Si uno quisiera tomarse las trágicas cosas con humor respecto al último debate presidencial, Guiller se llevaría las palmas. En las primarias de julio dijo que dormiría la siesta mientras su coalición se desgarraba al margen de la urna (el féretro de la Nueva Mayoría). Y el lunes 6 de noviembre superó a Coco Legrand o cualquier otro buen cómico de este Chile que se hunde en la mediocridad y la tontera.

Ante la demanda de Kast de que se disculpe ante el país por haberlo mandado al psiquiatra, el periodista/senador dijo: disculpas al psiquiatra. No hay que ser  muy letrado para entender la “talla”. El pinochetismo es ya una anacronía, este país no necesita nazis ni cosa que se le parezca, ni en el gobierno, ni en las calles, ni en los medios de comunicación, sino en los tribunales de injusticia.

Eso ya lo vivimos 17 años. Lo dijo Freud en “El chiste y el inconsciente”. Las bromas esconden un gran fondo de verdad subliminal, y Guiller acertó medio a medio. Aunque no creo que muchas/os le hayan tomado el peso.  Una/o de cada 20 chilenas/os sigue venerando a Pinochet, asesino y ladrón. Tomemos nota, pues tienen muchísimo más poder que el 5% en una elección.

La otra nota “divertida” del debate fue cuando Piñera dijo que Lenin había dicho “miente, miente, que algo queda”. Artés se lo aclaró. No fue Lenin sino Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler. Es cómico, a mi modesto entender, pues Artés es un estalinista decimonónico, y Lenin dejó escrito en una carta antes de morir: cuidado con Stalin. La verdad es que el mentiroso redomado es Piñera, sigue a Goebbels y le atribuye a Lenin la enseñanza. El mundo al revés en la mente de Tatán.

ME-O dio la tercera nota “divertida” y patética, al decir que los militares, “sin armas”, debían ocuparse de “educar” a los niños” que delinquen y van al Sename. ¿En qué estará pensando este iluminado delirante?

Así que tenemos no uno, Kast, sino otros dos candidatos por los cuales debemos pedirle disculpas al psiquiatra: Piñera y ME-O. Sobre Navarro y Artés no diré nada porque, a mi juicio, van para psicoanálisis por razones obvias.  ¿Quién nos queda?

Colofón

Sánchez y Goic, las dos mujeres en la carrera presidencial, fueron quienes mantuvieron la calma, sólidas presentando sus propuestas (nos gusten o no). Nada histéricas (perdóname Sigmund Freud). Sin atacar de manera personal, tranquilas, mirando el espectáculo machista de los demás. “¡Oh, estos gurreros de pacotilla!”, parecían hacerse un guiño de ojo Beatriz y Carolina. Templadas. A fin de cuentas, saben que no llegarán a La Moneda en marzo de 2018. ¿Por qué desesperarse? Son madres, saben lo que es la paciencia para alumbrar.

Guiller, en tanto, no requiere el sofá del psiquiatra psicoanalista, intuyo. Sigue durmiendo su siesta del domingo de las primarias de julio recién pasado. Curioso y divertido personaje.


Escritor y economista