Pensar que Piñera pueda ser nuevamente presidente de Chile me provoca un pequeño escalofrío en la espalda que va más allá de su figura. Sí, tengo la peor impresión de él a nivel humano, político y valórico pero si pienso en él a solas en la presidencia, siento desazón y frustración, combinada con la pena de que llegue al poder alguien que no tomará el rumbo que a uno le gustaría, pero no la angustia que siento ante esa posibilidad.

¿Qué es entonces lo que provoca esa electricidad helada que recorre mi espina dorsal? Es la gente que lo acompaña, los que llevan la batuta, los que lideran, los imprescindibles y los más fuertes de Chile Vamos, lo que realmente me da terror es la UDI en el gobierno, más que Piñera con la banda presidencial.

Y para entenderlo es siempre necesario recordar qué es la UDI, y tener claro para empezar a hablar, que cuando uno va a la sede que tienen en la calle Suecia y estrecha la mano con un militante mayor de 65 años, es muy probable que esté hablando con alguien que fue un agente activo de una dictadura que utilizó la tortura, el asesinato y la desaparición de personas como política de Estado, y aunque eso de por sí ya debiera ser más que suficiente, dejémoslo de lado un instante, y recordemos qué ha hecho la UDI en democracia, con ejemplos en los que su bancada parlamentaria votó en bloque:

Se opuso a la creación del Sernac; se opuso a terminar con los niños ilegítimos sosteniendo que para proteger a la familia, los niños nacidos fuera del matrimonio debían llevar un sello en su acta de nacimiento que dijera “ilegítimos”; se opuso a legalizar la homosexualidad. Ojo, no me refiero al matrimonio ni menos a la adopción homoparental sino al solo hecho de ser homosexual. En otras palabras, si una pareja de hombres se besaba en la calle, te podían llevar preso, eso les gustaba. Y atentando contra toda la lógica y el sentido común, se opuso a terminar con el divorcio.

¿Y ahora último? Se opusieron con uñas y dientes a cambiar un modelo educacional que fue impuesto por las armas, cuyo resultado es que la mitad de los chilenos no entienden lo que leen, creando una de las educaciones más segregadas del mundo que como guinda de la torta, tenía instituciones educacionales controladas por inmobiliarias. Querían que ese “negocio” no se tocara.

También se opusieron a terminar con el binominal, al voto de los chilenos en el exterior, y en la sección “no espero nada de ti pero aun así me decepcionas”, se opusieron a terminar con los circos con animales. Podría seguir, por desgracia podría seguir mucho rato hablando de las cuestiones insólitas a las que se han negado, opuesto o impulsado, pero creo que queda clara la película.

Ese partido es el que se llevaría casi la mitad de los ministerios y reparticiones, tendría probablemente el Ministerio del Interior, y a lo menos dos miembros en el comité político del presidente. Un partido con una ideología digna de la década del ’50 (del 1750 para ser más preciso), llegaría a tomarse el control del ejecutivo.

¡Pero pasa lo mismo con Guillier y los comunistas!, responderán algunos aireados. Pero no, no es lo mismo ni de cerca. El Partido Comunista es uno de los más pequeños (sino el más) de la Nueva Mayoría, tiene una baja representación en el parlamento, no formó parte del comité político de la presidenta, y aunque la prensa y la derecha quiera hacer ver lo contrario, no es la voz cantante de la Nueva Mayoría. Tienen opinión y voto, sí, pero no ponen la música, como sí lo hace la UDI. Y además, más allá de andar defendiendo regímenes añejos no democráticos (muy mal ahí en todo caso), en Chile no han hecho ninguna barbaridad al nivel de las mencionadas por la UDI.

Si en vez de la UDI fuera Evópoli el partido líder de Chile Vamos y por consiguiente de Piñera, no sentiría ese incómodo escalofrío, pero si gana Piñera estarán paseándose por La Moneda autoridades y ministros que siguen viviendo en la Guerra Fría, sufriendo de una severa esquizofrenia política que les hace ver comunismo, marxismo y chavismo hasta en la sopa. Si Ángela Merkel (que es de centro derecha) viniera desde Alemania a decir que la educación es un derecho y que garantizar la salud es un deber del Estado, la tildarían de comunista come guaguas, cercana a Maduro y adoradora del líder norcoreano.

En pleno año 2017, un partido como la UDI no puede estar liderando un gobierno, no podemos retroceder de esa manera. Espero que este 17 de diciembre podamos seguir avanzando hacia un país más justo, solidario y desarrollado de la mano de Alejandro Guillier.


Sociólogo y ex candidato a diputado.