Ocurrió un 15 de noviembre de 1945, cuando la poetisa se encontraba residiendo en Brasil. Gabriela Mistral escuchaba las noticias en la radio cuando supo que había sido distinguido con el máximo premio concedido a la literatura.

La poeta y pedagoga se encontraba sola en una habitación del hotel donde se alojaba. La emisora informaba de Palestina cuando hizo una breve pausa para anunciar la decisión de la Academia Sueca.

“Caí de rodillas frente al crucifijo que siempre me acompaña y bañada en lágrimas oré: ¡‘Jesucristo, haz merecedora de tan alto lauro a esta tu humilde hija’!”, escribió entonces Mistral, quien se desempeñaba como cónsul en Brasil.

Así lo contó también Luis Vera, autor del documental “Gabriela del Elqui, Mistral del Mundo” (2005), quien señaló que la poetisa “lo recibe viviendo un autoexilio en Brasil, en la ciudad de Petrópolis, ciudad que yo visité y recorrí para el documental. Entendí la soledad en que ella se encuentra en ese momento, luego de perder a su hijo (Yin Yin) un año antes. La hace vivir un sinnúmero de contradicciones muy fuertes, muy poderosas”.

La poeta y pedagoga chilena recibía el Premio Nobel de Literatura, transformándose en la primera mujer latinoamericana en obtener dicho reconocimiento. En adelante, su influencia la invitaría a escribir textos sobre diversos temas políticos, como la Reforma Agraria, los conflictos indígenas y los derechos de las mujeres, cuando aún no existía para ellas la posibilidad de votar.

Al día siguiente, recibió la notificación oficial gracias a un telegrama que llegó desde Europa: “La Academia Sueca ha decretado para darle el Premio la Orden del Nobel. La invitamos a participar a la ceremonia el día 10 de diciembre. Esperamos su aceptación“, decía la misiva.

La poetisa no tardó en responder: “Muy agradecida. Profundamente honrada agradezco a esta Academia. Feliz voy a vuestra patria que siempre admiré y quise. Vuestra devota servidora, Gabriela Mistral”.

Gabriela Mistral comenzó entonces su viaje tras el premio, con un recorrido de 21 días. Recibiría el reconocimiento casi un mes después, el 10 de diciembre de 1945. Durante la entrega, declaró que “hoy Suecia se vuelve hacia la lejana América Ibera para honrarla en uno de los muchos trabajadores de su cultura”.

El Premio Nobel había llegado en un momento complejo y doloroso de su vida, tras el suicidio de su amigo, el escrito austríaco-judío Stefan Zweig y la pérdida de su sobrino e hijo adoptivo, Juan Miguel Godoy Mendoza, conocido como “Yin Yin”. Años más tarde, con evidente demora, Chile la distinguiría con el Premio Nacional de Literatura.