La cifra de víctimas del fuerte terremoto de 7,3 grados en la escala de Richter que sacudió anoche la provincia de Kermanshah, en el oeste de Irán, aumentó este lunes a 402 muertos y unos 3.950 heridos, según los últimos datos oficiales.

Las autoridades iraníes movilizaron a todos los cuerpos de seguridad para acelerar las tareas de rescate y de retirada de escombros en las poblaciones más afectadas por el sismo.

En las operaciones de búsqueda participan el Ejército, los Guardianes de la Revolución, la fuerza de Voluntarios Islámicos y la Media Luna Roja de Irán. Sobre el terreno están desplegadas también unas 140 ambulancias y miles de efectivos de los servicios de emergencia y otras organizaciones gubernamentales.
Las autoridades estblecieron hospitales de campaña para atender las urgencias y para ayudar a los centros médicos de las localidades más cercanas, que están colapsados.

Los daños son por ahora difíciles de cuantificar debido a que las comunicaciones han estado cortadas y a que algunas carreteras permanecen bloqueadas impidiendo el acceso a las zonas más montañosas damnificadas.

El presidente iraní, Hasan Rohaní, visitará en las próximas horas la región, a la que ya se desplazó una delegación encabezada por el ministro del Interior, Abdolreza Rahmani Fazli.

El epicentro del seísmo se produjo a las 21.18 hora local del domingo cerca de la ciudad iraquí de Halabya, en la región del Kurdistán, fronteriza con Irán, a una profundidad de 33 kilómetros.

Las numerosas réplicas, algunas de 4,5 grados, se sintieron en varias provincias del norte, oeste y centro del país, incluida la capital Teherán. También en otros países de Medio Oriente, como Israel, sintieron una fuerte sacudida.