Luca Bocci tiene cara de niño. Una cara que no pega ni junta con las melodías de su guitarra o con el imaginario de sus canciones o con su corta pero prometedora carrera musical. Y es que todo lo hizo antes, como esas leyendas del rock que a los 27 años cargan con una fama mundial. A los 6 años ya tocaba guitarra, a los 13 armó su primera banda -de punk-, en lo que acá sería cuarto medio decidió abandonar el colegio porque sentía que estaba perdiendo el tiempo, formó el grupo Alicia y a los 21 lanzó su primer disco solista, Ahora. Es un clásico del rock argentino, con toques de pop y blues, que podría ser de hace treinta años pero que fue producido con una estrategia de un nativo millennial: lo grabó en su casa y lo subió entero a YouTube.

A ocho meses de eso, tiene 393.143 visualizaciones, suena en radios nacionales, ya hizo su primera gira latinoamericana que incluyó México, Ecuador y Chile y está dentro del line up del próximo Lollapalooza de Argentina, en marzo de 2018.

El mendocino es uno de los impulsores de una nueva camada de bandas argentinas que están cambiando la escena musical del país vecino, conocidas como Manso Indie. En el caso de Bocci, el impacto ha sido fuerte: lo han comparado ya con grandes como Luis Alberto Spinetta, Charly García y Fito Páez.

El pasado sábado 2 de diciembre tocó por primera vez en Chile, en el marco del Festival Nuevo Verano, junto a The Golden Papets, en un Teatro Cariola lleno. Al otro día, fue el invitado estrella de una tocata organizada por Sello Cazador y Ediciones Cactus, con un público que coreaba todas sus canciones. Cuando terminó, después de prenderse un cigarrillo, concedió esta entrevista a El Desconcierto y Antenna Fractal. Acá abajo el resumen escrito de la entrevista y al final el podcast con la conversación completa.

/ Instagram: @sa_pequeno

—¿Cómo se hizo conocido tu disco?
—No hicimos marketing ni trabajo de redes, salimos muy de la nada y sin nada de plata ni de producción. Yo grabé el disco en la casa, con la compu de un amigo que estaba rota, me hice una cuenta de YouTube para subir el disco y fue eso. Explotó como un volcán pero no puse un peso.

—¿Cómo ha sido volverte famoso de pronto?
—Es fuerte, pero también es un desafío, un test que te hace la vida, para ver si te lo merecés, si realmente estás a la altura. Es difícil porque se te acercan miles de empresarios a ofrecerte lo que siempre soñaste, pero ahí es donde tenés que saber qué es lo que realmente querés: querés ser millonario, querés ser el número uno… entre todas esas variantes tener que elegir. Y qué es lo que estás dando a cambio, porque si vos me das toda la plata o todo el conocimiento y el estudio que yo quiero y las herramientas que yo quiero pero a cambio de eso me quitás mi libertad, tengo que saber qué es lo más caro. Hay que ser buen negociante en ese sentido. Te están dando todo pero tú le estás dando todo. Hay muy poca gente dispuesta a entregar eso, cuando lo entregás tenés que saber a quién se lo entregás y por qué. Yo prefiero entregárselo a la gente.

—Hay una ola sub 25 de artistas jóvenes latinos que están haciendo música. ¿Te sientes parte de esa camada millennial que ha surgido por las redes?
Sin duda. Pero es muy importante saber lo que dejás de lado para obtener lo que obtenés. Para un artista es mucho más fácil tirarse un fan page y dejar de lado un montón de cosas para obtener los miles de seguidores, pero cuando lo hacés de otra forma es más auténtico, es más real y perdura.  Si no, tu imagen o lo que vos vendés de vos mismo termina siendo más fuerte que lo que vos realmente sentís de eso.

—En Argentina, ¿te paran en la calle para sacarte fotos?
—Todo el tiempo. Ahora tengo una responsabilidad de qué hacer con ese interés que generé en la gente, porque ese interés es poder. El 60% de mis fans son menores de edad y con esa gente es con la que más influencia tenés. En todos estos años muy pocos artistas han tenido el cuidado con la gente joven, con esa gente que es pura. Gente que te ama y que daría cualquier cosa que le digas, ¿me entendés? Entonces tenés que ser muy firme de saber qué decirles o qué aconsejarles.

—Ese reconocimiento que tienes, ¿lo usas de alguna manera para influir en términos ideológicos? Para posicionar temas como el género o la política.
—Siempre cuando uno sea auténtico y sincero con lo que uno se dice a sí mismo y a los demás. Soy una persona muy marcada ideológicamente y tengo ideologías muy fuertes. Inevitablemente si mi pensamiento se expande eso me va a llevar a una determinada corriente o lucha o compromiso.

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—¿Cómo dirías que es tu ideología? ¿Tienes referentes?
—Hay muchos referentes, pero yo creo que la ideología de hoy es la de hoy. No sirve pensar o comparar con corrientes anteriores, como todo lo que pasó en los años ’60. Todo eso es anticuado, como el mismo verso de “sexo, drogas y rock and roll” o “paz y amor”. No existe la paz y existe el amor, pero hay que encontrar una nueva corriente, no nos podemos encasillar en una que ya ha existido. Yo nací en el vacío del 2000, cuando no hay ideologías, cuando las ideologías se han caído. Lo que representa mi postura es marcar una nueva fractura en el pensamiento, ser la nueva generación de pensadores. Después de aquí a 50 años lo encasillarán y le pondrán nombre, pero creo que es algo nuevo, actual y muy urgente, porque se viene la guerra mundial encima, porque falta el agua y la comida.

—¿Nunca pensaste en estudiar en la universidad?
—No. De hecho no terminé la escuela, porque sabía que me iba a ir bien en la música entonces sabía que no me hacía falta. Estaba perdiendo el tiempo, me empecé a aburrir, no me costaba entonces sentía que lo que me estaban enseñando no me servía. En esa época de mi vida también leía mucho, entonces estaba más metido en lo que estaba leyendo.

—¿Qué leías?
—Empecé a leer literatura argentina, como Robert Arlt y Luis Borges. También leí mucha literatura norteamericana. Y a Roberto Bolaño. De él leí Los detectives salvajes, que es súper intenso, no lo terminé de captar del todocomo todos los libros que leí en esa época de mi vida. Leía medio compulsivamente y no terminaba de entender, pero igual me fascinaban. Ahí me di cuenta de que no tenía nada que hacer en la escuela, que tenía que ensayar música todo el día y estar todo el día tocando y componiendo. Apenas deje de ir a la escuela me fui a vivir solo y empecé mi carrera. Estuve un tiempo de mozo, de camarero, hasta que me di cuenta de que prefería morir de hambre y hacer música.

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—¿Qué pensaban tus papás de tu vida punk?
—Por suerte me entendieron y me dieron el sí, siempre y cuando les demostrara que estaba en el camino “correcto”. Ellos son bastante convencionales, ambos empleados en empresas, pero siempre nos dieron mucha bola en lo que queríamos ser y en cómo nos sentíamos. Supieron priorizar lo que nos estaba pasando emocionalmente. Obviamente les debe haber costado entender que su hijo se drogara y se vistiera como mujer, pero después se acostumbraron. También entendieron que mi rebeldía no era una cuestión absurda. Siempre tuve mis fundamentos a la hora de hacer lo que hacía y era parte de mi búsqueda. Desde muy chico tuve una identidad marcada y a veces mis papás se paralizaban con las cosas que les planteaba, como que yo me drogaba y estaba bien drogarse, y cómo les daba vuelta el mapa diciéndoles que ellos tomaban alcohol y que al fin y al cabo es lo mismo. A los 16 años los convencí de darme un permiso notarial para venir al Lollapalooza a Santiago cuando tocaba Bjork. Recuerdo que me drogué mucho en ese viaje.

—Ya habías probado drogas a los 16.
—Sí, de todo. Estuve mucho en el mundo de la calle y del skate y del punk, con gente de baja calaña, que también es gente que sabe un montón. Aprendí mucho en la calle. Obviamente cuando sos chico no medís y lo hacés todo un poco para encajar y para transgredir y otro poco porque estás probando cosas nuevas. Pero también aprendí a ver hasta qué punto estaba bien y hasta qué punto no, en un entorno que es muy autodestructivo. Es importante poder esquivar y no quedarte en ese loop de sexo, drogas y rock and roll; poder entender que eso también es un estereotipo.

—¿Te sigues vistiendo de mujer?
—Hoy en día no lo hago tanto porque me cansó un poco la situación de tener que estar todo el tiempo confrontando. Lo hago cuando estoy muy seguro de mí mismo. Cuando era más chico lo hacía como una provocación absoluta, me gustaba pensar que cualquier tipo podía agredirme por vestir así y me alimentaba de eso, de esa gente que no entendía y se violentaba. Salía a comprar o iba a lo de mi novia vestido de mujer. Caía en su casa con una minifalda y medias caladas y sus padres eran supercatólicos.

—¿Es un cuestionamiento sobre los estereotipos de género?
—Sí, obvio, siempre estuve muy pendiente de la cuestión del género y de cómo uno podía elegirlo. En ese momento sentía que había algo femenino en la identidad masculina que uno tiene que desarrollar para ser más completo. Y hay gente que reprime tanto eso que va muriendo de tristeza o se termina volviendo perversa; si no dejas que tu sexualidad aflore, todo eso te empieza a comer por adentro y te enfermás. Hay personas que nunca han podido tener una expresión más sincera con su sexualidad y eso se vuelve irreversible cuando eres adulto. Es difícil para ambos géneros replantearse eso porque es algo que se enseña desde la educación, desde el Estado. El otro día leí que en Alemania cuando vos nacés dejan tu género sin marcar y cuando crecés lo elegís. Me parece muy importante que en esta nueva generación de artistas se tenga en cuenta eso. Hay un chileno que me llama mucho la atención, Alex Anwandter. Él tiene un mensaje muy importante, digno de reivindicar. Tiene que ver con la lucha de las mujeres por posicionarse en el mundo de la música y el rock.

—En sociedades como esta hay mucha oposición a toda esa libertad.
—Obvio, es que la iglesia tiene mucho poder. Ahora en Argentina ha habido un súper retroceso de la conciencia y la lucha de los valores. Hay gente que ahora esta volviendo a apoyar a los militares y quiere lo mismo que pasó hace cuarenta años. Está muy polarizado. Empiezas a darte cuenta quiénes están de un lado y quiénes de otro. Hay muchos falsos idealistas, como que sólo están engañándose para que creamos que son de los nuestros y entre ellos hay mucha gente que admiramos, lamentablemente. La vieja escuela del rock, del cine y del arte y está plagada y contaminada de misóginos y ahora está empezando a saltar la ficha.

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Escucha la entrevista en el podcast de Antenna Fractal acá: