Los resultados de la primera vuelta y de las parlamentarias echaron por el suelo dos tesis que sostenían importantes sectores de los partidos políticos tradicionales empresariales. Por un lado, se derribó la teoría de la Democracia Cristiana y del “laguismo”, que sostenía que existía una necesidad de “moderación”, de vuelta al centro, y de retorno nostálgico de la vieja Concertación. Los magros resultados de la DC en diputados y el pésimo desempeño de Carolina Goic, que luego se tradujeron en la aceleración del desangramiento del partido democratacristiano, son muestra de aquello.

Por otro lado, otro derrumbe, y quizás el que generó mayores repercusiones mediáticas, fue el de la tesis sostenida por la derecha insoportablemente triunfalista, que pregonaba a través de sus voceros, medios de comunicación y encuestas amañadas que “Chile” giraba a la derecha, que la población no quería cambios y que Sebastián Piñera ganaría cómodamente, preparándose para triunfar caminando en segunda vuelta.

Todo eso se desmintió con los resultados electorales en mano. Y la discusión pública pasó de “el giro a derecha”, el “proyecto modernizador capitalista”, a nuevamente las demandas históricas de los movimientos de estudiantes, mujeres y de trabajadores. No + AFP, educación gratuita y tantas otras demandas se tomaron el centro del debate al finalizar las elecciones primarias y comenzar el debate respecto a la segunda vuelta entre Guillier y Piñera.

Es que el “sorpresivo” resultado electoral de Beatriz Sánchez y del Frente Amplio, que sumado a las candidaturas de la centroizquierda superaron a la derecha de conjunto, muestran algo muy claro: de la población votante, una importante mayoría quiere avanzar en transformaciones sociales, y se sienten ligados a demandas que han estado enarbolándose en las calles estos últimos años.

Ahora, con esos resultados y en la segunda vuelta, el Frente Amplio tiene un importante desafío, pero ha demostrado no estar a la altura. La superación del neoliberalismo, que ha sido masivamente impugnado, lo que se vio reflejado en estas elecciones, no se resolverá con reformas graduales pactadas con la Nueva Mayoría. Por eso, el Frente Amplio equivoca el camino al hacerle guiños a Guillier de todo tipo. Ya planteó que, si bien no invitan a votar por el candidato del oficialismo abiertamente, sí hacen un llamado a votar en la segunda vuelta, marcando que Piñera es un retroceso. Y una serie de sus principales dirigentes han dicho explícitamente que votarán por Guillier en los medios, por ejemplo, Sebastián Depolo de Revolución Democrática.

Además, una serie de colectividades frenteamplistas dieron “libertad de acción” a sus votantes y militantes para la segunda vuelta (entre ellas el Partido Poder, el Movimiento Democrático Popular y el Partido Humanista).

Al mismo tiempo, y previo a la decisión emitida este jueves 30 de noviembre, sus principales referentes (Boric, Jackson y Sharp) se han centrado en exhortar públicamente a Alejandro Guillier a que convenza al electorado del Frente Amplio, invitándolo a tomar elementos programáticos de su coalición, los cuales, dicho sea de paso, han sido negados históricamente tanto por la Concertación como por la Nueva Mayoría.

A su vez, Izquierda Autónoma plantea 9 puntos de acuerdos con el oficialismo para entregar su apoyo, entre ellos, una “salida constitucional al neoliberalismo”. El problema es que la salida del neoliberalismo no será con la Nueva Mayoría y sus partidos, llegando a acuerdos constitucionales con ellos.

Desde el anticapitalismo nos ponemos el desafío de cómo superar al neoliberalismo efectivamente, pero también de no detenernos ahí, y avanzar a cuestionar el sistema social de conjunto, al capitalismo y sus miserias, luchar contra el hecho de que un sector de la sociedad se enriquezca a costa del sudor de las grandes mayorías trabajadoras, a que el desarrollo económico esté supeditado a las ansias de ganancias y enriquecimiento de estos grandes empresarios y a que la sociedad esté organizada de una forma totalmente poco democrática, donde esas mismas grandes mayorías poco pueden decir ni decidir.

Por lo tanto, aquí de lo que se trata es cómo organizar a esos cientos de miles de votantes, a los amplios sectores que no votaron, y ponerlos en movimiento para desarrollar una fuerza social organizada en las calles, en sus lugares de trabajo y de estudio, que se proponga no sólo romper en su confianza con las falsas promesas de la Nueva Mayoría, sino que también hacerle frente a la derecha, a los grandes empresarios y en definitiva, ir por la conquista íntegra de las principales demandas que se han puesto en la palestra del año 2011 a la fecha, y desde ahí pasar a cuestionar el modelo neoliberal y el sistema capitalista, para plantearse la posibilidad de una sociedad donde la vida y el bienestar humano estén al centro y no la ganancia de unos pocos, y donde sean las grandes mayorías las que decidan democráticamente el rumbo de la economía.

A su vez, entendemos y vemos claramente que el verdadero opositor al gobierno de Piñera fue el movimiento estudiantil. Lo que buscó de fondo la Nueva Mayoría en su primer gobierno fue sacar el debate de las calles, vaciarlas, domar al estudiantado, bajar el nivel de luchas sindicales que iban en aumento, cooptar las demandas. Los partidos empresariales reconocen ahí, en esos fenómenos, la principal oposición y el principal peligro para el modelo heredado de la dictadura militar.

Hoy el Frente Amplio, con una bancada de 20 legisladores, tiene una oportunidad privilegiada para utilizar todas sus herramientas en pos de retomar el camino que abrieron las importantes movilizaciones del 2011 en adelante. Y para eso es fundamental partir de la base de ninguna confianza en Guillier, Bachelet ni los personajes reciclados de la ex Concertación.

Desde la izquierda que nos referenciamos con el anticapitalismo, electoralmente sacamos un balance muy positivo, ya que en el distrito 10 fueron más de 7.500 personas las que confiaron en nuestra alternativa, un resultado sorpresivo, que mostró la apertura de amplios sectores a ideas que se proponen una sociedad claramente de ruptura con el capitalismo, los empresarios y los partidos tradicionales.

Con esos resultados en mano, nos planteamos el desafío con más fuerza que antes, de levantar un proyecto anticapitalista, que muestre una alternativa que se proponga enfrentar a la derecha y a la Nueva Mayoría, que vaya más allá de la superación únicamente del neoliberalismo, y que en ese camino sea un factor en la tarea de poner en movimiento y en despliegue los ánimos transformadores que se reflejaron en estas elecciones. Ese es nuestro objetivo.