Desde hace más de un mes, el Sindicato Nacional de Trabajadores Cpech viene enfrentando un nuevo proceso de negociación colectiva con la empresa, denunciando las condiciones laborales que viven a diario en uno de los preuniversitarios más importantes del país.

Además de visibilizar el buen rendimiento financiero de Cpech, las y los trabajadores señalan que la sociedad chilena conoce muy poco acerca de la situación laboral de quienes se desempeñan en los recintos de preparación de la Prueba de Selección Universitaria (PSU).

Las condiciones son del todo vulnerables, aseguran desde el Sindicato. Sin contrato indefinido, la mayoría de los docentes y personal administrativo se enfrenta al término de su relación laboral en noviembre de cada año, para luego ser recontratados en abril o marzo del año siguiente. Los contratos a plazo fijo, que los dejan desempleados durante hasta casi cuatro meses, tienen consecuencias en sus lagunas previsionales y en el acceso a créditos hipotecarios o de otra índole.

“Los profesores tienen una duración en la empresa de abril a noviembre y luego se les recontrata de acuerdo a la evaluación. Muchos se ven complicados porque dependen de esta situación puntual, por ejemplo, al acceder a beneficios como la vivienda, los créditos de largo plazo, etc. Y lo otro es que esta modalidad ha ido permitiendo que también se proyecte a auxiliares y secretarias”, explica el presidente del sindicato, César Loncon.

De esta manera, el modelo que ha sabido incrementar las utilidades de la empresa “se torna virtuoso para ellos pero no para los trabajadores”, puntualiza.

La industria ha tenido un crecimiento notorio durante los últimos años. En particular, Cpech comenzó a operar en 1984, cuando un grupo de ex estudiantes gremialistas de la Universidad de Chile crearon la Fundación de Estudiantes de Chile, que dio vida a un preuniversitario con el mismo nombre, según sostuvo la periodista María Olivia Monckeberg en su libro “El negocio de las universidades en Chile”. Entre los fundadores se encontraba el ex ministro de Economía, Pablo Longueira.

Precarización laboral vs. grandes ganancias

Pese a que en la negociación colectiva de 2013 obtuvieron mejoras significativas en cuanto a remuneraciones y beneficios, las demandas actuales no han tenido buena acogida entre las autoridades de la empresa.

Las y los trabajadores exigen incrementar su sueldo base de manera sustancial, con el objetivo de tener una renta para los meses de desempleo. También pidieron un bono de colación y el pago de horas no lectivas -contempladas como jornada laboral- para los docentes, pero hasta el momento no han avanzado en las conversaciones.

El profesor César Loncon explica que “si vas a los indicadores económicos de este tipo de empresa, tienen la particularidad de que tienen grandes ganancias porque además no están supervisados por entidades como el Ministerio de Educación”.

Sin embargo, los miembros del Sindicato enfatizan que sienten que son los responsables de retroalimentar el proceso educativo en sus 45 sedes desde Arica a Punta Arenas, en un negocio que se ha vuelto altamente rentable para la empresa.

“Somos una expresión de la crisis del sistema educacional chileno, porque la gente hace preuniversitario porque no hay calidad de la educación. La competencia es muy compleja en términos prácticos”, sostiene Loncon, mientras que la directora del sindicato de Puerto Montt, Ivonne Vargas, añade: “Cpech trabaja completando contenidos en base a ganancias estratoféricas, pero los trabajadores estamos sometidos a una inestabilidad constante”.

Solo en 2010, las 42 sedes del preuniversitario reportaron ganancias sobre los $3.300 millones. Se estima que en 2016, cerca de 60 mil estudiantes se matricularon en los centros de educación privada más grandes, entre los que se encuentra Pedro de Valdivia y Cpech. El mercado crece al alero de una legislación que solo regula el servicio, poniendo al margen su carácter educativo.

De cara a la sexta mesa de negociación, profesores, auxiliares y administrativos se preparan para evitar el camino de la huelga. Corren con el tiempo en contra porque la mayoría de los sindicalizados terminarán sus contratos el próximo 28 de noviembre. Sin embargo, a lo largo de Chile, los más de 500 trabajadores siguen organizados y se empoderan con el paso de los días.

Exigen regulación del mercado de los preuniversitarios

Más allá de las demandas salariales y laborales, los trabajadores han trabajado en un diagnóstico común sobre el rol que los preuniversitarios cumplen en un contexto de crisis de la educación chilena. Aseguran que el escenario se complicó  tras la dictadura y el ingreso a la universidad se convirtió en una de las obsesiones de las familias chilenas preocupadas del futuro de sus hijos. El endeudamiento progresivo no demoró en llegar.

Pedro Ruiz, parte de la directiva del Sindicato Cpech en San Bernardo, agrega que “la mayoría de los jóvenes ingresan al Cpech porque no vienen bien preparados para la PSU, quieren lograr en este tiempo llegar a un nivel que les permita lograr un puntaje que puedan ingresar a la universidad. Les cuesta bastante. Es triste que tenga que ser así para que puedan lograr algún día tener un título para valerse por sí solos”.

Las y los trabajadores tienen claro que los costos de estudiar en un preuniversitario son altos y que el esfuerzo es mayor para las familias de clase media. Además, el ingreso masivo de estudiantes a estas sedes contempla mayor exigencia para docentes, auxiliares y administrativos.

“El trabajador sigue en sus mismas condiciones e incluso trabajando más. No hay vuelta de manos, ves que las ganancias aumentan y nosotros seguimos igual. El apoderado endeudado le hacen pagar sí o sí. Los intereses y todo es muy caro, ya que cobran el máximo que permite la ley. Tienes que pagarlo igual, ellos trabajan con la morosidad”, recalca la dirigenta Ivonne Vargas.

La situación es peor si se considera que varias carreras universitarias se encuentran colapsadas en el mundo laboral y que la inversión y el esfuerzo invertido muchas veces no se condice con la realidad.

Al respecto, César Loncón agrega que “está bien que haya una preocupación de los papás para preparar a sus hijos, pero hoy tenemos un superávit de profesionales en casi todas las áreas. Eso genera que haya una especie de falsas expectativas de los papás que piensan que la universidad es la única alternativa. El mercado nos dice que lo fantástico en ser profesional, pero claramente esto tiene que ser regulado”.

Hace unas semanas, el Sindicato de Trabajadores Cpech se reunió con la directiva del Colegio de Profesores para compartirles su preocupación ante la falta de regulación del mercado de los preuniversitarios. En la cita, recordaron que la precarización de las condiciones laborales es un fenómeno que también se extiende a institutos y universidades privadas.

El pasado lunes, un grupo de dirigentes de la organización realizó una protesta en el frontis del Ministerio de Educación con el objetivo de seguir difundiendo sus demandas. “No más temporeros de la educación”, fue la consigna elegida para el lienzo.