¿Cómo nace el proyecto del Ejército Comunicacional de Liberación (ECL)?

El ECL es una cooperativa creativa. Nuestro objetivo es el desarrollo de nuevos imaginarios para el empoderamiento social. En la cultura venezolana, este objetivo se vincula a los preceptos del ejército libertador bolivariano, que no fue una milicia profesional, sino una organización de las masas que se pone al servicio de una causa común, por el bien común. Un episodio de coordinación colectiva que pudo transformar un aspecto de la cultura. Eso define también la manera en la que concebimos la creatividad y el lugar que ésta debe tener en cualquier proceso de liberación. Buscando el cruce entre esos ejes —creatividad y posibilidad de transformación— nos acostumbramos al uso de paredes intervenidas, que es el “sello”, si quieres llamarlo así, del trabajo del ECL durante estos diez años de vida.

En “Alerta que salpica” hay un extenso registro sobre sus trabajos en el soporte mural. ¿Por qué la imagen es el medio que eligen para comunicar sus ideas? ¿Dónde radica su potencia?

Tiene que ver con el origen de la pared pintada. La primera actividad del colectivo, antes de ser cooperativa, antes de ser el ECL, fue hacer un mural. Una pared en la calle es un espacio atípicamente democrático y público, en un contexto donde la privatización y el autoritarismo domina los contextos comunicacionales. La comunicación, en América Latina, es vertical, opresiva y concentrada. La gente, entonces, se ve relegada a un rol pasivo, de consumo. El acto de pintar la pared es una forma muy inmediata de acceder a la posibilidad de empoderarse. El poder de la imagen está en que se explica a sí misma, junto con su impacto inmediato en la conciencia de las personas. Todos los días la publicidad nos bombardea de imágenes, sabiendo que posee este potencial disruptivo, pero poniéndolo al servicio de los deseos de privados. Nuestra intención es reclamar de vuelta la imagen para fines emancipatorios. En ese sentido, estamos experimentando nuevas formas de transmitir nuestras ideas: .gif en internet, animaciones 3D, por ejemplo.

Considerando la situación crítica que se vive en Venezuela, ¿Cómo lo ha enfrentado el ECL?

La primera resistencia es no habernos disuelto. Tuvimos unos años muy prósperos, en los que prestamos servicios como contratistas para el estado Venezolano, en consonancia con el espíritu de la época de oro del chavismo. Nos alcanzaba para subsistir y para impulsar proyectos propios. Es en ese tiempo en el que editamos el libro “Mural y luces”, hicimos una escuela gráfica para la formación de comunicadores audiovisuales con un alto estándar de competencia, a partir del paradigma de la educación popular, revistas y festivales. Pudimos funcionar con un modelo de producción de valor teniendo presente los principios de horizontalidad y la democracia. Con el embate económico contra nuestro país, desde afuera y desde dentro, ese modelo de trabajo entró en crisis. Nosotros aguantamos. No vendimos los equipos ni sacrificamos la integridad del proyecto. Nuestro aporte más sustancial es seguir ejerciendo el modelo cooperativo e insistir en crear imaginarios de emancipación a través del arte.

“Alerta que salpica” es editado en Chile y en él colaboran artistas de distintas partes de Latinoamérica: Costa Rica, Colombia y Argentina, además de Chile y Venezuela. ¿De qué manera se articulan estos vínculos transnacionales y solidarios?

Lo logramos a partir de un objeto muy antiguo. Se llama libro. Cuando el ECL edita “Mural y luces”, en el 2011, yo vivía en Argentina y me enamoré de su contenido. Lo llevé a un par de librerías, lo vendí en un par de ferias independientes y dejé un par de ejemplares en la librería de las Madres de la Plaza de Mayo. Así fue como llegó a gente interesada desde Chile y otros países, quienes escribieron al ECL y, de esta manera, se generan los lazos.
“Mural y luces”, de hecho, es un juego de palabras con una frase de Simón Bolívar que reza “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”.El proyecto bolivariano, nuestroamericano, latinoamericanista es un horizonte de identidad y de deseo que convoca voluntades. Las nuestras y de quienes colaboran con nosotros. Por lo tanto, siempre que aparece cualquier persona, de cualquier parte del continente, interesada en el trabajo del ECL, la política era enviar de regalo todos los ejemplares que quepen dentro de una caja. Todas las redes que tenemos han nacido a través del libro. Por eso decimos, también, que “Alerta que salpica” es más que un objeto, una red. Es producto de los deseos y relaciones que gestaron la obra.

¿Qué esperan de esta visita a Chile?

Varios miembros de la cooperativa venimos desde el mundo de las letras, tanto en la formación y consumo. Una vez que nos juntamos con otras personas, desde el mundo del diseño, cambia nuestra concepción del libro-objeto como un artefacto lineal y comenzamos a trabajar en función de los fines que tenemos para la publicación, reitero, la creación de redes. Ahora hemos hecho un enorme esfuerzo para venir a Chile —considerando que el valor del bolívar, la moneda venezolana, está descoñatadoen virtud del lanzamiento de “Alerta que salpica” justamente porque creemos en la fuerza de las relaciones que nacen a partir de estos encuentros. En Latinoamérica es más importante que nunca aunar las voluntades, desde el mundo creativo, hacia el reconocimiento mutuo, la emancipación de nuestros pueblos y descolonizarnos un poquito.

Alerta que Salpica: Paredes pintadas de América Latina
Asociación Cooperativa Ejército Comunicacional de Liberación
Ocholibros Editores
200 páginas
Precio de referencia: $19.800