Necesario es tomar posición clara y oportuna, de momentos en que la historia nos empuja a ser protagónicos, sin omisiones. Y no es fácil cuando hay dudas razonables, ancladas en desafecciones que se volvieron hábitos para quienes crecieron junto a los portazos institucionales de la transición y las políticas públicas del gasto focalizado.

En medio de una “democracia restringida”, han sido esas decenas de marchas con nuestros compañeros, familias y vecinos las que nos han permitido correr los límites del debate posible. Protagónicos a nuestro modo, nos “subimos por el chorro” el 2006 para poder avanzar del pase escolar a la desmunicipalización y nos tomamos la universidad por meses para terminar conversando sobre una nueva Constitución. Marchamos por pensiones para terminar convocando a un plebiscito donde un millón de chilenos dijo “No Más AFP” y apelamos a nuestra identidad comunal para movilizarnos por el derecho a la ciudad, a la salud y al medio ambiente. La esperanza desborda a las instituciones, pero ya nos gustaría que fuese suficiente para concretar la seguridad familiar en la vida de millones.

Los resultados del 19 de noviembre dan cuenta de una gran mayoría que respalda las ideas de cambios estimuladas por los movimientos sociales, pese a que no nos dio para la segunda vuelta. Por primera vez, desde el retorno a la democracia, nace una nueva alternativa por fuera del bipartidismo, con fuerza parlamentaria, legitimidad y potencia para constituirse como un actor permanente en los territorios. Todo frente a una Nueva Mayoría con contradicciones profundas que colocan en duda su estabilidad futura, pero que aún se sostiene en un electorado mayoritario al nuestro. La situación nos obliga a responsabilizarnos y tomar una decisión respecto a Guillier y la derecha que vuelve a buscar la oportunidad de reinventarse y gobernarnos por cuatro años.

Imaginando caminos para avanzar, el FA resolvió democráticamente su postura unificando la pluralidad de visiones, en un ejercicio colectivo alejado de la vieja cocina. Como Movimiento Autonomista respaldamos dicha decisión y sostuvimos que los temas que el FA había colocado en el debate no podían invisibilizarse en el balotaje, sino que debíamos llevar nuestras ideas de cambio lo más lejos posible, interpelando directamente a Guillier a mostrar convicción sobre principios transformadores. Hoy, ese momento terminó y, lamentablemente, las cúpulas de la Nueva Mayoría fueron leales a la tecnocracia neoliberal, desechando una oportunidad tremenda de integrar las esperanzas de cambio que abrió la primavera chilena. Atendido el momento histórico, no podemos esperar más de ellos, no así de muchos militantes de base que todavía sueñan con reformas profundas.

Frente a la elección del domingo tenemos la responsabilidad de pensar en lo que queremos y no queremos que suceda los próximos años, cuestión que nos desafía a construir una estrategia colectiva que apunte a hacer del Frente Amplio un proyecto maduro, convocante de voluntades sociales y políticas que profundicen el debate nacional sobre los derechos sociales, la democracia participativa y los cambios constitucionales.

Las alternativas no son muchas. Con Chile Vamos dirigiendo el Ejecutivo nos arriesgamos a un retroceso efectivo en materia de derechos para las capas más vulneradas de la sociedad (mujeres, pueblos originarios e inmigrantes), además de una clausura inmediata del debate constitucional que no nos permitiría dialogar respecto del modelo de democracia a construir.

Las ideas fuerzas que fundan las esperanzas de cambio quedarían contradichas en el origen mismo del Ejecutivo, considerando nuestro régimen fuertemente presidencialista (TC, materias tributarias, presupuesto). Frente a nuestra derrota, no desechemos la posibilidad de elegir el posible eje del debate para el próximo periodo. No podemos permitir que quien culturalmente representa al 1% del país, ícono del vínculo entre dinero y política, termine amplificando su sentido común, atentando contra el ya débil valor de lo colectivo y la solidaridad como principios de planificación pública y de la vida misma entre chilenas y chilenos.

Mi voto por Alejandro Guillier no es tan solo un voto contra lo que representa Piñera, sino también es un llamado a las bases de la Nueva Mayoría y a aquellos que abogan por avanzar en cambios profundos, a fortalecer una alternativa frenteamplista que expanda sus contornos, creando una agenda posneoliberal que se proponga ser gobierno en 4 años más. Disputemos el sentido del cambio, superemos el mal menor.


Diputado electo por el Movimiento Autonomista