Parecía un miércoles cualquiera en el Congreso brasileño, con pauta sin ninguna trascendencia noticiosa: una pequeña extensión de los beneficios del postnatal para madres de guaguas prematuras, lo que probablemente contaría con el voto casi unánime de las bancadas, hasta que los diputados Evandro Gussi y Jorge Tadeu Mudalen, presidente y relator del proyecto respectivamente, agregaron al texto un párrafo que habla de la concepción como el momento en que se establecen los derechos de la persona, por lo que, además de ayudar con aumentar el beneficio postnatal, hace con que haya desde entonces un derecho a la vida y la penalización de los que lo ataquen.

Súmase un par de párrafos más y tenemos un cambio inesperado en la legislación brasileña, porque abre las puertas para meterse en un tema que no estaba en la pauta original: el aborto.

Corte para aclaraciones: desde los ’50, Brasil estableció el derecho al aborto en las tres causales que recientemente aprobó Chile, y un poco más. El texto vigente habla de interrupción legal del embarazo en casos de riesgo para la madre, mal desarrollo del feto y embarazos producto de violaciones o incesto.

Pero regresemos a la actualidad brasileña, nos encontramos con esa comisión especial que transformó un texto sobre extensión del postnatal en un proyecto sobre “el derecho a la vida y la prohibición del aborto”. Sorprendidos, los movimientos sociales y organizaciones de defensa de derechos de las mujeres apodaron la propuesta con el nombre “Proyecto Caballo de Troya”, ya que antes del cambio en el texto la idea incluso contaba con apoyo de algunas entidades.

Los responsables por el cambio, los diputados Gussi y Mudalen, son representantes de la llamada “bancada evangélica”, que cuenta con casi un centenar de representantes en la cámara baja. De hecho, la bancada aportó con 9 de los 19 miembros de la comisión especial del proyecto.

Pese a que el tema original tenía que ver con un beneficio para las mujeres, solo había una diputada en la comisión, la laborista Érika Kokay, que fue el único voto en contra del texto de Gussi y Mudalen. Es decir, los 18 votos masculinos, 9 de ellos de representantes evangélicos en el Congreso, aprobaron el nuevo texto. Al final de la votación, la bancada evangélica se reunió en la mesa y pasó a cantar “vida sí, aborto no”, ante una claramente abrumada diputada Kokay.

Sin embargo, el proyecto todavía no es una realidad. Fue aprobado en la comisión, pero ahora va a la votación en los plenos de la Cámara y el Senado, donde el lobby evangélico es igualmente muy fuerte. Es decir, todavía no se hizo ley, pero existe una chance nada pequeña de que sea aprobado, sobretodo si los evangélicos lo utilizan como moneda de cambio con el gobierno -los ruralistas usaron esa táctica con el presidente Michel Temer, y dieron su voto para salvarlo de la última de corrupción en cambio de la aprobación de leyes menos rígidas al trabajo esclavo-.

También habrá que ver cuál será la reacción del STF (Supremo Tribunal Federal, la máxima instancia del Poder Judicial en Brasil) sobre la constitucionalidad de la propuesta. Algunos analistas dicen que crearía una inseguridad jurídica, ya que el nuevo texto, por tratarse de una ley sobre postnatal, tendría que coexistir con la ley del aborto que seguiría vigente.