Estimado Raúl:

No me conoce, pero es difícil no conocerlo a usted: poeta chileno y premio nacional de literatura el año 2000, militante del Partido Comunista de Chile, y detenido y torturado en el periodo de dictadura militar. Tuvo la suerte de vivir para contarlo, y exponerlo al mundo de la mano de las letras en su obra “El Purgatorio” de 1979. Por esta y un par de otras razones, es usted motivo de una relativa admiración de mi parte.

Sin embargo, la semana pasada decidió hablarle al Frente Amplio, organización en la que participo, sobre lo destructivo que sería un gobierno de derecha para Chile y sobre el error que estábamos cometiendo al no explicitar nuestro apoyo a Alejandro Guillier; el candidato del oficialismo y que, en cambio, le estamos “haciendo el juego a la derecha” (estoy parafraseando, lo sé, pero es eso exactamente lo que su tono paternalista quiso decir).

Hacerle el juego a la derecha puede implicar muchas cosas como, por ejemplo, unirse a una coalición que ha perpetuado -e incluso potenciado- la mayoría de las atrocidades que usted menciona en su columna: la educación y la salud como bienes de consumo, las pensiones de hambre, la militarización de La Araucanía. Me pregunto que hubiesen dicho Luis Emilio Recabarren y Gladys Marín, de saber que su amado partido se uniría el 2012 a la misma coalición a la que perteneció hasta hace poco la Democracia Cristiana.

Hacerle el juego a la derecha es que la privatización más brutal de la salud en nuestro país se haya dado durante el gobierno de Ricardo Lagos, socialista quien, con la reforma de salud y la Ley GES (ex AUGE), aseguró el traspaso de fondos públicos a privados, desmantelando progresivamente nuestra salud pública y condenando a los pobres a morir de enfermedades que no tienen dinero para pagar.

Hacerle el juego a la derecha es no realizar primarias presidenciales, regalar pantalla al show de Sebastián Piñera y Ossandón, y elegir un candidato aletargado como la mejor opción para disputar la presidencia de la República, quien cambia su programa de gobierno de cara a la segunda vuelta como quien cambia de calcetines.

Hacerle el juego a la derecha implica seguir intentando culpar al Frente Amplio por no llamar a votar explícitamente por Alejandro Guillier, en vez de hacer una autocrítica como coalición e intentar, “en la medida de lo posible”, enmendar los últimos errores cometidos. Como si la culpa de una inminente derrota fuese nuestra y no de su crisis interna. Como si hubiesen hecho su mejor esfuerzo por adoptar las condiciones que se merece un anuncio público de tal magnitud (aunque debo ser autocrítica en decir, que tampoco hemos presionado lo suficiente desde este lado. Nuestro escaso tiempo de conformación y la heterogeneidad de composición nos ha jugado en contra).

¿Pero sabe quién no le hace el juego a la derecha? Los movimientos sociales. Aquellos que durante el gobierno de Piñera se levantaron y dijeron “educación gratuita y de calidad”, consigna de la que fuimos parte en las calles y que hoy hacemos nuestra en el Frente Amplio. Aquellos que tiñeron las calles de esperanza gritando “No más AFP”, y que cuyas demandas también incorporamos
en nuestro programa de gobierno. Aquellas -y aquellos- que hicieron que el “Ni Una Menos” se convirtiera en una bandera de lucha para todas quienes hemos sido violentadas en nuestra condición de mujeres, sea de la manera que sea. Y adivine qué; también incorporamos el feminismo en el “Programa de Muchos”. Es esta masa crítica, aquella que ustedes han decidido ignorar y administrar, que se encuentra en parte convocada en nuestro proyecto, que ha decidido anular, votar blanco o incluso no votar este 17 de diciembre. Y no podemos culparles.

Sin embargo, hacerle el juego a la derecha no sólo es no adoptar las demandas del pueblo movilizado señor Zurita, sino que también va en negar que es su coalición misma, la que lleva haciendo el juego a la derecha todos estos años.

Atentamente,
una frenteamplista de base