Todas las alarmas en torno a una próxima catástrofe climática están sonando en el ámbito científico. Numerosos investigadores de las más diversas disciplinas tienen acuerdo en señalar que nos acercamos a una situación de extrema gravedad para la humanidad. Un ejemplo de esto puede hallarse en las afirmaciones de Stephen Hawking con respecto a que nos encontraríamos en el momento de mayor peligro para nuestra especie. Puede destacarse asimismo una reciente carta firmada por más de 15 mil científicos (“Advertencia de los científicos del mundo a la humanidad”) en donde se plantea la necesidad de una respuesta urgente ante la situación climática planetaria.

Hawking viene alertando sobre los graves peligros a los que nos acercamos

¿Exageración? ¡Para nada! La situación actual, cuando recién se ha superado el primer grado de calentamiento global, lo demuestra. Basta con señalar aquí, tal como describe la Organización Meteorológica Mundial en su último informe, la inédita sucesión de huracanes que devastaron Puerto Rico y otros países del Caribe hace algunos meses, la multiplicación de súper incendios que ya han amenazado a numerosas ciudades alrededor del globo (por ejemplo, los que se desarrollaron en Chile a principios de año), la propagación de olas de calor extremas (que ya golpean al 30% de la población mundial) y los 41 millones de afectados por inundaciones en Asia Meridional. Pueden mencionarse igualmente los 760 mil desplazados por sequías en Somalia, los deslizamientos de tierra en Sierra Leona como efecto de las desastrosas lluvias que afectaron a dicho país africano, así como también el hecho de que el 80% de la población mundial que se encuentra hoy en condición de inseguridad alimentaria habite en zonas que serán (y están siendo) altamente impactadas por el cambio climático.

Durante años recientes, tal como señalan una serie de análisis políticos internacionales, la crisis ecológica se ha venido convirtiendo asimismo en uno de los principales factores (todavía incipientes) de desestabilización mundial, habiendo jugado un rol clave tanto en el estallido de la Guerra Civil Siria (antecedida por una sequía catastrófica que produjo un éxodo masivo a Damasco), así como también en el inicio de la actual crisis migratoria europea (alimentada entre otras cosas por el desarrollo de importantes crisis agrícolas en una serie de países de África y Medio Oriente). Del mismo modo, una serie de estudios han planteado la existencia de una relación directa entre el avance del cambio climático y el fortalecimiento de diversos grupos terroristas alrededor del mundo. Un ejemplo de lo anterior sería ISIS, el cual habría basado una parte de su estrategia expansiva en el control de los pozos de agua de numerosas localidades afectadas por fuertes sequías.

La Guerra Civil en Siria fue alentada por el cambio climático

Ahora bien, si recordamos otra vez que recién hemos sobrepasado el primer grado de calentamiento global y que la temperatura del planeta todavía podría aumentar en unos 2, 3 ó 4 grados más durante este siglo, es posible afirmar que los verdaderos problemas de la crisis climática todavía no han comenzado. Lo anterior tampoco constituye una exageración, esto si tenemos en cuenta que las concentraciones actuales de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera habrían rebasado hace algunos años, por primera vez, la barrera de los 400 ppm (partículas por millón), siendo estos niveles los más altos que la Tierra ha visto en los últimos 3 millones de años. Es importante destacar aquí que estos niveles se habrían asociado en el pasado a un planeta con al menos tres grados de calentamiento global por encima de la línea de base del siglo XIX.

Niveles contemporáneos de CO2 en escala geológica

Cabe recordar igualmente que la barrera catastrófica del calentamiento global fue reducida por la última cumbre de Paris (COP21) de 2 a 1.5 grados centígrados, asociándose posiblemente este nivel de incremento al comienzo de una dinámica exponencial impredecible de la crisis ecológica. Otra cuestión que debe tenerse presente para evaluar la magnitud de los cambios climático-geológicos que estaríamos a punto de presenciar es que los niveles actuales de CO2 (superiores a los 400 ppm) habrían provocado en el pasado una subida del nivel de los océanos en al menos 20 metros con respecto a los de hoy, esto como efecto del aumento de las temperaturas globales. De acuerdo al prestigioso climatólogo James Hansen, bastarían sin embargo nada más que unos pocos metros de incremento para producir la desaparición de la mayor parte de las ciudades costeras, hogar de más de un tercio de la población mundial.

Calentamiento global actual (izquierda) y potencial de 4-5 grados durante este siglo (derecha)

En resumen, la humanidad jamás ha presenciado un tipo de alteración medio-ambiental como la que estaría comenzando a desarrollarse hoy. Un aumento de la temperatura global en 3, 4 o 5 grados hacia fines de siglo tendría incluso pocos parangones en la historia geológica, asociándose por su rapidez y magnitud a algunas de las extinciones masivas más violentas del pasado terrestre. Debe tenerse en cuenta aquí que el tipo de cambio climático más drástico hasta ahora experimentado por nuestra especie lo constituye el de la llamada “transición holocénica” (fin de la edad glacial), momento en el cual la temperatura global se incrementó en unos 5 grados centígrados. Ahora bien, dicho aumento se produjo no sólo en un lapso de varios milenios (y no en décadas como podría acontecer hoy), sino que además a partir de una temperatura global media muy inferior a la actual. Tal vez el único caso de una alteración climática de esta envergadura podría encontrarse en la drástica disminución de las temperaturas globales que produjo la erupción del Monte Toba hace unos 70 mil años y que estuvo a punto de producir, entre otras cosas, la extinción total del género humano.

Como vemos la situación no es mala, sino que peor, y aun así se queda corta. ¿Pero qué nos dice la derecha neoliberal y la izquierda marxista en Chile sobre estos grandes peligros a los que nos aproximamos? ¿Cuál es la posición de los supuestamente agudos referentes de la nueva derecha con respecto a los mismos? ¿Qué reflexión realizan acerca de estas “temáticas ambientales” los pretendidamente sofisticados estrategas de la izquierda marxista? ¿Dicen acaso algo? Bien, en este punto podemos señalar, sin temor a equivocarnos, que aquellos nos dicen prácticamente… nada. Preocupados de discutir o bien las “vías de desarrollo” de la economía de mercado para el siglo XXI, o bien la utilidad de uno que otro teórico de la praxis revolucionaria (por ejemplo Gramsci o Trotsky) para tal o cual frente de intervención, aquellos pasan por alto el avance en ciernes de la tal vez más importante, violenta y fundamental crisis de sobrevivencia a la que se ha enfrentado la humanidad jamás. Claro, es tiempo de elecciones y “ofertones políticos”, y la elaboración de un jingle comunicacional o la producción de algún ingenioso spot publicitario (con foto agradable y sonriente incluida) es ciertamente más prioritario (y mucho más “jugoso” en términos electorales) que las discusiones en torno a un posible “fin del mundo”.

La derecha y la izquierda electoral ante la crisis que se aproxima

¿Cataclismo Ecológico? ¡Por favor, es tiempo de volver a Hayek! Es la respuesta del referente derechista. ¿Colapso Planetario? ¡Vamos! ¡Seamos serios y reinterpretemos a Gramsci! Replica el estratega marxista. Ahora bien, tal como veremos con algún detalle en la siguiente nota, la posibilidad de un “fin drástico” de la sociedad contemporánea (gatillado por la crisis ecológica global) es no solamente muy real, sino que se encuentra ya inscrita en la dinámica objetiva (e imparable) del proceso histórico. Y no sólo eso, sino que se prepara asimismo, con fuerza arrolladora, para hacer volar en pedazos (sonrisas electoreras incluidas) todo lo que hemos conocido hasta hoy como capitalismo industrial, esto por ejemplo en el caso de uno de sus pilares fundantes: la lucha de clases moderna.


Master en Arqueología e historiador, coordinador del Grupo de Seguimiento de la Crisis Climática Mundial