Éste año la película ganadora de la palma de oro en el Festival de Cannes 2017, “The Square” (El cuadrado) establece una interesante reflexión sobre qué es el arte contemporáneo y cómo éste se va desarrollando en torno  a una sociedad de consumo cada vez más arraigada en forma e impactos estéticos que en contenidos y concepciones críticas establecidas desde la mirada de los diversos artistas que componen los estadios del arte.

Hagamos un poco de historia y remontémonos a una muestra desarrollada en Manhattan a principios del siglo pasado, concretamente en 1917, cuando Marcel Duchamp, fascinado con la ciudad que nunca duerme recorría las calles de Nueva York en busca de lo que sería, en el futuro cercano, el gran quiebre en el arte moderno/conceptual del siglo XX hasta nuestros días: la obra “Fuente”, un urinario común y corriente firmado por un tal señor Mutt (alias que Duchamp ocupo para presentar la obra ya que él mismo era parte del jurado), se convirtió en la piedra fundacional de las ideas establecidas en torno a qué es y cómo se estructura el arte moderno, sacándolo de las concepciones más clásicas y conservadoras desarrolladas hasta ese instante por las vanguardias históricas (nombre que se le da a las disciplinas artísticas generadas en la primera mitad del siglo XX y que establecen de alguna manera un movimiento, muchas veces sostenido por manifiestos concretos que explican su razón de ser y hacer).

La película “The Square”, imagino, de manera absolutamente intencional, nos obliga a tratar de entender que es el arte contemporáneo y su relación con el mundo actual del marketing y el consumo a través de la mirada egocentrada de un snob y narciso curador del museo real de arte moderno de Estocolmo.

Las primeras imágenes nos presentan, literalmente, la caída de la representación del arte clásico personificado en la escultura de un hombre a caballo que es sacada, de manera muy poco decorosa, casi humorística, de su sitial para dar paso a la obra de una argentina llamada “The Square” (el cuadrado) que busca a grandes rasgos establecer una mirada de unión socio cultural en una ciudad invadida por migrantes y mendigos y que en su fuero más interno debe cumplir con todos los deberes ser de las que hace gala internacionalmente dada su extrema civilidad, su tolerancia a todo y a todos y su visión elaboradísima sobre la cultura y sus distintas manifestaciones.

Se va dando paso, a través de la mirada del protagonista, a ese segmento de las elite culturales que muchas veces, en función de no reconocer su ignorancia respecto a un tema o su disgusto, que también puede ser tomado como ignorancia, se somete a una verdadera tiranía de las formas y los quehaceres artísticos así estos sean agresores de la integridad personal o simplemente no se entiendan.

¿Qué es el arte? Miles se lo han preguntado y Duchamp dada su provocativa obra da una idea que reverbera en la película. ¿Es acaso todo aquello desarrollado por un artista y que se descontextualiza de su ser utilitario para transformarse en obra expuesta en un museo? Algo de eso hay. Por supuesto que no todos los urinarios son obras de arte, lo fue y es sólo ese que Marcel Duchamp/Mutt expuso y nos obligó a cambiar la mirada y las ideas sobre la creación artística y que ahora inteligentemente la cinta dirigida por el sueco Ruben Östlund, nos invita a volver a reflexionar desde otro mundo, el millenial, el que se desarrolla sólo desde el impacto estético aunque éste no tenga un contenido claro y sólo establezca su discurso a partir de la posibilidad de impactar a aquellos que lo observan.  Se rompe así la idea fundamental de la trascendencia de la obra de arte, que de alguna manera busca relacionarse con aspectos emocionales de quien la observa para nutrirse y nutrir a ese espectador ávido de emociones profundas y reflexivas.

Resulta interesante observar como la cinta va indagando en el mundo y el quehacer del arte a través de los relatos personales, como nos muestra y nos da una mirada de la superficialidad en la que vivimos disfrazándola de profundidad a partir, justamente, de algo que per se debe ser profundo: el arte, con mayúsculas y en negro.

Resulta interesante también que una obra de arte cinematográfica nos presente en una de sus variables, la comunicacional (El cine es arte, industria y comunicación), una mirada sobre cómo estamos viviendo y enfrentando nuestro ser contemporáneo a través de algo que aún resulta tan elítico y abstracto como lo es el arte moderno. La verdad es que “The Square es una provocación de principio a fin, una provocación que quizás no a todos gustará, pero que sin duda vale la pena ver.