Sra. Ana Román

Presidenta del Colegio de Matronas y Matrones de Chile

El día jueves 23 de noviembre, dos días antes de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se publicó un reportaje en el diario “El Mercurio” que invitaba a reflexionar sobre la violencia obstétrica y el empoderamiento de muchas mujeres que se han atrevido a denunciar estas prácticas. En este artículo, usted señaló que: “la violencia obstétrica no existe”, “que ese tipo de prácticas existieron hace 30 años atrás”, y que “estaría actualmente erradicada”, calificando a los grupos de la sociedad civil organizada que luchamos por una ley de parto respetado, como “populistas y demagogos”. Luego de leer tamaña aseveración, con profunda rabia y dolor me veo en la obligación de escribir las siguientes líneas, ya que estos dichos me parecen de una indolencia, falta de humanidad, de respeto y empatía tremenda.

Como mujer y psicóloga, me genera mucha preocupación leer comentarios tan superficiales y faltos de rigurosidad de parte de representantes de instituciones de salud que, supuestamente, tienen en sus manos la posibilidad de garantizar una parte importante de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
El daño provocado por sus palabras es tal, que pone en entredicho la vivencia y la credibilidad de miles de mujeres chilenas qué hemos sido violentadas en nuestros partos. Quiénes hemos vivido violencia obstétrica de manera personal y acompañado además, a muchas mujeres en sus caminos de recuperación de los efectos traumáticos que conlleva ser víctima de dichas malas prácticas, sabemos de qué estamos hablando. Es un transitar profundamente doloroso, en donde además hay que lidiar con la culpa, la falta de apoyo social, la normalización del maltrato y la falta de especialistas que sepan acompañar las secuelas de un dolor que nos afecta en lo más profundo.

Una de las consecuencias más graves de sus palabras es la re-victimización de las mujeres al negar la existencia de una realidad con la que diariamente tenemos que convivir. El solo hecho de señalar que la violencia obstétrica no existe desde la posición privilegiada de presidenta del colegio de matronas y matrones, nos vulnera como personas y supone un ejercicio de violencia institucional, haciendo que, nuevamente, cientos de mujeres revivan las agresiones sufridas.

Quien invisibiliza esta problemática y desconoce la vivencia traumática de miles de mujeres, es cómplice del maltrato. Pese a la utilización de medios masivos de comunicación con la intención modelar la opinión pública, la violencia obstétrica existe y ha sido reconocida por organismos nacionales e internacionales. Le recuerdo, que en el último informe anual de la situación de los Derechos Humanos en Chile, aparece un apartado completo que habla sobre la violencia obstétrica como una prioridad de Estado y expone la necesidad de generar avances en pos de la protección de las mujeres y sus hijos e hijas en este periodo tan sensible e importante.

Muchas nos preguntamos, ¿es populista desear y exigir un trato digno sin sentirnos violentadas en nuestros partos? ¿Es acaso demagogia fundar nuestra lucha desde los relatos de violencia obstétrica vividos en muchas clínicas y hospitales de nuestro país? Si quiere tapar el sol con un dedo, sepa usted señora Román que su mensaje solo alimenta nuestras fuerzas y energías para seguir trabajando de manera colaborativa entre mujeres dispuestas a modificar el paradigma y las prácticas que implican la atención del parto y nacimiento en nuestro país. No le quepa duda, que más temprano que tarde, lograremos un marco legal que garantice partos y nacimientos respetados, la Ley Trinidad.

Estoy segura que mis palabras no solo me representan en lo personal, sino que en nombre de cientos o, tal vez, miles de mujeres que hemos vivido violencia obstétrica y que hemos logrado reconstruirnos luego de meses, o incluso años de procesos de terapia y sanación. Después de sus dañinas palabras, le exigimos disculpas públicas, como congéneres y como ciudadanas que merecemos respeto. Porque no permitiremos que sea usted, a través de su superflua defensa gremial, la que vuelva a hacernos daño.

Atentamente,
Yanira Madariaga Baeza, mujer, madre y Psicóloga.