Durante el periodo campaña vimos cómo Sebastián Piñera intentó cooptar el discurso de los movimientos sociales para ganar votos. Pero no nos dejemos engañar, se abre un difícil panorama para las demandas del mundo social durante los próximos años porque nos enfrentamos a un conglomerado que históricamente ha desconocido la educación como un derecho y la volvió un bien de consumo en nuestro país.

Aquellos que hemos luchado para lograr que Chile sea un país con derechos sociales garantizados, tendremos que enfrentar a un mandatario que representa una visión de país conservadora, neoliberal y desigual que no queremos. En concreto, vemos con preocupación el incierto panorama que se abre para las demandas históricas de las y los chilenos como: la condonación del CAE, donde miles de familias se han visto endeudadas por un sueño de educación que no pudo cumplir con sus expectativas, una educación no sexista donde no se sigan replicando los roles de género, una gratuidad no entendida como voucher si no como financiamiento basal a las instituciones, la democratización de las instituciones y el fin efectivo del lucro dentro de la educación.

El movimiento estudiantil ya ha visto a Sebastián Piñera en el poder. Cuando le exigimos que escuchara las demandas que el pueblo pedía a gritos, nos respondió con una rotunda negativa y con represión desmedida en las calles. Cuando buscamos el diálogo nos cerraron las puertas.

Ante este escenario es que desde los distintos espacios sociales debemos luchar cohesionados y con más fuerza que nunca ante esta nueva arremetida conservadora que busca perpetuar la educación de mercado. Por lo tanto, como movimiento estudiantil tenemos una misión trascendental a la hora de exigir y luchar por aquellas transformaciones que históricamente hemos anhelado, rearticulándonos y disputando cada espacio y cada proyecto de ley que vaya en contra de la educación entendida como un derecho social.