Piñera con su acusación de fraude electoral cayó lo más bajo a lo que puede caer un contendor en cualquiera sea la disputa, y con su combo maletero de borracho en discoteque, combo lanzado de puro picado cuando cachái que vái perdiendo la pelea, nos denigra a todos quienes participamos de la forma más honesta y limpia en las últimas elecciones presidenciales. No sea ingenuo en su desesperación, en su parche antes de la herida, candidato, no es a Guillier ni a Bachelet a quien usted ensucia con esta acusación sin antecedentes, sin denuncias formales; con esta acusación basada en lo que le dijeron que vieron por televisión, usted humilla al millón trescientos mil jóvenes, adultos y adultos mayores que votaron por Beatriz Sánchez, insulta también a los que hicieron pasar a Guillier a segunda vuelta, a los que confiaron en el resto de los candidatos, e insulta hasta a sus propios votantes ¿o los cree tan tontos como para que se encontraran con un voto marcado por Bea o Guillier y no lo denunciaran ahí mismo, a grito limpio, en masa? ¿Cómo se explica que en ninguna radio ni canal de televisión alguien hiciera una queja siquiera tras salir de la urna? Es patético su actuar, Sebastián, y más patético se ven junto a usted los nuevos héroes de lo renovación de la derecha, como Felipe Kast, apoyando su denuncia prestando su rostro y su silencio cómplice. Nunca pensamos, quienes creemos en este juego de la democracia, pese a todas las consideraciones negativas que tenemos de su persona política, que podría llegar a este extremo de injuriar a su propia república, de denostar a su propia democracia, esta democracia tan incompleta que por lo menos se puede jactar frente al mundo de que sus elecciones sí son del todo limpias. Nunca esperamos que con sus declaraciones se atreviera a llevar nuestro proceso al mismo camino tortuoso, de violencia e inestabilidad al que llevan sus procesos las más rancias derechas latinoamericanas que no le hacen asco a la sangre en las calles con tal de ganar una posición. Es cosa de que miremos cómo tienen a esta misma hora las calles de Honduras los acostumbrados al fraude con represión.

¿Puede tanto la voracidad del poder? ¿Puede tanto la desesperación por el miedo a perder? ¿Acaso tiene encuestas secretas que ya catapultan su segundo lugar? Es esa la señal que da, porque si no, no se entiende. Como sea, ex presidente, el país y su sistema electoral no son acciones con las que se puede especular, nuestros votos no son apuestas en la bolsa por un paquete atractivo, y las urnas no son empresas zombies con las que se puede jugar para lavar lo que a usted no le ha resultado del todo exitoso. Los chilenos no somos sus zombies, no queremos ser sus zombies y no estamos dispuestos a ser agentes pasivos ante el avance de su descontrol. No es culpa nuestra que haya hecho campaña durante meses atemorizando con el demonio de las reformas, sintiendo un triunfo seguro, para luego tener que rogar votos a sus enemigos con las ideas de sus reformistas enemigos en las que no cree usted ni sus amigos. No es culpa nuestra que esté sintiendo cómo se le cierran en los pies las trampas de la falsedad que ahora está pisando, esas trampas que está pisando cuando escucha a su vocero Felipe Kast decir que va a votar en contra de la ampliación de la gratuidad, propuesta que ahora inexplicablemente está en su programa. El mundo al revés. No es culpa nuestra que la derrota inesperada esté acechando sus ojos con el rechazo que la gente le expresa en las calles, en las ferias, en las micros de Valparaíso. Es responsabilidad única de una trampa de la falsedad que usted mismo construyó y de la que ahora no sabe cómo salir.

Pero el tiro le está saliendo por la culata. El electorado chileno no es imbécil, lo demostró en la primera vuelta, no cree en simples eslóganes y globitos de colores. Chile ya no le cree, Chile quiere cambios y progreso, conceptos que no reconoce en sus palabras, y Chile, un país de mayoría democrática y pacífica, se aleja cada vez más de usted como opción al oler en su desplante y acusaciones el hedor de un matón desesperado. El tiro le va salir por la culata porque ahora con más fuerzas los votantes de Guillier, Beatriz Sánchez, ME-O, Goic, Navarro y hasta Artés van a ir a votar en su contra, somos mayoría los que vamos a ir a votar por Guillier no sólo para evitar el retroceso de su política, sino también para defender los propios votos de la primera vuelta, para defender el orgullo del 20% sorpresivo, y también para defender a un país que con todos sus errores y fallas, no queremos exponer al peligro tiránico que significaría el mandato de un hombre que está demostrando ser capaz de traicionar a sus votantes e incluso a sí mismo con tal de demostrar su poder. Le está saliendo el tiro por la culata, Sebastián, porque hoy con más fuerza se unen los demócratas transformadores que perciben el riesgo que implicaría su victoria, como dijo Nicolás Grau, encargado programático de Bea, sector donde están los votos claves para vencerlo: “Aunque tenía mis dudas, lo de hoy las terminó por despejar. Me da miedo que llegue al poder una derecha que está dispuesta a cualquier cosa con tal de ganar, incluyendo inventar fraude electoral. Para detener a esa derecha votaré por Guillier”. Eso provocó el día de hoy la locura desatada de Sebastián. Acusación de fraude electoral: Piñera es un peligro hoy, ahora, y todos debemos detenerlo.


Director Noesnalaferia