Este domingo 19 de noviembre son las elecciones presidenciales, parlamentarias y de consejeros regionales, siendo la primera vez que se elige popularmente a estos últimos. Lo anterior se traduce, en la práctica, en una renovación, casi total, de las autoridades que actualmente llevan las riendas de nuestra democracia en materia de legislación, planes, políticas y programas. Así, en la materia que nos convoca, la elección de estas autoridades influirá directamente en la regulación de avances o retrocesos en materia de derechos de la comunidad LGBTI. La Importancia de ejercer el voto se desprende de lo señalado anteriormente.

Al momento de ejercer el voto, en la mesa correspondiente se solicita la cédula de identidad de la persona, para efectos de verificar la identidad de la persona y autorizar que el voto pueda ser emitido válidamente. Teniendo en cuenta lo anterior, ¿qué sucede con las personas trans o no binarias cuya identidad no se refleja en su cédula de identidad? Lamentablemente, la respuesta a esta interrogante dependerá de la completa discrecionalidad de lxs vocales de mesa que se encuentren en ese momento.

Al respecto, en la práctica se han dado dos situaciones en particular: la primera, que ha consistido en privar o dificultar el ejercicio de este derecho, y la segunda, en autorizar, sin problemas, el voto de una persona trans. Lamentablemente, la primera situación es la que se ha repetido constantemente. Esto, en virtud de los prejuicios, desconocimiento sobre las personas trans y el temor a que alguien suplante la identidad de otra persona para votar. Antiguamente, los medios de comunicación mostraban en notas televisivas o escritas a mujeres trans que iban a votar en “mesas de hombres” como una anécdota curiosa al final del día de las votaciones. Por suerte, esta práctica “periodística” ha ido disminuyendo en la actualidad.

Los factores anteriormente señalados han influido para que muchas personas trans en la actualidad prefieran, derechamente, no asistir a votar y evitarse cualquier situación de discriminación o de acoso. Así, en el día donde se señala que todxs somos iguales, en la práctica, para las personas trans no es así, particularmente porque el derecho a sufragar se les dificulta cuantiosamente en razón de lo señalado anteriormente. Asimismo, en el momento que la persona muestre su cédula de identidad, de inmediato el resto sabrá que es una persona trans, vulnerándose el derecho a la privacidad que tenemos todas las personas por el solo hecho de serlos. Al respecto, ni el gobierno de Chile ni el Servicio Electoral se ha preocupado de esto, ya sea, a través de capacitaciones o de alguna acción afirmativa para garantizar, en igualdad de condiciones, el derecho a sufragio de las personas trans.

Es aquí, donde vemos que la identidad es un derecho transversal y que se conecta con muchos otros, los cuales se ven dificultados en su ejercicio si no se cuenta con el reconocimiento de la identidad. Es por esto que es necesario que en Chile se promulgue una ley de identidad de género que permita a las personas trans modificar su nombre y sexo registral, ya que en la práctica, ésta servirá como un piso mínimo y una salvaguarda para evitar todas estas situaciones de vulneración de los derechos de las personas trans.

Sin embargo, para lograr esto se requiere de voluntad política, tanto del Gobierno como del Congreso, y ahí radica la importancia de ejercer el derecho a sufragar. Este es un derecho humano básico, y en virtud de esto, es nuestro derecho y deber como ciudadanxs exigirlo, reclamar e incluso presentar las acciones judiciales correspondientes para restablecer el imperio del derecho. Nuestra voz no solo se tiene que escuchar en las calles ni en las redes sociales, sino que también en nuestro voto, para así, avanzar a un Chile más equitativo y justo.


Asesora jurídica OTD Chile