Anne Marie Martin es una mujer inglesa de 42 años, que disfruta de comer comida chatarra pero que se mantiene delgada a pesar de que es sedentaria. Por eso, su caso despertó el interés de un grupo de científicos de la Universidad de Saint Mary, quienes decidieron realizarle un seguimiento por cinco días y que registraron en el documental “The Truth About Slim People” (La verdad sobre la gente delgada).

A través de las cámaras del programa, la mujer reconoció que come en Mc Donald’s entre tres y cuatro veces a la semana, que nunca se ejercita (sólo entrenó como bailarina en su juventud) y detalles como que su desayuno consiste en pan con queso y dos tazones de cereales. Aún así, se mantiene en la talla de 36 y un peso acorde a su estatura.

Las conclusiones

En primer lugar, los científicos concluyeron que Martin no tenía un metabolismo acelerado como suele tener la gente más delgada, sino que uno completamente normal.

Sin embargo, a pesar de que Anne y su esposo regularmente comen comida rápida y queso en el desayuno, no son buenos para los dulces, rara vez beben alcohol y no son comedores emocionales. “Nunca corrí para abrir una caja de chocolates, o comer papas fritas después de un mal día”, dijo Anne. Por otra parte, también se identificó que el matrimonio no suele alimentarse en la noche.

De este modo, el dato clave que reveló el registro es que la mujer no comía “snacks” o “picoteos” durante el día, y la comida chatarra que gusta comer la ingería durante los horarios en que corresponde al desayuno, almuerzo, merienda o cena. Esto significa que su ingesta de calorías diarias se encontraba en el promedio que debía estar para una mujer de su edad.

Además, después de disfrutar de una gran comida juntos, al día siguiente inconscientemente consumían menos alimentos, lo que es un factor significativo en términos de aumento de peso, indicaron los especialistas. Por otra parte, Anne tiene un trabajo de oficina, pero aún así nunca se mantiene pegada al escritorio, lo que hace perder calorías.

También se sospecha que como Anne Marie entrenó como bailarina en el pasado, ello pudo influir en su físico naturalmente ágil. Finalmente, como conclusión, el análisis aseguró que la dieta de Anne y también la de su esposo, a pesar de su gusto por la chatarra, es muy cercana a una que califica como balanceada.

“Me encanta mi comida… pero tal vez haya algo en el hecho de que todas mis decisiones sobre la comida son inconscientes”, finalizó.