Ver la última entrega de la saga Star Wars, llamada “Los últimos Jedi”, es sin duda un acto que entremezcla múltiples sensaciones y nos entrega una particular visión del universo creado por George Lucas en los ’70. Visión que creo no está para nada reñida con las narraciones anteriores y las tramas dramáticas que, a la más clásica usanza de las antiguas entregas por capítulos del cine de barrio, que probablemente vivió el propio Lucas, deja abierta la posibilidad de una eterna secuela.

La película se desarrolla retomando en parte el final de la entrega anterior y primera incursión en el universo propio de “La guerra de las galaxias” que hizo Disney desde que compró la franquicia. Establece un: desde acá comenzamos y vamos introduciendo nuevos personajes que muy en sintonía con los pensamientos actuales nos muestran a líderes femeninas a cargo del ala noble y luminosa de la fuerza, poniendo el énfasis en la idea del recambio generacional y por ende cultural que va presentando la historia.

Dos elementos a destacar. Primero establecer algo que particularmente siempre me ha gustado y es esa idea maravillosa de que toda visión de futuro tiene y se asienta cultural y estéticamente en el presente, es decir, que finalmente esta visión de un mundo mágico, futurista y muy, muy lejano, no es más que una preciosa y bien desarrollada alegoría de nuestro propio mundo y nuestro propio presente y lo segundo es, justamente establecer esa idea, que cuesta tanto en los tiempos que corren, de que las generaciones van pasando y se debe de manera sabia dejar el camino pavimentado a las y los nuevos representantes del quehacer contemporáneo.

La primera idea está muy bien planteada ya que nos presenta un mundo donde los racionamientos femeninos se ven confrontados y puestos en un escenario en que la masculinidad esta en evidente crisis -por lo menos la masculinidad como la hemos entendido hasta ahora-. Esa masculinidad tan bien representada en su libro “El cáliz y la espada” por Riane Eisler, donde deja entrever la necesidad masculina de ejercer el poder desde la violencia y la dominación mientras el quehacer femenino se establece en la contención y la cooperación. La película nos muestra hombres impulsivos, vehementes y poco racionales decidiendo y resolviendo desde la más pura emocionalidad todo lo que se les presenta como conflicto, dejando entrever visiones muchas veces prejuiciosas y categóricas de sus contrapartes femeninas. De hecho el lado oscuro de la fuerza en su mayoría está representada por éste eje masculino, mientras la sensibilidad, sabiduría y templanza se da mayormente entre “Los rebeldes”, el lado luminoso establecido desde una clara  presencia femenina en los liderazgos propuestos en el filme. ¿Guerra de sexos? Por supuesto que no, y eso es justamente lo interesante de la propuesta narrativa, las dinámicas relativas a los ejes culturales acordes a lo que ocurre hoy en día con las sociedades más avanzadas establecen la necesidad de nuevas miradas respecto a cómo vemos las identidades de género ya en crisis a finales del siglo XX.

El otro eje, igual de importante y, quizás más obvio, es el dado por la idea del recambio generacional. Toda la  película habla y bordea de manera explícita la problemática establecida en el cambio y termino de las antiguas formas. Esto, bellamente relatado y dibujado por el director del filme Rian Johnson, se traduce, más que en la idea de que lo nuevo es necesariamente lo “joven”, presenta la hipótesis de que lo novedoso se da en aquello que no hemos visto y recién vislumbramos, cambiando así ciertas miradas de lo que es la visión heroica y de como esta se desarrolla en tanto se destruyan aquellas miradas que aprisionan y limitan los verdaderos avances sociales y culturales.

Probablemente muchos pensaran que “Star Wars” no es tan profunda. Lamento decepcionar a quienes piensan así, ya que las racia de cualquier relato es justamente establecer la multiplicidad de miradas y esta propuesta del mundo creado por Lucas permite, justamente, establecer estos distinto niveles de análisis.

Por lo mismo, si usted quiere ver sólo una película de aventuras puede hacerlo. Si quiere ver un poco más allá también. Esa es justamente la gracia del arte, de la comunicación y de ésta particular industria que es el cine.

Si su mirada bordea la melancolía también está permitido ya que Carrie Fisher desarrolla su última actuación antes de morir, como la mítica princesa Leia Organa. La cinta, por supuesto, está dedicada a ella.