Durante los últimos años, han sido varias las alertas que se han levantado desde la comunidad médica y científica sobre el uso de recipientes de plástico, como las botellas o tápers para llevar almuerzo al trabajo.

Una serie de estudios de importantes centros como el Cancer Research de Inglaterra, la Universidad Freie de Berlín y la Agencia Nacional de Seguridad Sanitaria francesa han detectado que muchos de los productos químicos que componen dichos envases se filtran en los alimentos y bebidas cuando están expuestos a temperaturas altas.

De este modo, se despertaron las alarmas entre los consumidores debido a que muchas investigaciones vinculan dichas sustancias con desórdenes hormonales y aumento de probabilidades de enfermedades como el cáncer, infertilidad y otros problemas. Sin embargo, la pregunta es ¿son realmente tóxicas dichas sustancias?

El temido Bisfenol A

Si bien es casi imposible que se produzca una intoxicación por la migración de dichas sustancias liberadas por los plásticos, los estudios ligados al tema no descartan que a largo plazo sí se puedan acumular en nuestro organismo y aumenten el riesgo de padecer enfermedades como las mencionadas.

El componente más temido es el Bisfenol A (abreviado como BPA), un aditivo químico usado desde los años ’40 para endurecer los plásticos de mamaderas, recipientes herméticos, botellas y bidones plásticos de agua, juguetes, sellantes dentales, DVDs y también en la resina que recubre el interior de las latas de alimentos y refrescos.

Actualmente está confirmado que, al ingresar al organismo, el BPA tiene el efecto de un estrógeno sintético o disruptor endocrino, ya que se mimetiza con la hormona humana a través de la suplantación o bloqueo de esta, alterando su metabolismo. De este modo, estudios han demostrado que el BPA puede causar la proliferación de células cancerígenas, especialmente relacionadas con el sistema endocrino, como el de mamas y el de próstata.

También se ha identificado que afecta a la metabolización de azúcares y grasas y al funcionamiento del sistema cardiovascular.

Qué materiales preferir

En 2008 Canadá fue el primer país que prohibió la utilización del BPA en mamaderas y envases de comida para bebés. Luego, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Dinamarca, Australia y Argentina se sumaron a la normativa, y en octubre de 2012, Francia, además, prohibió el Bisfenol A en cualquier envase en contacto con alimentos.

Sin embargo, en el caso de Chile la presencia de este químico en el plástico no está regulada ni ha sido estudiada. Por otra parte, la Unión Europea está desarrollando una normativa que asegure que los materiales usados en la fabricación de tápers no liberen tales sustancias.

Así, hasta el momento se ha comprobado que más de 1.500 sustancias dan el salto a la materia orgánica, y quedan por estudiar alrededor de 50.000. 

Entre los componentes más comunes se encuentra el Polipropileno, que frecuentemente es señalado como el más indicado para táperes en los que transportar comida, calentarla, congelarla, etc. Es resistente al calor, ácidos y jabones, y es denso, por lo que protege de golpes. También el Policarbonato resistente al calor, no libera Bisfenol A y se usa en botellas de agua recargables y biberones estériles.

Por otra parte, menos recomendado es el Polietileno (que puede ser de alta o baja densidad), ya que no es estable al calor, por lo que se funde o bien puede liberar Bisfenol A. En el mismo grupo se encuentra la Silicona, que aunque resiste bien el calor, se sospecha que puede migrar algunos componentes.

Sin embargo, en este último caso, existen medidas preventivas: preparar una pasta con agua, harina y aceite y se recubren las paredes del recipiente antes de usarlo por primera vez. Se hornea y luego se tira la pasta; luego se lava en el lavavajillas, o con agua caliente y jabón bajo a mano, y ya se puede usar tranquilamente.