Hace menos de una semana fue la primera vuelta de las elecciones de la Federación de Estudiantes UC (FEUC). Más allá de marcar ciertas tendencias esperables, como el paso a segunda vuelta de la Nueva Acción Universitaria (NAU) por amplia mayoría, tuvo la particularidad de ser la primera elección en varios años donde la izquierda UC no se presenta de manera unitaria, luego de que este año la Plataforma Crecer UC diera por finalizado su ciclo político.

Este cierre fue marcado por distintas dificultades tanto internas como externas, gatilladas por las propias contradicciones de un espacio pensado en 2010 para agrupar a la izquierda UC -concentrada en Humanidades y Sociales en torno a dos organizaciones y un puñado de estudiantes independientes- y que en su momento final tenía cinco organizaciones y una mayoría de estudiantes independientes de distintas carreras.

Se podría realizar un análisis acabado de las luces y sombras del proceso de Crecer UC y sus distintos elementos: la labor de la FEUC del año 2016 -de la cual fuimos parte los acá firmantes-; el trabajo territorial desplegado durante años; el aporte a las luchas de género, del fin al subcontrato y de memoria en nuestra casa de estudios; y los errores cometidos. Sin embargo, nos gustaría hacer hincapié en un par de aspectos interesantes para el debate político de nuestro sector en miras de la conformación de una nueva alternativa política desde la izquierda en la UC. Es importante que esta apuesta se entienda como parte de una larga historia de luchadores sociales de nuestra institución y de Chile haciéndose cargo de los límites que han tenido los distintos procesos y sus errores, para así superarlos en un profundo ejercicio autocrítico constante.

Crecer UC tuvo distintos problemas frente a los cuales no tuvimos la perspectiva suficiente para darles solución, entre los cuales queremos destacar:
-El indefinido rol del independiente en una Plataforma compuesta por varias organizaciones de alcance nacional.
-Una orgánica incapaz de procesar la discusión política que favorecía el voluntarismo al interior de la Plataforma.
-El traslado de la toma de decisiones hacia fuera de esta, favoreciendo la política directa intra organizaciones en desmedro de los militantes independientes de Crecer, con un foco del despliegue político puesto en los cargos de representación y el Consejo de Federación.

Estos problemas nos llevaron a lo largo de los años a ser incapaces de procesar política a la interna y, como consecuencia obvia, de hacernos cargo de situaciones complejas de forma democrática, eficiente y fraterna, lo que terminó por tensionar la tristemente frágil unidad de la izquierda.

Pese a lo anterior eso no impidió que, de la mano de la comunidad UC, Crecer fuera durante mucho tiempo la punta de lanza en terminar con la explotación laboral, la violencia de género, en avanzar en la reconstrucción de la memoria histórica tan ausente en nuestra institución, y como objetivo final avanzar en la democratización total de nuestra institución, donde -así como el ’67- fuera la comunidad misma quien tomara en sus manos la responsabilidad de (re)construir una universidad que genere conocimientos para los más desfavorecidos y tuviera como tarea la transformación radical de una injusta y desigual sociedad.

No podemos dejar de nombrar como modelo de esta búsqueda a la Escuela Popular Aurora Argomedo y su fundamental labor en articular la lucha por el fin al subcontrato y la Secretaría de Género con su trabajo por terminar con la violencia de género y las lógicas machistas. En estos dos casos fue la comunidad la que, una vez dado el impulso inicial, asumió como propia la tarea de terminar con la injusticia presente en tantos ámbitos en nuestra institución y sociedad.

Hoy nos enfrentamos a un escenario diferente. Esa alternativa que significaba Crecer ya no existe y de nuevo se nos pone sobre la mesa la necesidad de repensar este sector político, sin calcos ni copias y siendo capaces de superar los límites mismos que en su momento alcanzaron los anteriores esfuerzos de la izquierda en la UC. Para lograr esto es necesario comprender una idea base: son los momentos en que nuestra comunidad ha surgido como actor político propio cuando se han podido instalar temas trascendentales y hacerle frente al potente neoliberalismo y conservadurismo presente en la UC. Con esto no queremos minimizar bajo ningún punto el rol que han tenido distintos movimientos y organizaciones en los últimos años, solo que es necesario comprender que las transformaciones a las que apuntamos solo son posibles con una política que apunte mucho más lejos que los horizontes electorales, una que comprenda que los únicos momentos donde hemos derribado esas barreras impuestas por la UC y Chile han sido de la mano de amplias mayorías sociales, no electorales. En estas han sido las y los estudiantes, trabajadores y académicos (la comunidad en su conjunto) quienes han dado sustento político a estas demandas.

Es el reconocimiento como sujeto político de la misma comunidad, más allá de las conformaciones particulares de un tiempo histórico determinado, lo que creemos debe ser el pilar fundador de la nueva apuesta de la izquierda para la Universidad Católica, la cual debe ser capaz de integrar en su nicho a esa comunidad diversa y cambiante, buscando no solo representar los intereses de las mayorías, sino en convertirse en el espacio que les entregue soberanía política para dirimir el camino y el futuro que debe tomar la izquierda UC. No basta solamente tener la intención de representar los intereses de los estudiantes de a pie, sino que como sector debemos ser capaces de ofrecerles un espacio donde estos puedan desarrollar su política, de forma completa y soberana, de la misma forma tanto académicos como trabajadores deben ver en nosotros la construcción de un proyecto distinto donde se defiendan los intereses de toda la comunidad y se elabore de forma conjunta la política para una nueva UC.

Creemos que aspectos como estos son claves para la construcción de una nueva izquierda UC, donde la unidad no sea un acuerdo vacío entre organizaciones o movimientos políticos, sino que se construya al calor de las luchas que la misma comunidad da en su día a día, que se funde en objetivos comunes a largo plazo, y que entienda que frente al neoliberalismo conservador nada justifica caminar separados. Tal vez en entender las limitaciones y errores de Crecer UC (y un sinnúmero de proyectos más) está la clave para entender el futuro de nuestra apuesta y las perspectivas que se abren cuando se incluye a la comunidad de base en un proyecto político. Más allá de un par de siglas juntas está la clave para entender un modelo de construcción democrático, fraterno y donde la unidad de la izquierda deje de ser la eterna quimera de aquellos que queremos construir un nuevo Chile.

Lo que sí tenemos claro es que esta discusión no le puede pertenecer a unos pocos, y que el futuro del proyecto que encarne a la Izquierda UC (y ojalá la de Chile), solo se puede dirimir entre todos los que son parte de esta, nuestro llamado es a que se dé esta discusión de forma abierta y responsable, de modo que en las próximas semanas seamos capaces de reunirnos entre todos aquellos que creemos que es necesario transformar radicalmente la UC, para que entre todos construyamos una apuesta que le de cara a esta comunidad que sigue más presente que nunca en la tarea de recuperar su institución.