Hace poco más de una semana, como Frente Amplio hicimos el lanzamiento de nuestro programa presidencial, El Programa de Muchos, siendo uno de sus ejes el programa cultural. Cuando en política se habla de cultura, hay que ser capaces de distinguir dos planos o concepciones que difícilmente encuentran complementariedad, lo cual fue parte del desafío en las discusiones que dieron origen al programa cultural frenteamplista. Por una parte, si en política hablamos de cultura con una perspectiva estratégica y transformadora, la consideramos como producción y reproducción de subjetividad, de ordenamiento lógico y sensible para el entendimiento y aprehensión del mundo y de la realidad, como también del arraigo diario, cotidiano y de sentido común que encontramos en una comunidad; por otra parte, si en política hablamos de cultura, también la consideramos como el sector laboral creativo y recreativo, relacionado a las artes y al patrimonio, donde tal ámbito se hace un oficio o profesión, y donde las y los artistas, gestores y trabajadores culturales se hacen protagonistas a través de la institucionalización sectorial.

Si un proyecto político tiene un horizonte radical y transformador, toda su política, y sobre todo la disputa electoral como momento táctico del horizonte estratégico de transformación, debe ir orientada a la primera concepción, con tal de superar la dimensión cultural del neoliberalismo, que se expresa en el individualismo y la competencia; superar la dimensión cultural histórica del colonialismo y del patriarcado, expresada en la discriminación, el machismo, el racismo y la xenofobia; y superar la dimensión cultural de la política anti-democrática, expresada en la nula soberanía creativa o recreativa sobre nuestra vida política y social. Estas tres dimensiones inciden en la forma de ver, entender, comprender, actuar y reflexionar el mundo, y están en lo más mínimo de cada acción cotidiana y de cada relación social. Por lo mismo, cabe la pregunta: ¿Cómo hacer para que una política para el sector cultural (segunda concepción) pueda ser un aporte táctico a la estrategia transformadora en esta profunda disputa contra la derecha cultural (primera concepción) en el país?

Una de las tesis para la primera concepción que ha resonado con gran nivel de amplificación en el Frente Amplio es la de articular sectores populares y movimientos sociales como actor político de mayorías, es decir, el armazón del Pueblo como sujeto político de transformación, y por ello es que una política de cultura (segunda concepción) debe ser por la regeneración de tejido social a través del fortalecimiento de espacios territoriales para la expresión creativa, sensible y recreativa de las personas, con tal de enlazar confianzas, solidaridades y soberanías populares (primera concepción) más allá de los espacios del mercado, e incluso más allá del Estado. Por lo mismo, es que el segundo eje (de siete) del programa de cultura del Frente Amplio, “Democratización y descentralización de la cultura”, es clave dentro del horizonte de transformación: el reconocimiento, apoyo y financiamiento de Puntos de Cultura, como nodos organizacionales populares que dinamizan las expresiones culturales en los lugares donde vivimos; el incentivo a las escuelas abiertas como apertura de espacio público para el reencuentro de nuestras comunidades, superando así la configuración mercantilizada de un espacio público diseñado para el tránsito de capital y fuerza de trabajo; la modificación de la Ley Orgánica de Municipalidades para que existan departamentos culturales municipales y donde las organizaciones y actorías sociales de arraigo territorial tengan incidencia en la elaboración de políticas culturales locales; crear Consejos Territoriales de Cultura, independientes a los municipios, pero dialogantes con los departamentos culturales municipales; incorporar al sector cultural en el Plan de Desarrollo Comunal mediante métodos participativos y democráticos para las actorías culturales locales, entre otras. De esta forma, la descentralización de la política cultural, resguardando la soberanía y autonomía organizacional a nivel territorial, va en la línea de hacerse cargo de las modificaciones a la institucionalidad (segunda concepción) pero con la mirada puesta en la articulación de Pueblo (primera concepción), abriendo los espacios cerrados de la creatividad, la recreatividad, la reflexión crítica y la sensibilidad común y cotidiana de las y los muchos en el país.

El programa de cultura del Frente Amplio fue realizado por miles de personas en un proceso democrático complejo e inédito en Chile, y pone énfasis en el derecho a la cultura como el derecho a la soberanía y autodeterminación creativa, recreativa, reflexiva, de conocimientos, de patrimonios, de historia y de vida social, lo que es un pequeño paso -pero paso al fin-, para recuperar nuestras vida común expropiada por el orden vigente, ese que el programa en cultura piñerista reproduce. Es por esto que nos organizamos como Frente Amplio de Cultura, para avanzar en una cultura de liberación; una cultura nuestra, de vida en común. He allí el sentido y una parte de nuestra propuesta de cultura en El Programa de Muchos.


Equipo de cultura Beatriz Sánchez