Hasta fines del año pasado, llevaba 24 años trabajando en televisión. De esos, pasé aproximadamente 12 en TVN: llegué ahí en 1992 y, salvo algunas islas, continué hasta el 2004, si mi memoria no me falla. Mi última relación con el autodenominado “el canal de todos los chilenos” fue el año pasado, en un nuevo intento por tratar de reestructurar el alicaído matinal que, entiendo, ahora de la mano de Pablo Manríquez -ex director de “Bienvenidos” de Canal 13 y ahora nuevamente director del “Muy buenos días” de TVN- ha logrado mejorar o hacerse ver más competitivo para las audiencias y los medios.

Hoy por hoy, los matinales -que duran cerca de 5 horas al aire- se han transformado no sólo en el puntal editorial de un canal, sino que conforman de manera clara los discursos que hay tras la concepción concreta que se quiere mostrar de una estación televisiva. En éste sentido, TVN se presenta desarrollándose en un relato mediático como si fuera un canal público y estatal, pero que debe establecerse con fondos privados, líneas editoriales acordes al mercado y la competencia que ahí se desarrolla. Es decir, se debe desenvolver hipócritamente frente así mismo, traicionando constantemente lo que dice ser y no es, algo que cada minuto que pasa se nota más en pantalla y da cuenta de su bajo enganche para captar la también cada vez más esquiva audiencia.

TVN no es un canal estatal. No contraprograma, no tiene lineamientos propios y se miente a sí mismo en una construcción identitaria como industria que lo hace estar en tierra de nadie y no lograr dar el palo al gato. Esto, en todo caso, no siempre fue así. La vuelta a la democracia, la construcción de una incipiente sociedad de consumo y la no existencia de una multiplataforma -cada vez más usada y solicitada por los consumidores/audiencias- dieron un empuje inicial al supuesto canal estatal que incluso lo llevó a ser líder de sintonía durante años. Lamentablemte, durante el gobierno de Sebastián Piñera no se supo capitalizar el producto a causa de la incapacidad de entender que una industria -también una industria cultural como lo es la televisión- tiene identidad, cultura propia y un recurso humano que da muestra de esto a nivel interno y, en éste caso, a nivel público a través de su pantalla.

La necesidad de establecer y hacer notar el cambio de gobierno, poniendo líneas editoriales acordes a la centroderecha traicionando todo lo capitalizado hasta ese minuto, es el primer golpe a dicho medio de comunicación de masas. Contrataciones de rostros poco acordes a los gustos de las audiencias que siguen al canal y programas más relacionados con la hoy llamada televisión basura sumado a un brutal accidente aéreo -que da el golpe de gracia donde muere uno de sus comunicadores más emblemáticos- terminan por conformar esta tormenta perfecta de la que tanto ha costado salir.

Fue así como los errores siguieron dándose de manera consecutiva y perdiendo el norte respecto a cuál era el espíritu, el alma, de la estación, poniendo sus aspiraciones y triunfos en teleseries brasileras religiosas que lograron captar el interés de algunos. Claro que esto, por supuesto, no fue suficiente ya que vestirse con ropajes ajenos es, simplemente, seguir destruyendo la alicaída e inexistente personalidad del otrora exitoso medio de comunicación.

Hoy TVN se declara en quiebra. Dice que necesita plata y nuevamente pone, en parte, la solución de su problema afuera, como si eso diera alguna luz de esperanza al que fuera un gigante durante casi dos décadas. Pero sigue sin ver las problemáticas internas, la falta de creatividad, los discursos añejos y la poca sintonía con las audiencias a las que se dirige -sería bueno de una vez por todas que se entendiera que un mismo consumidor actúa y se comporta de manera diferente frente a diversos estímulos de consumo y la televisión también se consume-.

Le tengo cariño a TVN. Melancólico de mis inicios ahí, el haber vivido grandes momentos y el haber conocido gente que formó positivamente parte de mi historia personal y profesional. Además trabajo en medios, escribo acá, hago clases de marketing y me interesa sobre manera lo que puede ocurrir con un medio de comunicación de masas, una industria cultural que, nos importe o no, debería lograr establecerse como la otra mirada, la estatal, la pública, la de todos o casi todos. Por eso es que para mi #TVNimporta.