El llamado fue efectivo. Más de 200 personas correspondientes a comunidades pewenches, redes de apoyo y organizaciones sociales de la región acudieron a la convocatoria del longko de la Comunidad de Malla Malla, Segundo Suárez, quien encabezó la manifestación.

Eran las 9 de la mañana y la tranquilidad de la Plaza de Ralco era interrumpida por la llegada de peñis y lamgenes de las comunidades del Río Queuco. También comenzábamos a llegar los miembros pertenecientes a organizaciones y redes de apoyo a comunidades mapuche. Llegaban familias completas para participar de la marcha, incluyendo a niñas y niños, ñañas (abuelas) y chachay (abuelos). Los instrumentos comenzaban a sonar: kulgtrunes, trutrucas, pifilkas y cascahuillas.

Nos comenzamos en las afueras del Museo de Ralco al llamado del longko Segundo. Los lienzos comenzaban a ser desplegados. Las consignas eran claras: “Las tierras robadas serán recuperadas”, “Fuera los usurpadores del territorio pewenche”, “Libertad a los Presos Políticxs Mapuche”. Como también organizaciones sociales de las cercanías de Alto Biobío también se hacían presentes, como Trabmapu, la Red de Defensa de los Territorios y organizaciones por la defensa del Río Laja.

El longko Segundo Suárez pasó sin rodeos a contarnos los objetivos de esta primera movilización. Su fin sería dar a los empresarios de la zona – incluyendo a la familia Matte, la Forestal Mininco y la Forestal Arauco – un ultimátum para que abandonen el territorio pewenche usurpado ilegalmente. Para esto, se marcharía desde Ralco hasta el Puente Piulo, a los pies de la Central Angostura, donde se establecería la frontera del Territorio Pewenche. En una segunda acción, planificada para abril, se procedería a la recuperación de las tierras dentro de esos límites, hayan o no hayan sido abandonadas por los empresarios.

Al final de su discurso nos pregunta a los asistentes: ¿Feley pu peñi? (¿De acuerdo, peñis?) Ante lo cual se responde con un fuerte: Feley (aunque esa F suena como V), seguido de un afafan (grito mapuche para dar fuerza).

La impronta de la movilización es clara: comunidades pewenche de pie, marchando, con la cabeza erguida. Así, liderados por el longko y las comunidades, salimos por el camino a Santa Bárbara. El silencio de la cordillera era interrumpido por el sonido de los instrumentos mapuche, acompañados de afafan y de la consigna más gritada: Las tierras robadas serán recuperadas.

En el paradero 24 la marcha se transformó en una caravana de vehículos. El objetivo era llegar a marcar la frontera del territorio pewenche, por lo cual se debía avanzar casi 30 kilómetros, una tarea difícil de recorrer durante el día. Por lo tanto, nos fuimos subiendo a los buses y camionetas dispuestos para la ocasión para avanzar más de 20 kilómetros en una caravana de vehículos. Al llegar a los pies de la Central Angostura descendemos para realizar los últimos kilómetros a pie. Apenas nos bajamos seríamos “escoltados” por Carabineros. Asimismo, habrían dentro de camionetas estacionadas en las puertas de la central, miembros de la Sipolcar, los cuales serían denunciados por los comuneros, ya que habrían realizado violentos allanamientos a las comunidades pewenche. Este no sería el único encuentro con las fuerzas represivas del Estado: en el lugar donde nos establecíamos habían más de diez carabineros y a modo de provocación pasaban camiones del Ejército con cierta frecuencia.

Luego de una hora de caminata, rodeamos toda la Central de Angostura caminando aproximadamente dos kilómetros para llegar hasta las cercanías del Puente Piulo, donde se marcaría la frontera del territorio pewenche, en un territorio que es parte de las comunas de Quilaco y Santa Bárbara.

La Central Angostura es la tercera central hidroeléctrica construida por Colbún/Endesa, luego de Ralco y Pangue, con una inversión de más de US$500 millones, cuya construcción fue aprobada en el primer gobierno de Michelle Bachelet e inaugurada en su segunda administración.

Nuevamente, al igual que con Ralco y Pangue, inundaron territorios pewenches y decenas de familias tuvieron que ser relocalizadas. Entre los afectados se encuentran las familias de Mercedes Huenteao Beroiza y Aurelia Marihuan Mora, quienes pertenecían a la comunidad de Ralco-Lepoy y fueron relocalizadas por la construcción de la Central Hidroeléctrica de Ralco. Hoy nuevamente ven inundadas sus tierras por la Central de Angostura, lo cual constituye un incumplimiento de la Solución Amistosa celebrada ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos entre las familias desplazadas por la construcción de la Central Hidroeléctrica de Ralco y el Estado de Chile.

Esto significará reanudar la demanda en contra del Estado, pero este no es el único problema que enfrentan. A pesar de tener hidroeléctricas al lado de sus casas, pagan cuentas de luz que bordean hasta los $100 mil mensuales y a pesar de existir tantas tierras, no tienen lugar para realizar las veranadas y obtener comida para sus animales. Luego de más de 10 años siguen esperando las casas y beneficios prometidos, pero como dicen por esos lados: las palabras se las lleva el viento.

Esto ha llevado a que las comunidades mapuche-pewenche asuman una confrontación directa en contra del empresariado chileno y extranjero que ha usurpado sus territorios y se ha apropiado de los ríos. Entre estos destaca la familia Matte, quienes son propietarios de cientos de hectáreas de tierra en Santa Bárbara y Alto Biobío, incluyendo el Fundo Aguas Blancas, donde se encuentra la casa de descanso de Eliodoro Matte, un campo ecuestre y también una capilla construida a orillas del camino que une a Santa Bárbara con Ralco. Esta misma familia construyó las centrales hidroeléctricas a través de Colbún, cuyo gerente general era Bernardo Larraín Matte, hoy presidente de la Sofofa. Asimismo, tienen presencia a través de la Forestal Mininco. Los comuneros dicen en modo irónico que hasta los caballos de Matte tienen mejor situación que ellos.

A los pies de la Central Angostura, se detendría la marcha, donde nos esperaban con jugo de manzana y mote. A los minutos después, cuando ya daban las 1 de la tarde, a pleno sol, se iniciaría el llellipun, rogativa mapuche. En este lugar se sumarían más personas de las comunidades cercanas, encontrándose entre ellas la ñaña Berta Quintremán, quien transmitía a través de sus palabras la sabiduría acumulada hace tantos años y hace tantas luchas.

De entrada, habló sobre la resistencia que habían dado en contra de la construcción de la Central Hidroeléctrica de Ralco hace más de 10 años. Contaba cómo recorría esas tierras con su hermana Nicolasa y cómo desde siempre el huinca ha tenido la misma actitud de desprecio y de abuso hacia el pewenche, no teniendo más solución que dar la lucha en contra de ellos. Su relato era sólo interrumpido por ella misma para servirse mote con huesillo.

Berta Quintremán rememoraba los tiempos de resistencia a la construcción de la hidroeléctrica, que habría iniciado en el año 1999 la denominada “rebelión mapuche”. Así lo retrata retrata Fernando Pairicán, en su libro “Malón. La Rebelión del Movimiento Mapuche”: Endesa infringió la normativa de aquel entonces, violentando la Ley Indígena y aprovechándose del analfabetismo y la avanzada edad de personas pewenches, para despojarlos de sus tierras.

El testimonio de la ñaña Berta llena de esperanzas, pues a sus casi 200 años –como respondió cuando le preguntaron su edad– sigue luchando por la recuperación de su territorio, transformándose en un ejemplo para las generaciones más jóvenes.

Más tarde se almorzaría gracias a las compañeras y compañeros de Consciencia Activa quienes cocinaron y sirvieron comida a todos los asistentes. Terminando el almuerzo, comenzó el nütram. El longko Segundo Suárez Marihuan reitera los objetivos de esta marcha: reivindicó la autonomía del pueblo mapuche-pewenche y sostuvo que sólo falta ejercerla en todo el territorio pewenche. Para esto, comenzarán a tomarse todos los fundos que se encuentren en su territorio a partir del mes de abril, convirtiéndose esto en una segunda fase de recuperación, desde que en el año 2000 recuperaron cientos de hectáreas en las riveras del Queuco.

El longko dice que esta es última vez que el nütram se hace en la calle: la próxima vez será dentro de los territorios usurpados. También reivindica los más de 600 años de resistencia del pueblo mapuche, el cual no sólo ha luchado contra el Imperio Español y el Estado Chile, sino que también en contra el Imperio Inca. Menciona que el Imperio Español, si bien mató a miles de mapuche, reconoció la autonomía del pueblo mapuche, mientras que el Estado de Chile se niega a hacerlo. Rememora que todos sus antepasados han vivido ahí y que esas tierras les pertenecen: la tierra no crece y la familia va aumentando, por lo cual necesitan sus tierras. Anuncia que no sólo utilizarán el territorio para instalar sus casas, cultivar la tierra y alimentar sus animales, sino que también le gustaría instalar una Universidad para su pueblo. Pero no una universidad huinka, sino una universidad que enseñe el saber mapuche, el saber pewenche. Su lucha no sólo es por tierra, sino también por cultura, justicia y libertad.

Finalizada la palabra del longko, da la palabra a los demás asistentes. Intervienen primero las ñañas y chachays presentes, para transmitir su sabiduría, incluyendo a la ñaña Berta Quintreman. Luego vienen los saludos de las comunidades, incluyendo a los peñis de Temucuicui y de Malleko en resistencia, quienes enviaron una delegación a la marcha. Cada intervención es seguida de un afafan y de un estruendoso marichiweu.

Finalmente, la jornada termina con la instalación de las banderas pehuenches de color amarillo y azul y de la bandera mapuche, izadas a más de 5 metros desde el suelo. Mediante un purrun, danza mapuche, se fortaleció el territorio con el newen de los presentes. De manera desafiante, las banderas se instalaron de frente a la central hidroeléctrica de Angostura y los empresarios ya están avisados: tienen hasta marzo para desalojar los territorios que han usurpado.

Con la cabeza erguida, pehuenches de todas las generaciones alzan sus espíritus y voces para ultimar a los empresarios que les han robado sus territorios. Serán tiempos de preparación para la dura batalla que se viene, de convencer a los indecisos y temerosos, para luchar por lo que es justo y necesario. Para el longko Segundo Suárez, no serán los primeros ni los últimos: sus antiguas autoridades, como Leftraru, Caupolicán, Galvarino, entre cientos más, dieron la vida por su pueblo. Con decisión y con todo el newen recuperarán lo que les pertenece. Que vencerán, de pie, diez y mil veces vencerán.