Respecto a la columna publicada por Marcelino Collio en este medio sobre nuestra participación (en tanto consejeros de la Conadi) en la “Etapa de toma de Acuerdos” de la Consulta Indígena (la última de tres etapas que incluye la Consulta), nos corresponde propiciar “la visión del otro”, aquella del interpelado para que el lector pueda hacerse una visión panorámica respecto a los hechos que él relata y las conclusiones a las cuales lleva.

La experiencia de Consulta (estipulada en el Convenio 169) que hemos tenido en Chile sobre diversas materias de interés para nuestros pueblos no han sido buenas. Sin embargo, estas pueden ser perfectibles y, complementadas con la tradición de diplomacia que ha caracterizado al pueblo mapuche, la hemos considerado un espacio de diálogo que nos permite no avalar la consulta en sí misma, sino al contrario, poder incorporar elementos que desde nuestro juicio y experiencia en terreno consideramos claves para los intereses y reivindicaciones de nuestros pueblos indígenas.

Respecto a lo que menciona el autor de la columna a la cual respondemos, esta etapa de la Consulta funciona a través de delegados territoriales. De esta forma, y no obstante la toma de posición en tanto pueblos, la distribución natural del espacio de deliberación se articuló de acuerdo a los territorios (regiones). De una parte, estaban los delegados de Santiago y O’Higgins, de los cuales hacía parte el delegado Collio, de la otra estaban los delegados del sur: La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos.

La deliberación comenzó con un duro cuestionamiento de parte de los delegados mapuche de Santiago y O’Higgins (no todos) a la presencia y participación de los consejeros de Conadi elegidos. Desde nuestra perspectiva consideramos que existe ignorancia de parte de los dirigentes aludidos respecto al rol que como consejeros hemos asumido en el actual proceso de consulta. Esto porque además de criticar desde un comienzo la carencia de métodos claros para la toma de acuerdos y la insuficiencia de los contenidos o materias a consultar definidas por el Ejecutivo, en nuestro rol de representantes de los pueblos pudimos incorporar elementos estratégicos desde el punto de vista de las comunidades que representamos y del movimiento político mapuche en el cual participamos: la libre determinación, el territorio y la plurinacionalidad, las que acordamos con el gobierno fueran incorporadas desde la etapa de Deliberación Interna del proceso de Consulta.

De la misma manera, fue gestión de los consejeros el incorporar al Sistema de Naciones Unidas en Chile a fin de que participaran como observadores y garantes del proceso. Considerando lo anterior, ¿cómo poder entender la ofuscación y rechazo a nuestra participación de parte de los delegados de Santiago y O’Higgins?

Si bien en esta etapa correspondiente a la toma de acuerdos las primeras propuestas de parte del gobierno fueron pésimas y de un muy bajo nivel de acuerdo a lo esperado y a los estándares internacionales de reconocimiento de derechos, el gobierno fue asumiendo e incorporando derechos fundamentales planteados por los delegados de todos los pueblos a través de la negociación.

Si bien las negociaciones se extendieron más de lo esperado, quiero manifestar mi más categórico rechazo a las aseveraciones realizadas por el delegado Collio en cuanto subestiman la capacidad dirigencial, la toma de decisiones y de autonomía de los delegados mapuche de La Araucanía, a la vez que faltan a la verdad.

El delegado Collio reduce la capacidad de acción, negociación y diplomacia de nuestros dirigentes a aquella que él adosa a nosotros como consejeros. Criticándonos, de acuerdo a su versión, por traicionar y quebrar la asamblea. Sin embargo, el delegado Collio no nos ilumina respecto sus planteamientos ni los medios a través de los cuales pretende concretarlos.

Desde mi perspectiva, quiero señalar que fui testigo de la propia organización y autonomía de los delegados del sur, en cuanto fueron ellos, por voluntad propia, quienes argumentando los constantes intentos de cerrar el diálogo por parte de los delegados mapuche de Santiago y O’Higgins decidieron reunirse en un espacio aparte de la sala de deliberación para, como territorio, dirimir frente a la quinta propuesta que el gobierno ponía sobre la mesa tras 5 días de deliberación.

Peñi, por favor déjennos solos”. “Lamgen, por favor váyase, déjennos solos”, replicaron delegados y delegadas del sur cuando el delegado Collio y otra delegada se acercaron al grupo de delegados de La Araucanía mientras éstos deliberan a un costado del edificio institucional de la FAO. El lector podrá imaginar, para hacerse una idea respecto el carácter de la participación, así como los objetivos o propuestas de los delegados de Santiago y O’Higgins como para que los delegados del Sur le solicitasen tal medida.

Aquí, más que un quiebre o cosa por el estilo, el asunto toma ribetes epistemológicos cuando el delegado Collio desconoce las propias lógicas de la institucionalidad, diplomacia y gobernanza de los territorios mapuche. Esto porque una decisión territorial del tipo que él denuncia no implica en ningún sentido un quiebre de la negociación o una traición al proyecto nación mapuche, al contrario, reivindica y confirma el ejercicio de la histórica práctica territorial mapuche de ejercer el derecho a la libre determinación de cada territorio, cada aiyarehue, cada lof. No es más que en el ejercicio de tal derecho que los delegados de La Araucanía decidieron acordar el reconocimiento del derecho a la auto-determinación de acuerdo a como lo indica la Declaración Universal de los Derechos de los Pueblos Indígenas como materia de Acuerdo en esta etapa de la Consulta Indígena.

En este sentido, si bien desde sus orígenes Chile -sus instituciones y liderazgos diversos- ha sido un país totalmente centralista para la toma de decisiones en lo que conciernen a los diferentes territorios y realidades, esperamos que los dirigentes mapuche de Santiago no pretendan continuar con la reproducción de las prácticas del colonialismo interno chileno, en cuanto una decisión autónoma o libre determinada tomada por un territorio no debiese de ninguna forma considerarse como un quiebre o desacuerdo por mucho que contradijese su propia posición y/o intereses. Al contrario, nos debiese alegrar en cuanto -como hemos indicado- corresponde con el ejercicio más profundo del espíritu libre, determinista y democrático directo que caracteriza la institucionalidad y gobernanza mapuche.

Finalmente, desde nuestro posicionamiento al interior de la institucionalidad del Estado chileno, consideramos que el objetivo de nuestro esfuerzo debiese estar centrado en una estrategia que nos permita acumular la fuerza política necesaria para negociar nuestros derechos colectivos, de igual a igual, en el concierto político chileno. Para ello, la valorización y el fortalecimiento de las capacidades dirigenciales, de gestión y liderazgo de nuestras autoridades y representantes, así como en su rakizuam (pensamiento) resulta en un activo de importancia estratégica a lo largo de todo el proceso de reivindicación y negociaciones que implica la consecución de nuestros derechos colectivos.


Consejero Nacional electo de Conadi