El último tiempo, uno de los fenómenos que ha crecido como una avalancha es la ola de denuncias sobre agresiones sexuales que se liberó luego de que en Hollywood se desatara el escándalo de Harvey Weinstein, quien ha sido acusado por más de 50 mujeres de acoso y en tres casos de violación. Esta escalada se ha desatado en muchos frentes, pero especialmente a través de redes sociales, donde muchas mujeres han decidido dar a conocer sus testimonios, y uno de los ejemplos icónicos fue la campaña #MeToo.

De este modo, las acusaciones han alcanzado a reconocidas figuras del cine como Kevin Spacey, Dustin Hoffman, Ed Westwick y Louis C.K, y ante este escenario, el escritor Rafael Gumucio decidió dar su visión al respecto y afirmó que cree que estas denuncias “sí tienen sentido”, ya que acosadores reconocidos y reputados “van a dejar de hacer de las suyas”, pero que no sabe si “este tipo de indignaciones éticas y sectoriales duran”.

Siento que a veces esto se usa como arma antojadiza contra gente que tú quieres sacar del debate“, señaló a The Clinic, donde explicó que “a mí no me gustan los linchamientos, aunque sean razonables. Yo no habría linchado a Manuel Contreras, ni a Álvaro Corbalán, por ejemplo, porque me parece que la justicia debe ser algo lento, ciego, y complejo. No creo en la justicia exprés”.

El escritor opina sobre las acusaciones, que provienen en parte importante de reconocidas figuras de la industria cinematográfica y abarcan desde episodios con comentarios inapropiados, acosos, hostigamientos, abusos y violaciones, que “se están mezclando abusos de distintos grados. Una violación es muy distinta a un piropo y a una tocadita. Hay cosas que son simplemente ridículas, como la denuncia en contra de Dustin Hoffman, que se mezcla con acusaciones serias como la de Weinstein”.

El caso al que alude es el de la guionista Anna Graham Hunter, quien denunció que cuando tenía 17 años (en 1985) y mientras se encontraban en el rodaje de la obra “Death of a Salesman”, el protagonista de “El Graduado” le hizo incómodos comentarios sobre sexo. ”Me pidió que le diera un masaje en los pies en mi primer día en el set; Lo hice (…) Era abiertamente coqueto, me agarró el trasero y me habló sobre sexo. Una mañana fui a su camerino para preguntarle qué quería para desayunar; Me miró, sonrió y luego dijo: ‘Voy a querer un huevo duro… y un clítoris blanqueado’. Su séquito se echó a reír. Me fui, sin palabras. Luego fui al baño y lloré”.

Finalmente, el escritor hace un contraste entre el escenario nacional y lo que sucede a nivel local, y señaló que “este es un país cruzado por el abuso sexual, pero no es un abuso parecido al que se denuncia hoy. Tenemos un país con una sexualidad totalmente patética. Eso no es tanto del jefe a sus empleados, que también existe, como dentro de las familias”.

Y frente a la forma de hacer denuncias, señaló que “la gente hoy no cree en la presunción de inocencia, eso fue lo primero que se acabó. El crimen del abuso es muy difícil de probar, y muchas personas, frente a eso, entienden que no hay que esperar. Y yo lo comprendo. Ahora, la condena es muy difícil, porque la sentencia es muy dura. Alguien que queda marcado como un abusador o violador es para toda la vida. Para una víctima es difícil probar su dolor, pero también para un falso culpable eso es doloroso”.