El ciclo menstrual femenino dura un promedio de 28 días, entre regla y regla, y la ovulación suele producirse el día 14. Así, se generan dos fases hormonales muy diferentes: la primera, del día 1 al 14, está influida por estrógenos y la segunda, del día 15 al 28, por la progesterona. Eso puede causar distintos estados anímicos y sensaciones corporales entre cada fase, por ejemplo activación en la primera y decaimiento en la segunda.

Lo que hacen los métodos anticonceptivos hormonales es suprimir este ciclo completamente. El método de este tipo más común es el de las pastillas anticonceptivas “combinadas”, compuestas por un progestágeno y un estrógeno, que detienen la liberación de hormonas de los ovarios y, por lo tanto, también la ovulación. En vez de eso, entregan hormonas similares a las que liberaría la mujer de forma natural, pero en dosis iguales todos los días.

El primer país en el que se aprobaron las pastillas anticonceptivas fue Estados Unidos, en 1960. Se asociaron mucho a la liberación sexual de la mujer en su momento, ya que les permitía tener control sobre la procreación y separarla de su sexualidad. Desde ese momento, se volvieron muy populares y actualmente es uno de los métodos anticonceptivos más utilizados a nivel mundial, junto con el condón masculino.

Los efectos secundarios

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que, si se usa de manera correcta, las pastillas combinadas tienen un 99% de efectividad al evitar un embarazo y que, además, disminuyen el riesgo de cáncer endometrial y ovárico. El doctor Guillermo Galán, de la Sociedad Chilena de Obstetricia y Ginecología (Sochog), asegura que las pastillas anticonceptivas han sido el mejor invento del siglo pasado. “Le han permitido a la mujer controlar la natural consecuencia de su sexualidad: un embarazo. Es un medicamento muy probado y hay gran evidencia de que no produce daño en mujeres sanas, incluso son capaces de proteger de algunas enfermedades y servir de tratamiento para algunas alteraciones. Tiene efectos secundarios como todo, pero son re pocos y en general sólo al comienzo”, afirma.

El único riesgo que advierte la OMS por el consumo es la probabilidad de tener una tromboembolia venenosa al consumir pastillas con diferentes progestágenos, pero reitera que los “riesgos absolutos” son muy pequeños. Sobre el mismo tema, en 2012, la USFDA publicó una nota advirtiendo que las mujeres que utilizan píldoras anticonceptivas tienen mayor riesgo de producir coágulos sanguíneos (aunque es menor al riesgo de producirlos propio del embarazo, por ejemplo), sobre todo si el tipo de progestágeno que tienen las pastillas es drospirenona. Fue justamente esa hormona la que se vinculó, un año después, a la muerte de 23 mujeres en Canadá.

Fuera de los casos extremos, las pastillas tienen efectos secundarios que aparecen en las mismas cajas: nauseas, vómitos, dolores de cabeza, inflamación de mamas, cansancio. Incluso se les han vinculado a síntomas de la depresión.

Fueron algunos de estos mismos efectos los que produjo una inyección anticonceptiva masculina que se estaba estudiando el año 2011. 20 hombres de los 320 que participaban de la investigación presentaron cambios anímicos, acné, dolor muscular y cambio en la libido. Los síntomas, a pesar de ser parecidos a los que sufren las mujeres con las pastillas, fueron la razón para que se suspendiera el estudio.

/ vix.com

Volver a lo natural

Más allá de los efectos secundarios y de los riesgos médicos de las pastillas, hay mujeres que han decidido dejar de tomarlas para conocer cómo funciona su cuerpo de forma natural. Es el caso de Catalina Infante, dueña de la editorial Catalonia, quien escribió una columna sobre el tema que circuló mucho por redes sociales. “Mi reflexión fue: tomo pastillas hace quince años y eso no puede estar bien. Comencé a ver las pastillas como algo invasivo, una forma de control del cuerpo femenino en que las mujeres asumen toda la responsabilidad de la prevención del embarazo a costa no solo de nuestra salud, sino de desconectarnos de nuestro propio cuerpo, acostumbrándonos a una relación con nuestro ciclo ajena a la realidad”, escribió.

Su reflexión se basó, en parte, en la lectura del libro “Manual Introductorio a la Ginecología Natural” de Pabla Pérez, investigadora social que realizó estudios de Partería Tradicional en la escuela brasileña Cais do Parto. El libro es un rescate de prácticas ancestrales de sanación en base a plantas medicinales, una alternativa a la medicina alópata. Un capítulo completo de su libro está dedicado a la fertilidad, en el cual habla sobre los anticonceptivos y menciona las constantes consultas que recibe de mujeres que no se sienten bien usando este método. “Es poca la información que se encuentra sobre los efectos secundarios de la hormonación porque es demasiado omnipotente el mercado: ni las farmacéuticas, ni los ginecólogos te van a entregar información certera de los efectos colaterales. A veces porque ni siquiera manejan esa información, por lo que sueles subestimar estos efectos evadiendo finalmente el tema”, explica.

A pesar de que ella sí logró dar con estudios que vinculan el consumo de este medicamento incluso con el cáncer, asegura que es ainformación no se quiere transparentar por la manipulación de la industria y que, más allá de avalarse estos estudios para comprobar el daño provocado en el cuerpo de las mujeres, son ellas quienes están sintiendo sus efectos. Por eso en su libro se habla del control de la fertilidad como un autoconocimiento y de la conexión de las mujeres con los ciclos rítmicos de la luna.

“Las mujeres pueden reaccionar de distinta manera a la hormonación, pero lo que es un hecho es que el ciclo fisiológico está siendo afectado: ovulación, endometrio, moco cervical, energías, emociones. Para hablar de este tema, se están formando muchos círculos de mujeres. Es un movimiento potente. Ahí lo que vale es la experiencia de cada persona, que es algo que los médicos no suelen considerar. Van mujeres que tuvieron daños en su salud por tomar pastillas, la más común es la pérdida de la libido sexual”, dice Pabla Pérez.

Pérdida de libido

La testosterona, si bien es mucho más alta en hombres, es una hormona clave en el funcionamiento biológico de las mujeres. Es la responsable de mantener equilibrado el estado de ánimo, de permitir la formación de masa muscular y también de la libido. Si los niveles de testosterona bajan de cierto límite, baja también el deseo sexual. Dependiendo de la cantidad de estrógenos que tengan, las pastillas anticonceptivas pueden estimular el aumento de la globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), encargada de transportar la testosterona en la sangre. Y a mayor SHBG, menor cantidad de testosterona disponible y, por lo tanto, menor deseo sexual.

El ginecólogo Carlos Gómez se ha dedicado a estudiar y tratar esta consecuencia de los anticonceptivos. “Las pastillas que tienen dosis altas de estradiol (estrógeno), como de 0,3 o incluso las de 0,2, producen habitualmente un aumento de la SHBG en algunas mujeres. En esas pacientes habría que administrar testosterona a través de un gel o la que se usa en gimnasios. O simplemente dejar de utilizar esos anticonceptivos. Lo importante es que esté cómoda con lo que está haciendo”, dice.