablo Mellado Viera, Presidente Coordinación Nacional de Jóvenes (CNJ), Izquierda Ciudadana. Juan José Moreno Figueras, Comisión Política, Izquierda Ciudadana. Miguel Echeverría Madrid, Presidente Regional Metropolitano, Izquierda Ciudadana.