Nuevo episodio de la serie de noticias sobre los nombres de la industria hollywoodiense acusados de abusos y acosos sexuales a actrices y profesionales de la industria cinematográfica.

La última en hablar sobre ello ha sido la intérprete Angela Lansbury, protagonista de la serie “Se ha escrito un crimen”, en una entrevista a Radio Times donde dio unas polémicas declaraciones.

La actriz, de 92 años, cree que las “las mujeres algunas veces deben asumir la culpa” del acoso sexual porque, según ella, hecho de que las mujeres traten de ser más atractivas las pone en riesgo a la hora de sufrir acoso: “Tenemos que aceptar el hecho de que las mujeres, desde tiempos inmemoriales, han intentado hacerse más atractivas. Y desafortunadamente esto se ha vuelto en nuestra contra, y aquí es donde estamos hoy. Algunas veces debemos aceptar la culpa”.

Tras esta primera afirmación, Lansbury precisó sus dichos: “Aunque es horrible decir que no podemos hacernos ver lo más atractivas posible sin ser golpeadas y violadas”, y añadió que eso “no es ninguna excusa para un comportamiento inapropiado”. “¿Deberían estar las mujeres preparadas para ello? No, no deberían”, se respondió. “Creo que muchos hombres deben de estar muy preocupados en estos momentos”, dijo.

Lansbury, hoy está trabajando en el remake de Mary Poppins y que afirmó no haber sufrido nunca en sus 70 años de carrera ningún tipo de acoso, recibió numerosas críticas por haber vinculado el acoso con el hecho de que una mujer sea más o menos atractiva.

Cientos de abusos sexuales en una cadena de masajes de EEUU

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/ Facebook

La reconocida cadena Massage Envy, una empresa de franquicias que cuenta con casi el 70 por ciento del mercado de masajes y spa en Estados Unidos, es la protagonista de una nueva ola de denuncias por abuso sexual. Según una investigación del medio digital Buzzfeed, más de 180 mujeres denunciaron abusos sexuales durante visitas a los centros en distintos puntos del país.

Los testimonios recogidos por el medio, revelan un patrón bajo el cual las denuncias de las mujeres eran ignoradas o inefectivas a la hora de castigar al masajista. Al contrario, en muchos de los casos, la empresa protegía a sus empleados.

Es el caso por ejemplo de Susan Ingram, una mujer de West Chester (Pensilvania), clienta del establecimiento a quien, durante un masaje en 2015, el instructor introdujo los dedos en su vagina y le tocó los pechos. Ingram no supo cómo actuar ante la agresión y no fue hasta horas después cuando llamó al centro para informar de lo que había ocurrido. Los responsables del establecimiento ignoraron sus quejas y la mujer llamó a la policía. El terapeuta confesó que Ingram no había sido la única clienta de la que abusó.

Pese a que los abusadores habían recibido quejas de varias clientas,  los ejecutivos de la empresa a nivel nacional nunca remediaron la situación.