Este pasado 17 de diciembre Chile no fue el 19 de noviembre. Parecía que Chile podía remontar los cursos de la derechización feroz que los sectores más conservadores de América Latina han venido cobrando uno a uno sobre los proyectos “progresistas” latinoamericanos. No se pudo. Gana nuevamente una ideología profundamente arraigada no solo en las clases altas, sino también –y sobre todo- en las bajas, en aquellos que aspiran a enclasarse. Esos, los mismos que han sido objeto tanto de la focopolítica como de la explotación más absoluta, que en el fondo es la misma cosa.

¿Por qué ganan las ideas neoliberales de este lado con tanta fuerza? No busco la respuesta en las culpas a terceros sino más bien intento aceptar, una vez más, la efectividad del discurso del capital ligado al del trabajo, del bien-estar individual por sobre el común, la crítica feroz al Estado y todo lo que de allí venga, cosa que lamentablemente también se ha comprado una parte de la izquierda sin poder deslindar entre experiencias y proyecto.

La Nueva Mayoría no solo se quedó sola, peor, implosionó. Tal vez sus miembros no calcularon los efectos a largo plazo de una crítica destructiva e inmovilizadora arremetida contra su propio gobierno estos últimos cuatro años de reformas, en la medida de lo posible, sí, como solo permite un país como este, donde una parte no menor sigue adjudicándole la responsabilidad del golpe a Allende y la izquierda radical.

Una parte de esa izquierda hipercrítica jugó -a destiempo- la política del todo o la nada, y la estrategia terminó beneficiando a los de siempre. La Nueva Mayoría ya no fue, el Frente Amplio no es todavía. La crítica es necesaria, constructivamente, la que empuja cuesta arriba, no la que funciona como dique; la que nos incluye también como parte de las responsabilidades compartidas, no la que culpabiliza exclusivamente a terceros.

Este es también el resultado de cuatro años de gobierno, sí, pero no de Bachelet, sino de quienes en el fondo han terminado gobernando realmente, de los partidos de la NM, de la derecha disciplinada, constante, unida, con un objetivo claro.

Si la Democracia Cristiana fue la cabeza que rodó más estrepitosamente el 19 de noviembre, este 17 pasado le tocó a la Nueva Mayoría, al FA y a todo proyecto que intentara dar continuidad al 2014 o mejor aún saltar hacia adelante. Pero no regresamos al 2011, no se trata de ciclos políticos, sino de una lucha en donde la acumulación de capitales, de todo tipo, queda profundamente arraigada en los imaginarios, las expectativas y las prácticas de la gente.

La teoría de los ciclos políticos es engañosa, ella permite aceptar-legitimar la derrota sin un verdadero análisis de la trayectoria política, por otro lado contribuye a confirmar el peso y la dominación del pasado sobre cualquier intento de futuro opuesto a dicho pasado. Hoy más que nunca se hace necesario que también desterremos toda forma de colonización mental. La política es cosa de larga duración, pero también del aquí y ahora, del corto plazo. Me pregunto, y les pregunto a una franja de esa izquierda que se siente radical, ¿era necesario esto? Para mucho sí, era necesario, yo no estoy tan segura.

Le anunciaba a un amigo fuera de Chile que ganó Piñera, a lo cual él me respondió: “no jodas, no ganó, acaba de perder”. Ojalá y los que estamos a la izquierda del futuro gobierno logremos cumplir con su palabra. Chile nos espera para que este domingo pasado no quede como un domingo cualquiera.


Académica Escuela de Sociología, UCSH