Los evangélicos, alcanzan notoriedad durante las elecciones presidenciales del 2009, cuando el pastor Emiliano Soto, realizó algunas intervenciones, convocando al mundo evangélico, primero a votar nulo y luego en la segunda vuelta a votar por Eduardo Frei Ruiz-Tagle. Este gesto, trajo airadas reacciones de distintos pastores evangélicos desde Santiago hacia el sur de Chile.

Quienes desconocen la historia de las Iglesias Evangélicas, pudieron destacar o valorar el deber cívico de los pastores, al defender la supuesta libertad de conciencia de sus feligreses.

El 11 de enero del 2010 en Prensa Evangélica, el pastor Eduardo Durán, criticó esta acción, señalando que “no estamos comprometidos con nadie, todos tenemos nuestras particulares opciones, pero no debemos hacer llamados públicos a adherir a ninguna candidatura”, al igual que el pastor David Hormachea, que en el mismo medio, indicó que “ningún dirigente de una organización evangélica que representa a grupos de evangélicos de diversas congregaciones tiene el derecho de promover a candidatos”.

Diversos pastores acusaron al pastor Emiliano Soto de ser un operador político de la Concertación y hoy de la Nueva Mayoría, sin embargo, el mismo Pastor Hormachea que rompía vestidura por el compromiso político-partidista-candidato, este año ha brindado su apoyo a los candidatos Manuel José Ossandón y José Antonio Kast y durante esta semana a Sebastián Piñera.

Es decir, él mismo que hace 7 años aconsejaba: “no acepte que los lideres evangélicos elegidos para representar a sus congregaciones y no al pueblo evangélico, influencien su voto por un partido o candidato político”. No obstante, ningún pastor evangélico ha hecho alguna declaración pública condenando a Hormachea por esta injerencia. Es porque en el imaginario evangélico conservador: apoyar a un candidato de centroizquierda es político y apoyar a un candidato de derecha es apolítico o de neutralidad política.

De este modo Hormachea-Durán serían los nuevos operadores políticos de derecha y Soto un operador político de la centro-izquierda. Sin embargo, no es algo inaudito que un pastor evangélico haya sido operador político: el pastor Manuel Umaña lo fue del partido radical en las décadas de 1950-1960; los pastores Javier Vásquez y Pedro Puentes lo fueron de Pinochet.

Y en los últimos años lo han sido Soto y Durán. Lo interesante es que cuatro de los cinco pastores han sido pastores de la Jotabeche y específicamente la Iglesia Metodista Pentecostal, es decir, el templo más grande y visible de Chile, así como la denominación pentecostal más política, de los evangélicos chilenos.

¿Por qué tanto interés en buscar el apoyo en el mundo evangélico? Porque según el CENSO 2012 hay 2.500.000, personas de religión evangélica con derecho a voto. Sin embargo, el mundo evangélico, al ser una religión, está condicionada históricamente, por lo tanto, la desafección política de la sociedad chilena, también los perjudica a ellos.

En consecuencia, podemos pensar que hay 1,2 millones de evangélicos que votarán el 17 de diciembre. Sin embargo, los pastores siguen pensando al mundo evangélico en términos de categorías clásicas: “pueblo evangélico”, “comunidades evangélicas” o “los cristianos hemos decidido”; como si los evangélicos no hubiesen cambiado desde 1980 cuando se usaban estas categorías.

Hoy es una religión, diversa y por lo tanto repartidos por todo el espectro político desde la UDI hasta el FA y ningún líder, pastor, obispo o agrupación evangélica, puede arrogarse una representatividad ilusoria.

De igual modo Guillier ha logrado conseguir el apoyo de tres importantes líderes evangélicos como son Emiliano Soto, la pastora Juana Albornoz y el pastor Juan Godoy. Pese a encontrar líderes evangélicos de ambos bandos políticos, pareciera ser que los evangélicos fueran serviles de sus pastores: pero no es así. Se debe más bien a que en Chile la prensa conservadora le da más espacio a los líderes y pastores que apoyan a los candidatos de derecha.

No obstante, el pastor Emiliano Soto ha realizado críticas que ningún otro líder evangélico ha manifestado, cuestionando durante El Tedeum del 2016; el sistema de AFPs e Isapres, interpelando a los Tribunales de Justicia, considerando que “la justicia chilena funciona solo para el rico y poderoso”. También fue muy crítico del gobierno por la aplicación de la Ley de Seguridad del Estado a los Mapuches, hecho en que ningún otro líder evangélico se ha manifestado.

Desde la década de 1970; grupos evangélicos, de distintas denominaciones, trabajan con fundaciones y organizaciones sociales y políticas, ya sea liderándolas o integrándolas. Algunas son: SEPADE (Servicio Evangélico para el Desarrollo), FASIC (Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas), OIS (Observatorio Iglesia y Sociedad), Centro de Educación en Derechos Humanos Helmut Frenz, COREC (Comunidad de Reflexión Cristiana), Fundacion Vasti, Red Miqueas, Comunidad Teológica Evangélica, Centro Ecuménico Diego de Medellín, Servicio Evangélico Migrante (SEM). Estas organizaciones realizan un interesante trabajo de reflexión, acción y compromiso social y político, alejados de las pontificaciones y controles de conciencia cívica.

Hoy por hoy el mundo evangélico chileno tiene 5 alcaldes, 24 concejales, 1 senador y dos diputados recientemente elegidos y de seguro que irán por más, porque tienen como referente a Brasil, lo que significa que en el futuro aumentarán los evangélicos en la política.

El problema es que los evangélicos vinculados a la centro-izquierda, no les interesa participar en proyectos políticos o bien no son considerados por los partidos de izquierda, porque estos últimos aún mantienen sus prejuicios hacia los evangélicos.

Esto se da porque aún no conciben la religión opuesta a la política, cuando las encuestas muestran que pese a la desafección y desencanto político, la religión sigue siendo significativa en Chile.

¿Cuánto pesara el apoyo evangélico en la segunda vuelta? No lo sabemos, sólo podemos destacar que los pastores líderes evangélicos, han ido de más a menos en su apoyo a la campaña. En el cierre de campaña a Kast asistieron unos 300 pastores y con Piñera fueron 100 pastores.

El Concilio de Iglesias Evangélicas, liderado por Nieto-Durán-Hormachea, cuenta con el respaldo de unos 700 pastores más o menos de un universo de 17.000 pastores que existen en Chile. Por ello, Piñera quiere sumar a todos enfatizando un discurso apocalíptico y caótico, presentándose como mesías y haciendo uso de una semántica religiosa, al presentarse como el político de la unidad social, geográfica, política y económica.

Ante la desesperación señala: “estamos preocupados por la salud del alma de nuestro país”. De igual modo enfatiza, “porque se han debilitado valores fundamentales como el valor de la vida, el respeto y la familia”. Habla como si viviéramos en dictadura.

Su frase de cierre es: “nos preocupa la salud de Chile”, cuando en realidad la salud de Chile mejoraría con el fin de las AFPs e Isapres, algo que ninguno de los dos candidatos está dispuesto a plantear. Mucho menos Piñera, quien representa los intereses empresariales.

Finalmente apelo al maestro Locke, que de izquierda no tenía nada, cuando señala: “la tolerancia es el distintivo y la característica principal de la verdadera Iglesia, mientras  que el cuidado de las almas no está asignado a los gobernantes”


Sociólogo, académico e investigador del Instituto de Estudios Internacionales (INTE) de la Universidad Arturo Prat