Esta columna transcribe libremente una conversación entre tres personas que se ganan el pan con la letra. Escoja usted cuál de ellas se dedica a la literatura, cuál de ellas a la enseñanza y cuál de ellas a la redacción de informes, postulaciones y consultorías. Imagine que están sentadas. Piense por qué el autor decidió mantener la forma del diálogo.

–Voy a hablar lo más rápido posible, no vaya a ser que alguien se apropie de esto que quería decirles. Ustedes lo van a entender.

–Dilo.

–Se me hace que la experiencia del tiempo ahora es distinta.

–Sí. Tengo la misma sensación.

–El tiempo ahora se acelera en manos de los dueños de los celulares y de la jornada laboral y de las redes, el tiempo se consume a sí mismo y ya no vale pensar en años, siglos y milenios como nos enseñaron en las escuelas del siglo XIX y XX.

–Ya no vale esa idea de tiempo, te entiendo. Pero acabas de decir que el año literario chileno sólo se entiende si abre con el A-Fest, el encuentro de escritoras latinoamericanas en Nueva York de la Mónica Ramón Ríos, y si cierra con el premio Sor Juana en Guadalajara a la Nona Fernández.

–La idea de año, incluso si dices “año literario”, es de una temporalidad anterior a esta.

–Pero sería un año de otras dimensiones. Un conjunto de días feministas, que es el tiempo que viene.

–Espera un poco. Igual la idea de año serviría para declarar que este 2017 quedará marcado en el archivo con tanta importancia como 2011, cuando al mundo cotidiano volvió la historia y la nueva noción de tiempo se disparó.

–¿Cómo la historia?

–El año 2011, con la primavera árabe, los indignados europeos, el afianzamiento mercantil chino, los Occupy norteamericanos y las protestas estudiantiles en Chile, trajo de vuelta la lucha de clases, la posibilidad de que los movimientos humanos colectivos puedan transformar los sistemas sociales.

–Se acuerdan cuando en 1990, 2000 y 2010 nos quisieron convencer de que la historia había sido sublimada por el capitalismo global.

–Sí. Que se había acabado el comunismo, que el nuevo milenio, que el bicentenario de las independencias americanas.

–La repolitización de 2011, las revueltas locales ante las políticas de austeridad masiva y el enriquecimiento de las elites ante la crisis financiera de 2008, destruyó la idea de perpetuidad neoliberal a la que parecía estar condenada la experiencia humana.

–La experiencia del animal humano.

–Bueno.

–Lo que quiero decir con eso del cambio de temporalidad es que desde 2011 los días de quienes creemos vivir en occidente pasaron de ser ahistóricos a inminentes.

–¿Y este 2017 sería el año en que se terminó la inminencia?

–Por lo menos por fin cambió radicalmente el orden social. Ya saben cómo.

–No. No sé cómo ni por qué. No parece que hubiera cambiado nada.

–Piénsalo más.

–Yo sí tengo una idea al respecto. Es el año en que los cambios biopolíticos radicales que nos gobiernan se volvieron explícitos para todo el mundo en forma de catástrofes ambientales, y las realidades contingentes que parecían tan imposibles de cambiar como insostenibles se precipitaron. En Zimbabwe cayó una de las dictaduras militares más largas del mundo. En Argentina y en Brasil, la elite derechista perdió toda vergüenza y terminó de destruir la idea de Estado-Nación. En Estados Unidos, una de las democracias más falsas, racistas y clasistas del orbe por fin se reveló como la dictadura de la información y el espectáculo, una plutocracia coronada por la reforma tributaria más flagrantemente corporativa jamás realizada. Los países árabes finalmente se unieron, contra todo pronóstico, gracias a la prepotencia yanqui de declarar Jerusalén como capital de Israel. En Chile, el triunfo del Frente Amplio no sólo terminó con el gobierno de duopolio pinochetista de décadas, sino que confirmó que una unidad popular, es decir una suma de proyectos masivos abierta a quien quiera en busca de justicia social, será siempre el sistema de gobierno mayoritario.

–Y la pérdida de legitimidad de la violencia en Honduras. Y que el futuro gobernante de México será un ex populista de izquierda o una mujer indígena zapatista.

–No es exactamente a lo que me refería, pero sí. Tienen razón en eso último. ¿Con quién México sale ahora del neoliberalismo narco? ¿Liderado por qué tipo de animal humano gana el Frente Amplio? El hecho de que la novata Beatriz Sánchez haya virtualmente empatado en la mayoría de votantes con el candidato concertacionista tiene que ver con los liderazgos que alguna vez tuvieron la Gladys Marín, la Michelle Bachelet y la Camila Vallejo.

–Pero no pasó lo mismo con la Carolina Goic.

–Es porque primero debe haber un acuerdo social importante, un movimiento. Primero el acuerdo, la necesidad de justicia y las reglas igualitarias. En esta nueva experiencia de temporalidad ese movimiento sólo puede ser dirigido por una mujer, porque el tiempo anterior es un concepto de los hombres antiguos. El grupo de la Goic es un movimiento ahora irrelevante.

–Ya te entiendo. Por eso en literatura fue más importante el A-fest de la Mónica Ramón Ríos en Nueva York y el Sor Juana de la Nona Fernández en Guadalajara que el centenario de Nicanor Parra.

–Porque la literatura, la lectura, es en sí misma una actividad en contra de la idea de tiempo convencional.

–Cada libro se demora lo que se demora en ser leído.

–En cada página puede pasar un segundo o un año entero.

–Este 2017 ya no es un año.

–Dale.

Porque la idea de año es un invento de esos señorones que eran los papas medievales, antepasados directos de ese grupo por fin irrelevante que es la Democracia Cristiana. A partir de 2017, cualquier grupo de animales humanos que busca la organización justa entre sus pares debe ser dirigido por sus hembras.

–Por sus mujeres.

–Bueno. Y en todo el mundo, a fines de este 2017, los acosadores y abusadores sexuales están cayendo como moscas.

–¿Brindamos?


Escritor, músico, editor, tallerista, guionista y crítico literario, es parte del colectivo editorial Sangría.