Hoy el Frente Amplio (FA) se enfrenta a una coyuntura de difícil resolución: el rol que tomará para la segunda vuelta presidencial.  Muchas voces han expresado, explícita o implícitamente, su disconformidad con lo que reconocen como una ambigüedad. El candidato Guillier ha llamado a la responsabilidad histórica y Marco Enríquez-Ominami, en su hábil persistencia por mantenerse en la política, da lecciones para no cometer errores.

En las elecciones recién pasadas, hemos sido capaces de demostrar una potencia electoral que es indudable. Su política, como toda política exitosa, ha sido capaz de producir sentido en vastas y transversales franjas sociales. Ante una política sorda, el FA ha sabido escuchar. Por cierto, no hemos logrado ser gobierno. Ahora bien, proyectando las demandas de la sociedad, ya ha marcado la pauta y el rumbo de las transformaciones que Chile necesita. Valga la siguiente ambiciosa afirmación: el FA ha iniciado, a paso decidido, un camino para constituirse en dirección política de una parte importante de la sociedad.

El día jueves, la Mesa Nacional de la coalición, en conjunto con su líder indiscutida Beatriz Sánchez, han dado a conocer su posición. En ella expresa su voluntad de ser oposición a cualquiera de los gobiernos que resulte electo y, por tanto, su negativa a negociar cualquier tipo de presencia en el próximo gobierno. Pero, al mismo tiempo, manifiestan su voluntad de diálogo público y abierto, el reconocimiento del retroceso que significa el regreso de Sebastián Piñera a La Moneda, y una interpelación por definiciones sustantivas de parte de la política de la transición.

Pues bien, ante esta decisión, tres reflexiones.

Primero, como ya se ha dicho, la irrupción electoral del FA es también la irrupción de un proyecto colectivo, que proyecta un programa vivo de demandas de la sociedad, con un despliegue territorial nacional y que ha obtenido una relevante representación parlamentaria. Nadie puede asegurar el futuro. Pero esta realidad es indicativa de que es posible pensar que existe proyección de este actor. A diferencia de lo ocurrido con Marco Enríquez-Ominami el año 2009, hay un proyecto por seguir construyendo y fortaleciendo. El error sería, justamente, no preocuparse de seguir proyectando el rumbo que ya se ha venido trazando.

Segundo, en bastantes ocasiones de la campaña de Beatriz Sánchez, y de todas y todos los demás candidatos frenteamplistas, se ha expresado una voluntad transversal: el FA busca construir una política distinta a la que se ha venido haciendo en los marcos de la transición. La decisión es expresión de ello. La Mesa Nacional ha deliberado en torno al marco de discusión que ha otorgado el análisis de más de 100 actas de asambleas territoriales que se han dado a lo largo de Chile y el mundo. Y ha deliberado en torno al principio central de la soberanía ciudadana. Cuando decimos que los votos no nos pertenecen, expresamos en esta coyuntura nuestra voluntad de terminar con una mirada que concibe el apoyo popular como un patrimonio. Es necesario romper con los esquemas de construcción política de la transición. Más allá una interpretación moralista, este es un sentido sustantivo de construcción de otra política, que valora el debate abierto y las definiciones de cara a la ciudadanía.

Tercero, no se trata de analizar de modo aislado los programas de cada candidatura. Legítimamente, algunos podrán decir que el programa de Alejandro Guillier no plantea rupturas sustantivas con el continuismo neoliberal, al tiempo que otros sostendrán que (dada la composición numérica del Congreso) es muy difícil que, si es que Piñera llega al gobierno, pueda llevar a cabo el ejercicio de borrón y cuenta nueva que parecía defender previo a la primera vuelta. Ambas cuestiones son ciertas. Pero ese no es el problema. Nuestra tarea es seguir produciendo sentido con nuestro proyecto, hoy en todas aquellas amplias franjas de la sociedad que hoy reconocen y sienten que con la derecha en el gobierno habrá un retroceso. Se trata, nuevamente, de hablarle a la sociedad. De seguir quitando terreno a la política que los poderosos han respaldado y seguir construyendo apoyo social para el rumbo de transformaciones que ya hemos venido trazando.

No hemos venido a ser una tercera fuerza que cómodamente se instale en el mismo escenario político de la transición. Hemos venido a transformar el mapa. A construir otros clivajes y otros marcos de discusión. No jugaremos el juego que nos quieren hacer jugar.

No se trata de apoyos condicionados. Seguiremos dialogando, discutiendo, interpelando e impugnando. Bregaremos por compromisos que hagan que los cambios que hemos propuesto sean los protagonistas de un próximo gobierno. En atención a aquellas definiciones, sabremos votar en conciencia.

Es cierto. Hoy tenemos una gran oportunidad y una gran responsabilidad. Nuestra responsabilidad histórica es hacer avanzar el rumbo de transformaciones que la sociedad demanda y que el FA ya ha trazado. La sociedad requiere que la política cambie para hacer realidad los cambios que, algunas veces con movilización y otras veces con puro dolor, viene demandando. En esta encrucijada, en donde la ciudadanía pareciera esperar definiciones como las que nosotros ya hemos tomado, ¿de qué lado está la ambigüedad?


Miembro de la Dirección Nacional del Movimiento Autonomista