1. Venezuela 2013: Henrique Capriles

La muerte de Hugo Chávez en marzo de 2013 se dio cuando el caudillo recién había ganado las elecciones para su cuarto mandato, por lo que en abril se tuvo que realizar un nuevo comicio para definir el presidente que continuaría este mandato hasta 2019.

El día 14 de abril de aquel año, el gobernador de Miranda y líder opositor, Henrique Capriles, se enfrentó en las urnas al padawan preferido de Chávez, su canciller Nicolás Maduro. Ganó el chavista, aunque con una ventaja mucho menor de lo esperado: fueron 222 mil votos más, lo que en términos porcentuales significó un 50,61% para el oficialista contra un 49,12% de su contrincante.

Capriles no aceptó aquella derrota estrecha y cuestionó los resultados, aunque sin dar detalles de su denuncia. Luego le pidió a sus seguidores que fuesen a las calles manifestar que no aceptarían las cifras. El llamado generó confrontación en las calles entre adherentes de las dos coaliciones, que llegaron incluso a las balaceras. La jornada terminó con ocho personas muertas por balas, al menos seis de ellas chavistas. También hubo protestas violentas de opositores en frente a la sede del canal de noticias TeleSur, acusado de chavista por algunas figuras de la Mesa de Unidad Democrática (MUD, coalición de Capriles y referente de la derecha venezolana). Un adelanto de lo que viviría el país en los años siguientes.

Durante la semana post comicios la oposición insistió con el recuento de los votos, por lo que el Consejo Nacional Electoral de Venezuela (CNE) realizó una auditoría a los datos —en Venezuela el voto es electrónico—, la cual no encontró inconsistencias capaces de cambiar el resultado. Capriles tampoco aceptó esa decisión y siguió llamando a manifestarse en contra del gobierno de Maduro.

En 2014 esas mismas protestas pasaron a ser más violentas, sobre todo las convocadas por Leopoldo López, aliado de Capriles que defendió abiertamente la desestabilización del país como estrategia política. Hoy, por estar detenido, es considerado un referente democrático por la derecha sudamericana e incluso por algunas figuras de la centroizquierda chilena.

Lo curioso es que Capriles promovió toda una crisis política por una diferencia de votos de 222 mil en favor de Maduro en 2013, siendo que él mismo, cuando fue elegido al gobierno del Estado de Miranda cuatro meses antes, venció a Elías Jaua —otro padawan de Chávez— por mucho menos (45 mil votos). En ese entonces ni él, ni la prensa ni el chavismo reclamó fraude.

2. Brasil 2014: Aécio Neves

El día 26 de octubre de 2014 fue muy duro para la derecha brasileña. Los primeros cómputos del conteo de votos, casi todos desde los estados del sur del país, daban a su abanderado Aécio Neves como ganador pero, a medida en que llegaban los resultados del norte, Dilma Rousseff se acercaba, hasta que los dio vuelta. Cabe destacar que la ventaja de la derecha en el sur y de la izquierda en el norte, que generó esa sensación de remontada, ha sido lo normal en todas las elecciones presidenciales brasileñas de este siglo.

Al final la derecha fue derrotada por el Partido de los Trabajadores (PT) por cuarta vez consecutiva, la segunda vez en manos de Dilma tras otras dos ante Lula da Silva.

La diferencia en favor de Rousseff fue cercana a los 3,5 millones de votos. Como en el caso venezolano, el porcentaje era un dato más favorable a la tesis de la estrechez del resultado, porque decía que Rousseff tuvo 51,6% mientras Neves quedó con 48,3%. Con la prensa local reforzando la idea de que Dilma ganó “por poco”, el opositor decidió no reconocer los resultados electorales.

Como en Venezuela, la derecha pidió auditoría a las urnas —en Brasil el voto también es electrónico— pero obtuvo el mismo resultado: no hubo irregularidades.

Neves no quedó satisfecho y declaró la guerra política contra Dilma Rousseff. Definió una agenda de confrontación al gobierno en el Congreso, basado en las llamadas “pautas bomba”, incrementos extras al presupuesto con la intención de crear problemas al gobierno de turno. En julio de 2015 Neves ya hablaba en “no permitir que Dilma cumpliera su mandato”.

Fue lo que sucedió. Gracias al golpe de Estado impulsado por Michel Temer y Eduardo Cunha, Dilma Rousseff dejó de ser la presidenta de Brasil, en una maniobra que contó con fuerte apoyo del senador Aécio Neves y todo su partido, el Partido Social Demócrata Brasileño (PSDB), el más grande referente de la derecha neoliberal del país —pese a su nombre—, que incluso ganó ministerios en el nuevo gobierno, incluyendo la cancillería.

Sin embargo, el senador también sintió los efectos de su política de confrontación, con su popularidad siendo mucho más afectada que la de la misma expresidenta. Además, empezaron a acumularse varias denuncias en contra suya en el marco del Caso Lava Jato, referente a corrupción durante su gestión como gobernador del Estado de Minas Gerais (entre 2002 y 2010), las que culminaron con el Caso Friboi/JBS en mayo de este año, cuando él y el presidente Temer fueron mostrados solicitando coimas al empresario Joesley Batista.

En julio fue la última vez en que Neves apareció en un sondeo presidencial, cuando tenía solamente 1% de apoyo. Al mes siguiente, el Congreso votó por mantener su foro privilegiado, impidiendo que fuera juzgado por el STF (Supremo Tribunal Federal) por las denuncias de corrupción en su contra.

3. Argentina 2015: Mauricio Macri

El caso argentino fue el más parecido a lo que pasa ahora en Chile porque fue una denuncia previa. Ante el favoritismo del candidato kirchnerista Daniel Scioli, personeros de la coalición macrista Cambiemos -entre ellos la candidata a vicepresidenta Gabriela Michetti solían hacer declaraciones alusivas a un posible fraude electoral, aunque sin especificar cómo, solamente levantando la sospecha-.

Sin embargo, ante los resultados favorables a Mauricio Macri en primera vuelta -perdió con Scioli, pero por diferencia de solamente 700 mil votos- esas acusaciones fueron abandonadas y se adoptó un discurso triunfalista a partir de entonces. Cuando el candidato ganó la segunda vuelta -por diferencia de 600 mil votos- nadie más hablaba de fraude, incluyendo a los grandes medios de prensa.

Lo curiosos es que sí hubo situaciones mucho más raras y con indicios importantes en las primarias de las elecciones legislativas de este año, en contra de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, candidata al Senado. La desconfianza se generó sobretodo por la lentitud en entregar los cómputos en la Província de Buenos Aires, en donde competía Kirchner. El resultado final tardó casi dos semanas en conocerse, mucho más que lo normal — aunque eran elecciones primarias, por lo que no da para compararlo con lo que se ve ahora en Honduras.

4. Ecuador 2017: Guillermo Lasso

Este caso tiene un poco de las dos formas de uso del fraude como retórica electoral, porque el abanderado de la derecha Guillermo Lasso empezó con la denuncia previa, al igual que Macri y Piñera, diciendo que temía por un fraude electoral en el ballotage contra Lenín Moreno.

En el 2 de abril, según el conteo rápido del CNE (Consejo Nacional Electoral de Ecuador) Moreno superó a Lasso por poco más de 200 mil votos. Pero Moreno no aceptó el resultado basado en los resultados no oficiales entregados por una encuestadora, que lo daban por ganador.

La coalición de Lasso también reclamó de la caída del sitio web del CNE durante el recuento de los votos, lo que causó sospechas, aunque las diferentes delegaciones de observadores, incluyendo de la OEA (Organización de los Estados Americanos) confirmó que no hubo inconsistencias en los resultados, pese a ese problema. De todas formas, Lasso tampoco aceptó la victoria de Moreno, al igual que Capriles y Neves.

La ironía también se hizo presente en este caso, ya que la porfía de Lasso no abrió el camino a una crisis política como pasó en Venezuela y Brasil, pero fue la propia alianza oficialista la que generó su crisis, tres meses después de los comicios con el quiebre de relaciones entre Moreno y el ex presidente Rafael Correa.

5. Chile 2017: Sebastián Piñera

Todavía es temprano para afirmar que efectos electorales tendrá la denuncia de Piñera de los votos marcados, aunque logró llevar el Frente Amplio a entregarle un apoyo mucho más contundente a la candidatura de Alejandro Guillier.

Sin embargo es comprensible la reacción de Beatriz Sánchez, justamente por tomar en cuenta los casos recientes en el continente. Los políticos sudamericanos que fueron por ese camino llevaron a un escenario de confrontaciones políticas e ingobernabilidad.

El panorama actual apunta a que el resultado del 17 de diciembre debiera ser estrecho, para un lado o  para otro, aunque puede cambiar mucho hasta allá. Nadie puede dudar de la posibilidad de que gane Piñera, pero su derrota también no sería nada sorprendente, y esa posibilidad solo se podría dar por una diferencia estrecha.

La duda es si eso pasara, si estaría dispuesto a aceptar un posible fracaso o trataría de revertirlo por secretaría.

En dos semanas más quizás lo sepamos.