El productor hollywoodiense Harvey Weinstein, quien en las últimas semanas ha sido señalado como acosador sexual por más de 50 mujeres vinculadas a la industria del cine norteamericano, contrató a ex agentes del Mossad, agencia de inteligencia israelí, como forma de “contrarrestar” las denuncias.

De acuerdo a un reportaje a fondo de The New Yorker, Weinstein, a través de sus abogados, solicitó los servicios de los profesionales con el fin de investigar la vida privada de periodistas y actrices que lo acusan. Su plan era recopilar detalles sobre las vidas personales y las historias sexuales de docenas de actrices y periodistas para tratar de chantajearlas y silenciarlas. Así lo detalló Ronan Farrow, hijo de Mia Farrow y uno de los periodistas que hizo girar la rueda de denuncias y acusaciones.

El productor contrató a la empresa de seguridad Black Cube, dirigido por los ex funcionarios de inteligencia israelíes del Mossad, y Kroll, la mayor firma global de inteligencia corporativa. Uno de los agentes contactó a la propia Rose McGowan, principal denunciante del acoso sexual en Hollywood.

Además, Weinstein intentó que algunos de sus empleados en la productora Miramax le ayudasen a escribir un libro con sus testimonios sobre los buenos tiempos en la compañía de producción y distribución de películas.

Una limpieza de imagen muy cara

Harvey necesita limpiar su nombre a toda costa y, para ello, busca cualquier estrategia. Semanas atrás contrató al CEO de una agencia de relaciones públicas para gestionar su “crisis de imagen”. Se trata de Michael Sitrick, conocido como “el señor lobo de las relaciones públicas”, es periodista y en 1989 fundó la empresa Sitrick & Company, y se hizo millonario salvando la reputación de, por ejemplo, Halle Berry (después de que en 2000 sufriera un accidente de auto y huyera del lugar de los hechos).

Se estima que por cada hora del trabajo Sitrick cobra más de mil dólares. En casos así, el hombre usa más de diez horas por día, durante meses. A Harvey Weinstein no le saldrá barato el capricho de “tapar” la realidad.

Desde que gatilló el escándalo, Weinstein cada vez está más solo en la lucha para recuperar su honor. Despedido del estudio que lleva su nombre, su mujer, Georgina Chapman, también lo dejó, y Charles Harder -un abogado que preparaba una demanda por difamación contra The New York Times, medio que reveló las primeras acusaciones- también lo abandonó.