Sabemos que la homofobia, transfobia y en general, toda LGTBIfobia, son repudiables y condenables. Las razones son obvias: niegan la igualdad social y de derechos de otra persona, quitándole, por lo tanto -muchas veces directamente- su condición como tal. Sabiendo que “dígase persona y díganse Derechos Humanos”, el negar uno de ambos conceptos es negar también el otro. En consecuencia, todas estas LGTBIfobias van en contra de una sana cultura de derechos y atentan contra la dignidad de todo ser humano.

Ya sabemos lo que ha sucedido cada vez que se ha visto al otro como una persona no merecedora de los mismos derechos y/o se le ha valorado como un ser inferior. La esclavitud, el holocausto, el apartheid o los guetos no hubieran surgido sin una base ideológica y cultural que promoviera la negación de la igualdad de derechos a ciertos seres humanos (o directamente su negación como tales). No garantizar ni proteger esta igualdad, que es inherente a todo ser humano, conlleva a una vulneración grave de la dignidad de la persona, además de su marginación y estigmatización frente al resto.

Y tal como ha pasado antes con los afrodescendientes, judíos, mujeres, indígenas y entre tantos otros discriminados y maltratos por los grupos de privilegio en la historia, en el caso de los LGTBI también ha existido complicidad por parte de los suyos en la opresión y vulneración de derechos padecida.

Si con la esclavitud existían esclavizadores y violentos capataces de esclavos de la misma etnia que las víctimas, también con los judíos teníamos que, por ejemplo, el mismo Hitler tenía orígenes judíos, además de que con las mujeres tenemos que hay muchas de ellas que son machistas y sin olvidar que con los indígenas tenemos a muchos que traicionaron a sus pueblos por las comodidades ofrecidas por el conquistador. Y a estos anteriores casos le sumamos a los LGTBI, que tienen a no pocos de ellos que son LGTBIfóbicos.

El LGTBI que es LGTBIfóbico se puede expresar de diferentes maneras, una por ejemplo es avergonzarse de su propia identidad sexual en público (“ser homosexuales sin que nadie lo note”) o, en casos más extremos, otra forma también es someterse a “terapias curativas” (que no son tal, ya que no hablamos de una enfermedad según la OMS) para cambiar su orientación sexual, lo cual solo termina provocando una represión enfermiza de su propia identidad sexual (lo que genera desequilibrios psicológicos y sociales).

Todo esto claramente tiene una causa, que es sociocultural, y que se explica bajo el simple hecho que son personas LGTBI que fueron criadas bajo tradiciones y creencias en las que les enseñaron, o más les adoctrinaron, en que ser lo que eran ellos estaba mal, era pecado o, una perversión. Entonces, por muy sana y legítima que sea su identidad sexual, por muchos deseos que tengan ellos de vivirla, su cultura y la doctrina impuesta en su persona desde niños/as les ha hecho reprimirla y ser infelices siendo lo que son. Lo que nos habla de uno más de los tantos casos, que, entre otras cosas, demuestra lo necesaria que es tener una educación no sexista y abierta a la diversidad en nuestro sistema educativo nacional.

Pero en cuanto al adoctrinamiento cultural (que es también ideológico) del que son víctimas los niños, niñas y adolescentes LGTBI en contextos familiares y educativos conservadores, es importante señalar que no solo es determinante el factor “esto es pecado, enfermedad o perversión” -en el que se adoctrina a la persona sobre la percepción de su propia identidad sexual, sino que hay uno más que no deja tener una vital importancia en su entendimiento: el individualismo como sinónimo del más repulsivo egoísmo social.

Una de las razones de porque un LGTBIfóbico no apoyará por ejemplo el matrimonio y la adopción homoparental o una Ley de Identidad de Género es porque para él, personalmente, no es algo de interés. No se quiere casar y no quiere adoptar, por lo que para él no son legislaciones necesarias, ya que no le benefician. O tal vez quiera casarse y adoptar, pero tiene las herramientas para hacerlo sin una legislación local a su favor (viajar, por ejemplo). Por lo que al no existir también una solidaridad con quienes se encuentran en su misma situación (LGTBI), no está interesado en darle prioridad o importancia a algo que a él al menos por lo pronto no se le hace necesario.

Igualmente es fundamental tener presente que son varios los factores socioculturales que origina la existencia de personas LGTBI que actúan de manera contraria a sus pares en lo que respecta a la defensa de sus derechos y de su identidad sexual.

Otro por ejemplo es el de la mala experiencia personal. Que es cuando erróneamente se teoriza y se analiza algo generalizando desde lo particular. Por ejemplo, homosexuales que se oponen a la adopción homosexual porque tienen casos cercanos que fueron criados por una familia homoparental y la pasaron mal. Argumento -por así llamarlo- que no tiene asidero, ya que diferentes estudios (de escuelas de pediatría, psicología, etc) nos hablan de que las parejas homoparentales están igual o hasta más capacitadas que las heteroparentales al momento de criar niños, niñas y adolescentes. Al final, ese “argumento” en base a la experiencia particular es lo mismo que uno se opusiera a que personas de cierta nación vinieran al país porque uno tuvo una mala experiencia con uno de esos extranjeros.

Uno de los mayores problemas que surgen de los LGTBI que son LGTBIfóbicos es que se han convertido en una carta y en un argumento de la derecha más conservadora para oponerse a todo avance con respecto a la igualdad e inclusión de todas las personas. Los conservadores, faltos de argumentos y de evidencia tanto científica como empírica a su favor, hallaron en ellos una salvación a su posición ideológica.

¿Quién le negaría lo que dice sobre los LGTBI a quien es LGTBI? A priori, y conociendo lo poco que se ha desarrollado el pensamiento crítico en nuestra sociedad, no tantos como uno quisiera, dando por lo tanto un hueco de esperanza al conservadurismo ante el avance de la legítima y necesaria igualdad de derechos. La presencia de estas personas ha fortalecido a la derecha conservadora internacional, ya que la opresión es más fuerte cuando esta tiene cómplices entre los oprimidos.

Es ante todo este escenario que la izquierda y los sectores progresistas del país deben estar atentos, para actuar tempranamente y eficazmente ante un posible auge del conservadurismo y de ideologías que promuevan la barbarie y la desigualdad de derechos.