Fue en 2009 cuando un abogado le explicó a Jorge Rojas, periodista de The Clinic, cómo grandes empresarios habían comprado firmas totalmente quebradas y con multimillonarias deudas para simular pérdidas y así eludir impuestos. Posteriormente recibirían un nombre: “empresas zombis”.

“El concepto zombi grafica muy claramente la operación. Porque son empresas que están muertas y contablemente alguien las revive para que cumplan una única función: devorar utilidades”, explica Rojas.

En esa reunión, pudo acceder a algunos contratos zombis y le dieron a entender que se trataba de una trama que involucraba a colosos del mundo empresarial. Fue tras años persiguiendo -e incluso, según admite, hostigando- fuentes, que Rojas logró dar con un documento clave: el informe del Servicio de Impuestos Internos (SII) del año 2005 donde se analizaban alrededor de 20 casos en que se habían comprado empresas zombis del grupo BHC, liderado por Javier Vial y que había caído en decadencia tras la crisis del ’82. En 2012 publicó tres reportajes que daban cuenta de las operaciones y de las familias que se habían beneficiado: Calderón (Ripley), Solari y Luksic, entre otras.

Tal como en “La guerra de las galaxias”, donde los primeros tres episodios se publicaron años después del IV, V y VI, a la historia zombi de las empresas BHC le faltaba una precuela.

Fue en marzo de 2017 cuando el periodista de Ciper Juan Andrés Guzmán irrumpió con la historia de los pioneros en la compra del primer ofertón de zombis, las empresas quebradas del grupo Cruzat-Larraín. Su primer reportaje ya involucraba a un pez gordo: Sebastián Piñera. Fueron al menos cuatro entregas que también involucraban a los controladores de Penta, Falabella e indagaban las responsabilidades del SII.

Estaban las piezas del puzzle, por lo que Guzmán contactó a Rojas para unirlas. Durante meses reunieron más antecedentes, dando origen al libro que estrenaron el pasado domingo en la FILSA: “Empresarios zombis”, de la colección Tal Cual de la editorial Catalonia y la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales.

En conversación con El Desconcierto, Jorge Rojas comenta los detalles de la que el libro califica como “la mayor elusión tributaria de la elite chilena”.

Jorge Rojas

—¿Cuál es el origen de esta historia zombi?

—Comienza en los ’90, cuando la Comisión Progresa empieza a vender estas empresas del grupo Cruzat. Ya se habían desecho de todo lo que pudieran liquidar para que los bancos, que eran los acreedores de estas empresas, pudieran recuperar la plata que se había perdido. Cuando no quedaba nada, dijeron: “Estas empresas se pueden vender también, los papeles contables tienen un valor por sus pérdidas”. Los ’90 fueron la época de oro en nuestra economía. Chile llegó a crecer incluso sobre el 10%, por lo que hubo empresas que estaban generando muchas utilidades. Por ende, había altos impuestos que las zombis ayudaban a restar.

—Los apellidos de la portada del libro aparecen en grande: “Luksic, Piñera, Délano, Falabella”. ¿Cómo ves el tema de que sean las grandes fortunas las que eludan más impuestos?

—Acá se ven algunas cosas que tienen que ver con la ética. Resulta inexplicable que, en medio de la época de oro de la economía chilena, los empresarios no quisieran pagar impuestos en el país que les había permitido ser lo ricos que eran. Con las empresas zombis no solamente se eluden impuestos, sino que se concentra la riqueza y aumenta la desigualdad. Impuestos que deberían haber ido al pozo fiscal y que podrían haber sido redistribuidos en las múltiples necesidades del Estado terminan beneficiando solo a los más ricos.

—El libro habla de que la elusión podría haber llegado a ser la mitad del presupuesto de Salud para el año 2007.

—Siempre tuvimos una dificultad, que era cómo hacer entender las dimensiones de esto. Son números que uno habitualmente no pronuncia, uno no suele hablar de miles de millones. Lo cierto es que, si esta operación no hubiese sido perseguida por el SII, el Fisco habría perdido más de un billón de pesos.

—¿En cuánto se estima con la persecución y devolución de impuestos?

—No hay mucha claridad porque los materiales a los que accedimos dan cuenta de unas 40 empresas, sobre las que tenemos datos que el SII cobró impuestos. Pero hay unas 20 y tantas más que no tenemos datos del monto de pérdida que declaraban ni el giro de impuestos que les cobró el SII después de decir que las pérdidas no eran aprovechables.

—Al menos en los casos que sí están consignados en su investigación, la devolución fue ínfima.

—Claro, Luksic pagó $163 millones de los casi $10 mil millones que el SII consignó que no había pagado. Hubo casos que pagaron más: Penta pagó $5.778 millones, Ripley más de $13 mil millones. Pero en el caso de Piñera, al ser uno de los pioneros en esto, hizo el mayor uso de zombis en años prescritos. Terminó pagando unos $100 millones, siendo que había eludido más de $2.900 millones.

—El libro menciona que, en su periodo como senador, apoyó la modificación de la ley que establecía un límite de cinco años para las pérdidas.

—No encontramos el dato de que Piñera hubiese votado específicamente por el aumento de las pérdidas. Pero sí, esa ley tributaria responde a la lógica de los acuerdos. El artículo que hace que las pérdidas se puedan ocupar por siempre es votado por unanimidad en el Congreso que Sebastián Piñera integraba y, años después, resultó ser un comprador muy asiduo de zombis.

—Otro de los temas que toca la investigación es el rol de los directores del Servicio de Impuestos Internos, ¿cómo crees que actuaron ante esta elusión?

—Hay que entender que la historia tributaria moderna no es muy grande. Recién en 2001 se creó el departamento de grandes contribuyentes del SII, antes no se perseguía a los grandes empresarios. Fue en 2001, cuando empezó a parecer sospechoso que muchas empresas empezaron a declarar pérdidas en un periodo sin crisis. Javier Etcheverry (director del SII entre el 2000 y el 2002) dice que había advertido esto anteriormente, pero es a su sucesor, Juan Toro, a quien le revienta este tema y en 2004 inicia la persecución contra las zombis. Él destina la fuerza de tarea para investigar a estas 73 grandes empresas, él se querella contra Vital S.A.. Bajo su periodo hubo una lógica de persecución, y terminó con que se acercaron a pagar una 25 empresas.

—¿Y cómo fue el periodo posterior, de Ricardo Escobar?

—Vino con una mirada distinta. Hizo que las querellas no siguieran. Cuando los empresarios dicen “aquí no hay nadie condenado”, es hasta cierto punto porque ganaron por walkover, porque un equipo (el SII) se retiró de la cancha. La mirada con la que Escobar llegó al servicio queda demostrada en los últimos tomos de la carpeta de la querella contra Vital, donde ya no hay intervenciones del SII y se la terminaron entregando a un alumno en práctica. También le tocó lidiar con muchas de las empresas que no se habían acercado a pagar en el periodo de Juan Toro. Entre ellas está Luksic. Sin embargo, en el comparado, la estrategia Toro resultó ser más eficiente para cobrar los impuestos que la de Escobar.

(Revisa el análisis comparado, publicado en Ciper y en el final del primer capítulo de “Empresarios zombis”).

—¿A qué crees que se debe esta diferencia?

—No sé si será por el número de empresas o por los montos. Pero sí hay algo extraño en un caso del periodo Escobar. La zombi de los Luksic, Inversiones San Francisco S.A., es una empresa de $78.049 millones de pérdidas, ocupadas por alrededor de 4 años. Cuando el SII entra a investigar en 2004, puede fiscalizar al menos desde 2001. Pero resulta que al Grupo Luksic solo se le giraron los impuestos por el periodo 2004. Es distinto a lo que pasó con Piñera porque, como había sido pionero en las zombis, el año 2001 ya venía de vuelta y se le cursaron impuestos por ese que fue su último año. Cuando le consultamos a Ricardo Escobar dijo que no había visto el caso Luksic directamente, pero agregó la frase “se hace lo que se puede”.

Presentación de “Empresarios zombis”. Foto del Twitter de @andreainsunza .

La venta del Banco de Chile: Los zombis de Luksic, Penta y Falabella

Uno de los episodios que aborda el libro de Jorge Rojas y Juan Andrés Guzmán es la compra del Grupo Luksic en 2001 del 35% de las acciones del Banco de Chile, un paquete que estaba en manos de Penta, Falabella, Consorcio Financiero y los empresarios Sergio Larraín y Alfredo Moreno (presidente de la CPC y ex ministro de Relaciones Exteriores de Sebastián Piñera).

Una operación que, según Rojas, estuvo en gran parte exenta del pago de impuestos. “¿Por qué Penta se compra la zombi Río Teno y por qué los Luksic se compran San Francisco? Por la misma razón: la compra venta de las acciones del Banco de Chile”, asegura.

—¿Cómo se dio la operación?

—En el grupo controlador del Banco de Chile, Penta tenía el 16% de las acciones. Como iba a entrar mucha plata por el pago de los Luksic, se compraron la zombi Río Teno (una empresa con pérdidas de $54 mil millones y un patrimonio de tan solo dos mil pesos) para que absorbiera su empresa matriz (de un patrimonio superior a los $69 mil millones). Cuando vendieron las acciones, la plata que entró por esa venta fue a “netear” las pérdidas que tenía, por lo que los Penta no pagaron impuestos por la venta de sus acciones en el Banco de Chile. Un alto ejecutivo nos reconoció que el único objetivo de Río Teno fue para netear las utilidades que generaría esta operación.

—¿Y cómo entró la zombi de los Luksic?

—En la misma lógica pero en una época distinta. Luksic es el comprador, por lo que paga por estas acciones. Pero en el contrato que firma con el grupo controlador se establece un sistema de pago que incluía un pago en efectivo y además uno en cuotas con interés, garantizado por el 12% de las acciones que la familia Luksic tenía de Entel. Esas acciones de Entel estaban en una empresa llamada Hidrosur, por lo que agarraron una zombi (Inversiones San Francisco S.A.), la fusionaron con Hidrosur, y al momento de vender las acciones de Entel, la gran cantidad de plata que entró a esa empresa fue neteada por las pérdidas de la zombi.

—¿Cómo lidiar con operaciones que, dentro de todo, se ajustaron a una legalidad?

—Juan Andrés suele dar un ejemplo: “Cuando yo le digo a mi hija que no puede ver tele en la pieza y ella va y saca la tele al living y me dice ‘no estoy en la pieza’ lo que está haciendo es eludir el castigo”. La norma antielusiva de la reforma tributaria, que veremos qué tal funciona, lo que establece es “dejémonos de cuentos, estás viendo tele igual”. En el fondo, paguen los impuestos.

Rojas es claro en señalar que las empresas zombis son arqueología tributaria. “Es una máquina antigua, ya obsoleta. Mientras nosotros investigábamos esto, los abogados de la llamada ‘industria de la defensa de la riqueza’ seguían escaneando la ley buscando vacíos: el goodwill de la fusión Cuprum-Argentum, la venta de acciones de Piñera de LAN con el artículo 18 ter. Mientras se investiga un vacío, aparecen varios más”, concluye.

Empresarios zombis: La mayor elusión tributaria de la elite chilena
Juan Andrés Guzmán y Jorge Rojas
Editorial Catalonia
200 páginas
Precio de referencia: $13.900