Nuevamente se acerca el fin de año y la Navidad se apodera de cada rincón, de cada publicidad y de cada multitienda.

Decoraciones, comidas, regalos, arboles navideños y “Santas” por doquier. Ésta es la fecha en que los viajeros extrañan volver a casa. Más allá de las creencias religiosas, en el mundo entero, Navidad es sinónimo de familia. Hasta el “Grinch” más amargo celebra esta fecha con los suyos. Nuestra última Navidad, eso sí, contó con una situación algo particular.

20 de diciembre del 2016. Era la única de la familia que no sabía cuál sería su amigo secreto, y a pesar de haber preguntado un par de días antes a la anfitriona, no tuvo respuesta.

Cerca de las 19:30 horas sonó su celular. Una llamada que jamás debieron hacer. Era ella, pero no con el nombre de quien recibiría un regalo, si no que con una decisión tomada y clara: No estábamos consideradas.

Puede que muchas parejas homosexuales estén acostumbradas a pasar navidades por separado, no debieran. Más de un año de relación y era primera vez que yo conocería a su familia.

Vivíamos juntas, con mi cuñada y mis sobrinos bajo el mismo techo. Somos familia. Les guste o no. Están en su derecho de no invitarnos, aunque no se imaginaron el alud que se estaba armando.

Lo primero fue la pena. Sabíamos que la situación seria incomoda, no toda su familia era tan abierta de mente, pero jamás imaginó que le pedirían que no asistiéramos.  Faltaban apenas cuatro días para las fiestas. A mí me invadió la rabia.

Al segundo la llamó su madre. ¿Estaba al tanto? ¿O se acababa de enterar? La conversación fue breve. Las palabras no querían salir y nadie caía muy en cuenta de lo que iba a suceder.

La hermana mayor empezó la avalancha. Todos se quedaban sin conocer a la recién nacida, la misma con la que compartíamos techo y que sería presentada en sociedad para las fiestas navideñas. Luego mi suegra y mis otras cuñadas demostraron su descontento. La tía “rebelde” fue a decirles a la cara que se habían equivocado y la cena de Noche Buena se quedaba sin invitados.

Discriminada en navidad. Sin escrúpulos y un alineamiento familiar que aún me emociona recordar. Unas disculpas que llegaron, otras aún las espero.

Tu corazón en una montaña rusa. Algunos te decepcionaron, otros te sorprendieron gratamente. Una pequeña grieta en esa piedra que envuelve a una niña dulce que salió dolida en esta historia.

Molesta cuando alguien te discrimina por tu orientación sexual, pero es peor cuando se lo hacen a tu pareja. Si tuviese que volver atrás desearía que pasara de nuevo. Sólo una cosa tan insólita como aquel llamado, podía hacer que conocieras la genuina reacción de tu familia. El apoyo fue incondicional.

Suena fuerte. Es duro escucharlo, nos desinvitaron de Navidad. Fue un momento ingrato que, por paradójico que parezca, sólo trajo cosas positivas. Sin cena navideña, había que reinventarse. Partimos todas a la casa de mis viejos. Mis hermanos conocieron a sus hermanas. Una nochebuena improvisada, en la que se trató de Navidad. Se trató de ser familia.