Nunca he votado en una segunda vuelta. Pero esta vez es distinto. Votaré por Alejandro Guillier este domingo 17 de diciembre.

¿Qué se juega en esta segunda vuelta?

El Frente Amplio logró un resultado que no estaba en los cálculos de nadie. Con un 20% de la votación en la elección presidencial, 20 diputados y 1 senador, se transformó en una fuerza electoral con capacidad de disputa de la agenda política. Como coalición, tiene la obligación de hacerse cargo de su resultado. Ya no puede seguir actuando como si fuese una irrelevante apuesta testimonial.

El proceso de reflexión y deliberación colectiva propiciado por el Frente Amplio, activó importantes espacios de discusión en distintos rincones del país. A partir de ese proceso, se emplazó a la Nueva Mayoría para que convocase al votante frenteamplista, asumiendo compromisos claros con la profundización de la democracia y el impulso de una agenda de transformaciones sociales. Misma agenda que viene demandando el movimiento social desde hace más de una década.

Sin embargo, la Nueva Mayoría y la candidatura de Alejandro Guillier no fueron capaces de responder a ese desafío. Demostrando que se trata de una coalición política en crisis, sus propuestas de campaña de cara a la segunda vuelta han sido erráticas y contradictorias. Han perdido una gran oportunidad para convocar al conjunto de las fuerzas democráticas tras una agenda de cambios.

Es por ello que entendemos a quienes han decidido no votar en esta segunda vuelta. Es esa una opción legítima. También consideramos que no se les puede atribuir a ellos la responsabilidad política ante un eventual triunfo de la derecha. Si eso ocurre, será exclusiva responsabilidad de la Nueva Mayoría y de la candidatura de Alejandro Guillier.

Todo lo anterior reafirma que el Frente Amplio y los movimientos sociales no pueden seguir esperando que otros se hagan cargo de impulsar una agenda transformadora. Serán las organizaciones comprometidas con las luchas del campo popular, las que deberán asumir la responsabilidad histórica de desmontar la herencia pinochetista y sus cerrojos institucionales. Ha sido la fuerza social organizada la que ha permitido ir corriendo los límites de lo posible. Ha sido el empuje del movimiento social el que ha instalado una agenda de cambios. No se puede (ni debe) seguir delegando en los mismos de siempre, la posibilidad de cambiar Chile.

Se ha dicho que la candidatura de Sebastián Piñera representa un retroceso. Por eso no cabe restarse de la contienda presidencial de este domingo. No podemos permitir que se imponga la agenda restauradora de la derecha chilena. Con la derecha en el gobierno, se clausuraría el ciclo político en que se ha logrado instalar en el debate público una agenda de transformaciones estructurales. Un eventual triunfo de Piñera implica además un cambio en la correlación de fuerzas a nivel de gobiernos en América Latina, reforzándose el eje derechista, junto a Macri y PPK. Piñera llega también de la mano del candidato de la familia militar y del brazo de los que se oponen a cualquier avance en materia de justicia social.

Por eso este domingo votaré por Alejandro Guillier. No espero de su parte gestos de ningún tipo. El proyecto frenteamplista representa un proyecto histórico distinto al de la Nueva Mayoría. Representa una fuerza política que tiene arraigo en las luchas sociales del campo popular. Su tarea por lo tanto es seguir empujando los límites de lo posible.

Esta vez no será ni el chantaje ni la teoría del mal menor el que nos lleve a las urnas. En este complejo cuadro, debe anteponerse (sin miedos ni titubeos), una perspectiva estratégica que anteponga los intereses de las grandes mayorías, evitando que se cierren las posibilidades de empujar una agenda de cambios. Esta no es cualquier elección. Cuando la derecha gana, nuestro pueblo la pasa mal. No seré cómplice pasivo de aquello.


Director Ejecutivo EnClave Pública