Desde que terminó la primera vuelta de las elecciones presidenciales, se les ha visto en toda clase de programas y puntos de prensa. Jaime Bellolio acompañando a Andrés Allamand para dar una declaración oficial sobre la definición del Frente Amplio de cara a la segunda vuelta, Paulina Núñez y Marcela Sabat emplazando al gobierno por presunto intervencionismo electoral, Erika Olivera diciendo que un triunfo de Alejandro Guillier podría terminar convirtiendo a Chile en Venezuela.

Es la “selección sub 40” de Chile Vamos que, de cara a esta segunda vuelta, ha desplazado comunicacionalmente a los viejos coroneles del comando del candidato presidencial Sebastián Piñera. Un equipo formado por, además de Bellolio y las parlamentarias ya mencionadas, otros cinco nombres: Luciano Cruz-Coke, Juan Antonio Coloma, Sebatián Keitel, Francisco Undurraga y Guillermo Ramírez.

“En esta recta final solo queda hacer mucho terreno, explicar muy bien las propuestas y mostrar que Chile Vamos tiene una renovación importante, por lo que es un acierto esto de los nueve voceros jóvenes”, asegura Ramírez, diputado electo de la UDI por el distrito 11.

Su elección fue un triunfo simbólico para la disidencia interna de la UDI, ya que logró superar en votación -y, por ende, dejar sin cupo- al actual secretario general del partido liderado por Jacqueline Van Rysselberghe, Pablo Terrazas. Tras el triunfo, pasó a unirse de lleno al comando de Sebastián Piñera.

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Entre los vestigios de propaganda electoral y las recurrentes citas y fotos de Jaime Guzmán que adornan la oficina municipal del diputado Ernesto Silva en Las Condes, Guillermo Ramírez (38) conversó con El Desconcierto tanto de los resultados parlamentarios como la antesala de la segunda vuelta.

—¿Cuáles fueron los objetivos que se planteó este comando renovado para esta recta final? Tomando en cuenta que los resultados de la primera vuelta no fueron los esperados.

—Primero había que marcar una diferencia clara entre lo que sería un gobierno del presidente Piñera y uno de Alejandro Guillier. El primero le ofrece algo muy valioso al país: la certidumbre. En el caso del segundo vemos que su principal defecto, además de sus ideas, es que solo ofrece incertidumbre. En los temas importantes, se ha contradicho varias veces.

—¿Por ejemplo?

—Es cosa de ver sus declaraciones en materia constitucional. En el programa que él entregó en agosto decía que seguiría el itinerario de la presidenta para una nueva Constitución. Algo que nadie entendió muy bien, pero que él quería continuar. En la primera quincena de noviembre dijo que la nueva Constitución se va haría por la vía institucional, mediante el Congreso nacional. Ahora, hace unos días, dijo que habrá una convención constituyente, que se parece harto a una asamblea constituyente y que, si el parlamento no le da el pase para esto, llamaría a un plebiscito. Al final uno no sabe si creerle al Guillier de agosto, de la primera quincena de noviembre o al de la segunda.

—El Frente Amplio ha manifestado que ese tema es fundamental para conquistar a la gente que votó por ellos, al igual que el fin a las AFP y la condonación del CAE.

—En el tema de las AFP ha pasado lo mismo. En agosto dijo que seguiría con la propuesta de Michelle Bachelet, del 5% adicional, con una parte solidaria y otra no, y que lo administrará alguien distinto a las AFP. En la primera quincena de noviembre él habla sobre reemplazar las AFP, diciendo “vamos a transitar a un nuevo sistema creado en democracia”. Y hace unos días dijo que va a acabar con el monopolio de las AFP y que va a haber un sistema previsional alternativo. Es decir, que sí habrá AFP. De nuevo, ¿a qué Alejandro Guillier le creemos? La gente no sabe qué esperar de él y el Frente Amplio tampoco.

—¿No se manifestaron esas contradicciones también en la postura de Sebastián Piñera en educación? Se habla de una voltereta tras su reunión con el senador Manuel José Ossandón.

—Los principios de Piñera no han cambiado. Primero, que sin importar el sistema, el Estado jamás le pagará la educación a las familias más ricas. Segundo, que las personas que tienen gratuidad, no la perderán. Tercero, que el Estado no puede discriminar a los alumnos por la institución en la que están. Cuando el presidente Piñera dice que le dará gratuidad a los Centros de Formación Técnica (CFT) e Institutos Profesionales (IP), está siendo fiel a ese principio que nosotros defendimos con mucha claridad en el Tribunal Constitucional.

—¿Existe esta visión de la educación como un bien de consumo? Sebastián Piñera dijo que lo gratuito generaba menos compromiso.

—Eso es un slogan. La educación cuesta plata, la pregunta es si el Estado tiene que pagársela a todos o no. Existen muchas necesidades y un presupuesto limitado. Cabe preguntarse si seguir avanzando en la gratuidad como un dogma impuesto por el movimiento estudiantil en 2011, o también preocuparnos de otras necesidades: las pensiones, el Sename, la educación inicial. Me parece injusto estar gastando plata en alumnos que ya están en la educación superior y dejar abandonados a niños que ni siquiera llegarán a la educación superior. Nuestra mirada de que el Estado no debe financiarle la educación a todos no tiene que ver con cómo vemos nosotros la educación, sino con qué vamos a priorizar.

—En Tolerancia Cero, Felipe Kast dijo que no apoyaría la ampliación de la gratuidad en un 90% a los estudiantes más pobres de carreras técnicas.

—En la centro derecha nos tenemos que empezar a acostumbrar a tener divergencias. Me parece completamente válido lo que dijo Felipe Kast y que el senador Ossandón tenga otra postura. Lo relevante es cómo vamos a tomar decisiones desde nuestras diferencias.

—¿Personalmente votaría a favor de ese proyecto? 

—Tengo que ver primero el detalle. Mientras respete los principios, lo voy a apoyar. Pero yo estaría a favor de ampliar la gratuidad a los CFTs e IPs porque han sido objeto de una discriminación inaceptable.

Guillermo Ramírez y Sebastián Piñera

“Lo que espera (el Frente Amplio) de la política es infantil”

“La fortaleza del Frente Amplio no está en sus ideas, que son viejas y añejas. Lo que genera atracción son liderazgos carismáticos, una forma de hacer política más cercana a la gente, más transparente, más horizontal, que se combina con un hastío de la población hacia los políticos tradicionales”, dice Ramírez sobre la coalición que obtuvo un 20,27% de los votos en la primera vuelta de la elección presidencial.

La candidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, hace unos días en entrevista con El Desconcierto se había mostrado en un periodo de reflexión respecto a su voto. Sin embargo, las denuncias que ayer hizo Sebastián Piñera de presunto fraude electoral en la primera vuelta terminaron gatillando que, a las 9 de la noche, Sánchez diera una declaración a título personal en la que manifestaba que votaría por Alejandro Guillier.

—¿Qué le pareció la definición del Frente Amplio de cara a la segunda vuelta?

—Desde la perspectiva de Guillier, es una estocada al corazón de su campaña, mientras que desde la del Frente Amplio es la confirmación de que su proyecto político pasa por remplazar a la Nueva Mayoría. Desde la perspectiva nuestra, confirma que el Frente Amplio es un adversario en serio, con vocación de poder y mirada de largo plazo.

—En Chile Vamos sacaron cuentas alegres de que no se diera el apoyo explícito. ¿Fue motivo de celebración, pese a la alusión a Sebastián Piñera como un retroceso?

—No esperábamos que se refirieran de modo distinto a nuestro candidato. ¡Si es obvio que tenemos miradas opuestas de lo que Chile necesita! Pero celebrar, nada. Las celebraciones vendrán después si es que ganamos. Y será breve porque hay mucha pega que hacer antes de asumir el gobierno.

—¿Y cómo vieron la declaración de Beatriz Sánchez ayer de que votaría por Guillier?

—Ya no se necesitan más pruebas para entender que, si el centro político pesó poco en el gobierno de Bachelet, en un eventual gobierno de Guillier no pesará absolutamente nada. Esperábamos este respaldo de Beatriz Sánchez hace muchos días. Porque sabemos que son muy amigos y porque vemos que a Alejandro Guillier no le interesa el centro político, por lo que a puertas cerradas se va a terminar comprometiendo a todas las reformas muy de izquierda del Frente Amplio.

—¿Fue un error la denuncia que hizo Sebastián Piñera sobre presunto fraude electoral? Jacqueline Van Rysselberghe lo calificó de innecesario.

—El presidente Piñera jamás habló de fraude electoral, sino de votos marcados. Hay más de 15 medios de comunicación de este país que así lo informaron. Lo de Beatriz Sánchez es una excusa para vestir su voto de cierta ética. Pero lo que hay es un cálculo electoral y una constatación de que un gobierno de Guillier sería muy de izquierda y donde el centro no tendría ningún espacio.

—¿No comparte que haya sido innecesario?

—Yo hago un mea culpa, como vocero debería haber hecho esa declaración para que no tuviera que hacerla el presidente Piñera.

—Tras la declaración, esta mañana Sebastián Piñera comparó al Frente Amplio con unos niños.

—Lo que el presidente Piñera dijo es que los niños piden de todo sin importar lo que cueste. En ese sentido el Frente Amplio se comporta como niños, porque piden cosas imposibles de satisfacer porque no existen los recursos para hacerlo. Lo que esperan de la política es infantil y no es propio de un adulto que sabe lo que las cosas cuestan y de que no todo se puede obtener de forma inmediata.

—¿Cuál es el rol que ve para ese conglomerado con la nueva bancada que tiene?

—Yo creo que el Frente Amplio tiene futuro, no creo que vaya a desaparecer en la próxima elección. La pregunta real es cuánto se va a demorar la Nueva Mayoría en renovar sus caras y su discurso para frenar el crecimiento del Frente Amplio, que crece a costa de ellos. Hoy los demócratas cristianos, los Ricardo Lagos, el PPD y el PS deben estar lamentándose de que no formaron a ningún joven a quien entregarle la batuta de sus ideas. Hoy día son ellos, los antiguos, los que tienen que hacerle frente a un nuevo movimiento político y que tiene caras nuevas.

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Financiamiento irregular de la política y elecciones: “La UDI estuvo más en la palestra y fue el partido más perjudicado”

Hasta después de la segunda vuelta se postergó la incómoda discusión interna de la UDI respecto sus resultados en las últimas elecciones parlamentarias. Desde 2001 que era la primera mayoría a nivel de la Cámara de Diputados y, en la actual composición de esa instancia, tenía el doble de parlamentarios que Renovación Nacional.

Previo a las elecciones, Ramírez hizo una estimación que echaba por el suelo las aspiraciones de la mayoría parlamentaria por parte de Chile Vamos. Desde su partido desestimaron las proyecciones confiando en un mejor resultado pero, salvo en el caso del Frente Amplio y en el detalle de algunos partidos de la Nueva Mayoría, lo proyectado no se alejó mucho de la realidad.

—¿Cómo se explica que la UDI, habiendo 35 nuevos diputados en el Congreso, haya aumentado solo un escaño?

—Lo primero a tomar en cuenta es que en este nuevo sistema electoral no basta con un solo candidato competitivo. Renovación Nacional entendió mejor eso. En segundo lugar aprendimos que la gente está ansiosa de nuevas caras, algo que tenemos que tener en cuenta. Antes era normal que un parlamentario que saliera electo dijera “aquí me quedo”, tal como el tango “20 años no es nada”. Hoy los ciclos son mucho más cortos y por lo tanto nosotros, nuevos diputados jóvenes, no tenemos que perder de vista que tenemos que buscar a reemplazantes y caras nuevas desde ya. Tenemos que tener esto en vista, hacer una crítica luego de la segunda vuelta y ver cómo enmendamos el rumbo para que nos vaya bien en la próxima elección.

—¿Cuánto cree que pesaron los casos de financiamiento irregular de la política en la elección?

—Mucho. Todos los partidos fueron manchados por estos casos y han sido los partidos más afectados por las bajas en estas elecciones. Obviamente la UDI estuvo más en la palestra y fue el partido más perjudicado, eso obviamente nos influye. Lo que tenemos que hacer es recuperar la confianza.

—¿Cómo viste tu caso personal en el distrito 11? Es ilustrativo con lo que pasó en Chile Vamos, con RN sacando a todos sus candidatos, Evópoli sorprendiendo con uno y la UDI sacando menos de lo esperado.

—Yo me siento como ese jugador de fútbol que mete tres goles pero que su equipo pierde 4-3. Esa noche estaba muy feliz con mi desempeño, pero estaba muy triste por ser el único diputado electo. Siempre pensé que seríamos dos, junto a Pablo Terrazas.

—En la campaña fuiste el tercer candidato a nivel nacional en liderar aportes de los directores de grandes empresas.

—Llevo mucho tiempo en política. Le fui a tocar la puerta a las personas que yo creo que piensan igual que yo. Muchos de ellos me ayudaron y muchos otros no. Al final la recaudación está directamente relacionado con un tema de gestión. Hay que estar llamando a todos los familiares, amigos, ex compañeros de colegio y universidad, y sufrir la humillación de que cada tres personas, dos te dicen que no. Yo me siento orgulloso de haber recaudado lo que recaudé, no me siento acomplejado. Por otro lado, tengo la tranquilidad de haber hecho todo de manera transparente, recaudando por el Servel.

—A la misma presidenta de la UDI la ha afectado su relación con las empresas pesqueras. ¿Cómo ves la sensación que se genera respecto a los intereses que podrían mover ese financiamiento?

—Yo me mantendré, como en toda mi vida, absolutamente independiente, de acuerdo a lo que aprendí en Harvard, a mi conciencia y lo que considere mejor para el país en ese momento. Cualquier persona que intente influir indebidamente sobre mí, se encontrará con un portazo en su cara. No tengo problemas en decirlo.