¿Ausencia de las mujeres, dice usted? Pues sí, absolutamente ausentes, invisibilizadas; no sólo en lo verbal, también en lo escrito: en el facsímil de votación, en la etiqueta de la urna, en el relato televisivo y todo ello en completa naturalidad. Digo naturalidad porque usted no lo advirtió, ¿verdad? Está tan naturalizado utilizar lenguaje androcéntrico -es decir, nombrar en género masculino- que nadie se da cuenta. ¿Pero qué es el lenguaje androcéntrico? Según Mercedes Bengoechea, el lenguaje androcéntrico es aquel que utiliza el género masculino, al considerar al hombre la medida de todas las cosas. ¿Y cuáles son las consecuencias de usar lenguaje androcéntrico?  Las consecuencias pueden ser la invisibilización en la historia, en los relatos, como modelo de referencia, es llegar a no existir.

Bien lo sabe el Mineduc y es por ello que ya hace un tiempo a creado el “Material de apoyo con perspectiva de género para formadores y formadoras”, el cual inicia afirmando que “a través del lenguaje se nombra lo que es percibido por las personas. Aquello que no se puede nombrar tiende a no ser siquiera percibido, pensado, y finalmente, a no existir”. Y es por ello que en el mismo manual se inculca a las/os formadoras/es a educar  a sus alumnas/os  a mejorar su comunicación por medio de una socialización basada en un lenguaje inclusivo. ¿Pero qué es lenguaje inclusivo? Seria al revés del androcéntrico, es pensar que no todo gira en torno al género masculino que existen otros géneros y por tal, nombra esos géneros y al nombrarlos los hace visibles y así hace que existan! Y esa enseñanza que se está infundiendo es muy importante porque si yo digo el presidente (no existe la presidenta), si digo los consejeros (no existen las consejeras) y si digo los diputados (no existen las diputadas).

Entonces me pregunto: ¿cuándo seremos coherentes? ¿De qué sirve establecer una política de igualdad y equidad, financiar manuales con perspectiva de género, escuela para liderezas políticas o aplicar ley de cuotas si finalmente, en la práctica, en el día a día, el mismo organismo que implanta políticas de igualdad y estrategias para el cambio no obedece a aquello que dice aspira construir? .

¿De qué representación igualitaria me hablan si nos invisibilizan en un hecho tan simbólico  como la elección democrática de cargos? Es más, pregunto: ¿de verdad quieren mujeres en la política? Ya sé lo que me va decir: “que no diga eso, que no sea mal pensá, que ‘a lo mejor’ nombraban en masculino porque eran más hombres que mujeres”. Y yo le diré: efectivamente -y obviamente- eran más hombres que mujeres. Pero si queremos ayudar a disminuir brechas, considero que debemos hacer todos los esfuerzos para lograrlo y el lenguaje es una herramienta eficaz para ello. Es más, el lenguaje es vital porque es el reflejo de la cultura de una sociedad en un determinado momento. Y por tal, si buscamos cambios sociales debemos inevitablemente generar cambios en los usos del lenguaje y. por sobre todo. ser coherentes; es decir, política y acción deben ir de la mano en pertinencia y coherencia.

Alvaro García Meseguer, profesor de Investigación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de la Universidad Complutense de Madrid, señala que “el lenguaje es machista porque la sociedad ha sido así; y la sociedad seguirá siendo machista mientras lo sea el lenguaje». Es más, García señala que el lenguaje discrimina a la mujer en dos grupos: los que se originan a niveles conscientes y los que se originan a niveles subconscientes. “Estos últimos -señaló- son los más graves y los auténticos, responsables de que las mentalidades, sentimientos y actitudes sean machistas. En ellos juega un papel fundamental el lenguaje, que induce en lo más profundo de la personalidad de cada hablante una forma sexista de captar la realidad.»

Tal subconsciente se activo en Chile cuando se dio voz a las mujeres para acceder al poder político pero en todo momento se escribió y se verbalizó el poder político en masculino. “Chile decide hoy un nuevo presidente, nuevos concejeros y nuevos diputado”. Y entonces  vuelvo a preguntar, pero a modo de reflexión: ¿cree usted que bajo este lenguaje podremos convencer a las niñas–mujeres que realmente pueden proyectarse a tener un lugar en la política, si subconscientemente reforzamos que la política es un ámbito de niños-hombres? ¿Cree usted que esto puede influir en la preferencia al momento de votar? ¿Cree usted que estamos no construyendo en y hacia la igualdad política?

Si usted piensa que vamos tambaleando hacia el objetivo, ya somos dos. Entonces le invito, te invito a verbalizar y escribir en femenino y decir con todas sus letras: presidenta, concejala, diputada, senadora, alcaldesa, intendenta, alumnas, niñas, candidatas. Te invito a dar el gran paso al futuro del buen vivir en una simple acción, nombrarnos para visibilizarnos y ayudar así a que en un futuro no muy lejano acortemos todas las brechas que nos afectan a nosotras las mujeres.


Trabajadora Social, Master en Estudios Universitarios Feministas de la Universidad Complutense de Madrid