El anuncio sorprendió a los principales beneficiados. Ayer, la ministra de Bienes Nacionales Nivia Palma aseguró que la reserva Alacalufe será un Parque Nacional, respondiendo a una demanda histórica de la comunidad kawésqar.

Actualmente, el “Alacalufes” es una reserva, una categoría inferior en términos de protección medio ambiental y que permite que operen empresas salmoneras en la zona. La decisión se enmarca en la nueva red de ocho parques nacionales en la Patagonia que anunció la presidenta Michelle Bachelet en marzo.

En junio de este año, a través de la consulta indígena, la comunidad local solicitó formalmente cambiar el nombre de “Alacalufes” a “Kawésqar” y que se reclasificara la reserva, junto a la posibilidad de administrar el parque.

“La presidenta me ha instruido en los últimos días para que efectivamente trabajemos, porque ya estamos ad portas de preparar el decreto correspondiente, aceptando el nombre, aceptando la coadministración junto a las comunidades y para que las autoridades competentes puedan crear al Área Marina Protegida de Usos Múltiples”, afirmó Palma a El Mostrador.

Esto se suma al anuncio de la semana pasada del gobierno, que a través de un decreto cedió la administración del Parque Nacional Rapanui a la comunidad local.

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“Nos enteramos por el anuncio de la televisión. Hemos tratado de averiguar cuál es la situación”, dijo Leticia Caro, representante de la comunidad kawésqar. “Tenemos que tener presente cómo viene la creación de ese decreto. Por lo tanto, estamos alerta”, agregó.

La dirigenta indígena reconoce la movida como una estrategia eleccionaria de la Nueva Mayoría. “Pero lo concreto es que el anunció está y eso es un primer paso”, afirmó.

Sabemos que hay salmoneras a las que no vamos a poder erradicar, pero lo importante es que no se sigan entregando más concesiones en nuestro territorio. Ya es suficiente con lo que existe. La salmonicultura debe emigrar de nuestros canales”, dijo Leticia Caro.

Desconfianza ecologista

Desde movimientos medio ambientales miran con expectación y recelo el anuncio.

Juan Carlos Cárdenas, director de Ecoceanos, cree que lo “informal” con que se ha manejado esto le hace sospechar “que la propuesta va a ser una negociación con los salmoneros”, que hoy tienen intereses en la zona.

“Lo que nos preocupa es que esta informalidad, en términos de la información por parte del gobierno, permita una serie de negociaciones que no son públicas, entre el gobierno y la industria salmonera”, advirtió.

Por su parte, desde Greenpeace ven como “impensado y alentador” el anuncio, el que califican como un “triunfo de un pueblo originario frente a la segunda actividad productiva del país”.

De concretarse, sin duda se convertirá en el caso emblemático de un pueblo y cultura de 6.000 años que ha sido capaz de doblegar a la poderosa industria del salmón en su intento por expandirse ahora en las aguas de Magallanes. David también puede derrotar a Goliat, aunque es claro que la salmonicultura no se rendirá tan fácil y volverá a la carga”, dijo Estefanía González, coordinadora de océanos de la ONG ambientalista.