Aunque hoy, el burlesque está de moda y múltiples mujeres de distinta edad recrean el antiguo género revisteril como forma de expresión, hace tiempo ya que la época de los centros de la clásica bohemia santiaguina ha desaparecido. Ya nada queda del Bim Bam Bum o del Humoresque o el Picaresque. O casi,

Maggie Lay es la última de su estirpe. De la casta de las vedettes, aquellas mujeres que mezclaban canto, baile y seducción, y que fueron figuras centrales del teatro de revistas. El director Wincy Oyarce (autor de los largometrajes “Empaná de pino” y “Otra película de amor”, realizó un documental que captura la imagen de esta mujer que lleva cuatro décadas dedicada al espectáculo, y que a pesar de estar lejos de las glorias pasadas, aún sigue enfundándose su malla y las plumas para actuar de noche.

La película sigue a Maggie Lay en su trabajo de día manejando un taxi colectivo. Y en las noches, cuando surge alguna actuación en algún local nocturno de la capital, donde ella hace gala de su incansable actitud y picardía. Pero también el registro la sigue en sus vacíos, en los momentos de soledad en su casa del barrio Avenida Matta, con sus gatos y sus recuerdos.

 “Yo vi a Maggie Lay por primera vez actuando en Le Trianon y hasta ese momento no la conocía”, cuenta el director, Edwin “Wincy” Oyarce. “Me impactó mucho su show, su voz y que desafiara los convencionalismos, ya que a las mujeres mayores de 60 años no se les permite mostrarse, ni sexualizarse”.

Una guerrera

Wincy cuenta que le nació reunirse con la artista, sin tener una idea preconcebida o un objetivo específico. Y fue durante esa reunión, mientras conversaban que surgió de su parte “una necesidad de registrarla”. Dice el cineasta: “Siento que ella representa una fuerza femenina muy potente, empoderada y también la resilencia ante la vida. Maggie es una guerrera”.

En su primer largometraje “Empaná de pino” (2002), Wincy realizó un trabajo de ficción que buscaba traspasar el mundo marginal y perfomático de su protagonista: “Hija de Perra”, nombre con que era conocido  Víctor Hugo Wally Pérez Peñaloza, transformista, actriz y activista underground que murió prematuramente a los 34 años en 2014. Para el director, su nuevo trabajo “se conecta mucho con los temas que me interesan, de partida me atrae su estética, los brillos, las plumas y nos remite a un mundo de la bohemia y del cabaret pero bien local y latinoamericano”.

Pero también se sintió fascinado por su contenido. “Maggie tiene mucho discurso y siento que fue muy rupturista cuando comenzó su carrera en los años 70 y de alguna forma es un referente o nos antecede en las luchas feministas y de revolución sexual”.

Cuenta que Maggie Lay e Hija de Perra alcanzaron a conocerse y se hicieron grandes amigas. “A mí se me asemejan en lo intensas, en una presencia de alto impacto y en lo opinantes, de hecho cabe la hermosa casualidad que cumplían años el mismo día”, cuenta el realizador.

Sin pudor

“La última vedette” es un documental de seguimiento, con el protagonismo absoluto de su personaje principal, y donde la cámara la va siguiendo en su cotidianeidad, sin intervenir, y casi sin entrevistar, solo registrando. A ratos pareciera que Maggie Lay se olvidara de su presencia. Solo en breves ocasiones habla a la cámara.

“El documental comenzó a gestarse el 2013, pero las imágenes más íntimas las grabamos recién el 2015 o 2016”, cuenta Wincy Oyarce. “Fueron años de trabajo y de registros, que nos sirvieron además para hacernos grandes amigos, lo que fue clave para lograr ese grado de intimidad. Y en todas esas escenas sólo estuvimos yo y mi cámara, lo que permitió también que Maggie fluyera en completa libertad”.

Este estilo logra escenas tremendas, de confesiones muy profundas, incluso uno siente cierto pudor al escucharlas (y verlas). Y el realizador comparte ese sentimiento. “La verdad es que al momento de montarlas también sentía cierto pudor y cierto temor también de que Maggie rechazara esas imágenes. Sin embargo también ella me había comentado en varias ocasiones que le interesaba también mostrar esa parte más dramática”, comenta.

“Maggie es muy poco pudorosa, tanto con su cuerpo como con su vida, con sus historias, con su verdad”, agrega Wincy. “Cuando vio el montaje quedó impactada igual, porque ella no fue consciente de que la cámara estuvo siempre grabando, o lo olvidó; sin embargo, ella es muy auténtica y muy inteligente también. Tiene sentido del espectáculo y de la obra en general, así es que le encantaron las escenas más dramáticas y las consideró necesarias para el relato”.

—Y a propósito, ¿qué te ha comentado ella del documental?

—Maggie quedó fascinada con la película y muy emocionada. Al parecer la película logra eso. Cuando la vimos con Maggie en una función privada en Centro Arte Alameda, salió el proyeccionista llorando fascinado con Maggie Lay.

“Ella quedó muy sorprendida también con muchos de los registros de los que ella simplemente no era consciente, ella se olvidaba de la cámara y no la intimidaba en lo absoluto”, remata el director de “La última vedette”. “Pero está muy feliz y no deja de repetirnos que la película va a ser un éxito porque tiene muy buen gancho… ja, ja”.