El grito de Chile Vamos había estado suspendido. Quiso aparecer en primera vuelta, pero los inesperados resultados de menos de un 40% de las preferencias para la candidatura de Sebastián Piñera lo habían impedido.

El día de ayer en el Hotel Crowne Plaza, sin embargo, se hizo presente desde que se contaran las primeras mesas. El conteo no llegaba ni al 0,1% de las mesas escrutadas cuando en un rincón el secretario general del PRI, Eduardo Salas, ya empezaba a agitar banderas chilenas junto a Karla Rubilar y leer cada conteo que aparecía.

El aire definitivo de celebración se dio cuando, en las cuatro pantallas grandes proyectadas en las paredes del salón de eventos del hotel, se dio a conocer la primera proyección de Radio Bío Bío: 54,8% para Sebastián Piñera y un 45,2% para Alejandro Guillier.

—¡Les volamos la raja! — dijo uno de los diputados electos de Chile Vamos a un amigo.

De ahí en más, todo fue alegría. El resultado final transformaría a Piñera en el mandatario electo más votado en una segunda vuelta (3.794.459, correspondientes al 54,57%), y a Guillier en el candidato con menos apoyo en la historia de la centro izquierda.

El jingle “Agárrense de las manos” comenzó a sonar incesante ante las caras felices de personas que iban desde las figuras políticas de Chile Vamos hasta otros como Checho Hirane, el Kike Morandé e incluso el ex alcalde de Cerro Navia Luis Plaza, imputado en el marco del Caso Basura.

Las pantallas seguían mostrando el avance de la votación, con la derrota de Alejandro Guillier incluso en la región por la cual es senador, Antofagasta.

—No es primera vez que pierde ahí— aseguró Paulina Nuñez, diputada por esa región, en conversación con El Desconcierto— Acá se refleja el conocimiento que tenemos los antofagastinos de la labor de Alejandro Guillier. Los propios vecinos rechazan ni siquiera a su persona, sino su forma de trabajar. El que vaya poco a la región, que no tenga proyectos concretos. La región de Antofagasta tuvo un voto que pasó la barrera de la centro derecha, hay un voto de sentido común.

Cerca de ella estaba Evelyn Matthei, quien empezó a recibir diversos saludos y felicitaciones.

—¡No lo puedo creer! —dijo, llevándose las manos a la cara— ni en los mejores pronósticos teníamos una votación así, lo máximo que esperábamos era ganar por poco.

El salón lleno pifió a Guillier cuando dio su discurso, le gritaron “Chaaao” cuando empezó a hablar y lo aplaudió cuando reconoció la derrota. Minutos después, cuando la televisión abierta transmitió esa incómoda tradición republicana en que la presidenta saliente llama y coordina una cita para desayunar con el presidente electo, las huestes piñeristas solo tuvieron pifias y gritos de “y… fuera!” para Michelle Bachelet.

Fue cerca de las ocho que se anunció que, ante la gente que había llegado a la Alameda a celebrar el triunfo, el candidato electo no daría su discurso en el salón, sino en el escenario de la calle. Los asistentes bajaron las escaleras del Crowne Plaza cantando: “Y se va la guatona, lala lala lá”.

La nueva derecha social

Para la primera vuelta hubo piñeristas que destacaron la figura de Pablo Longueira, justamente el impulsor de una derecha “con los pies en el barro”, que fuera directamente a las poblaciones a interactuar con la gente.

El día de ayer, Piñera ganó en 9 de las 10 comunas que según la encuesta Casen 2015 son las más pobres del país. Es por esto que se vio a diversos políticos de Chile Vamos destacando esa actitud más cercana a la gente como un elemento importante en la configuración de una nueva derecha.

“Nuestro rol va a ser clave”, dijo el senador Francisco Chahuán (RN) -primera mayoría en las últimas elecciones senatoriales- mientras abrazaba al alcalde de Puente Alto, Germán Codina -cuyo nombre fue el único coreado espontáneamente en el cierre de campaña de Sebastián Piñera-.

—Yo le dije al presidente Piñera que había que cambiar la sintonía de la primera vuelta por otra conectada con los ciudadanos y los vecinos. Yo a los 14 años me fui a vivir a un campamento, eso habla de un compromiso distinto, no asistencialista. En esta segunda vuelta logramos volcarnos a las calles y tomárnoslas, es nuestro sector el que se tomó las calles y no el oficialismo — dijo el senador Chahuán en conversación con El Desconcierto.

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Una visión compartida también por el alcalde de Santiago, Felipe Alessandri:

Esperemos que se conforme una nueva derecha liberal, que escuche a la gente, de menos oficinas y más terreno. Un poco el reflejo de esta municipalidad. El 70% de mi tiempo está en la calle, visitando organizaciones, juntas de vecinos, en la feria, eso es lo que la gente quiere ver.

Las alegría no la sacaba nadie de los rostros de Chile Vamos. Entre los pasillos del Crowne Plaza, la derecha sabía que el verdadero desafío del proyecto piñerista no se agota en 4 años y que la disputa será lograr una inédita reelección en cuatro años más. “Esta es una transición hacia una mayoría de centro derecha”, aseguró a El Desconcierto el diputado UDI Jaime Bellolio.

Para el alcalde de Estación Central, el también UDI Rodrigo Delgado, Sebastián Piñera “aprendió la lección” respecto a su anterior gobierno, sobre todo en lo relativo a los conflictos de interés en los ministerios:

—Acá hay que celebrar muy poco y trabajar mucho. Hay que formar los equipos, pensar en la instalación, que no puede ser como en 2010 que fue compleja por el terremoto y tal vez había menos gente preparada.

Quien resumió de mejor manera cómo será la disputa interna en Chile Vamos es el senador y ex precandidato presidencial, Manuel José Ossandón:

—Estoy contento de escuchar a la gente, ver que se están hablando de los temas que nunca ha hablado mi sector. Aquí van a haber competencias en el futuro entre la derecha económica y pinochetista con la derecha social, y yo sé que vamos a ganar nosotros.

Desde ya, en Chile Vamos juegan sus cartas ante la repartija del botín que significa comandar el Ejecutivo. Los nombres de Andrés Chadwick, Gonzalo Blumel y Rodrigo Vergara parecen seguros para el comité político. Otros parlamentarios que optaron por no ir a la reelección y tuvieron un rol importante en la segunda vuelta también parecen correr ventaja en carteras según sus intereses: Alberto Espina en Justicia, Hernán Larraín en Relaciones Exteriores y Karla Rubilar en Salud.

La pelea, eso sí, no será fácil. El rol que tendrá Evópoli y el incierto futuro de los ex presidenciables Manuel José Ossandón y José Antonio Kast también será motivo de debate el interior del nuevo gobierno.

“¡Se salvó Chile!”

Luego de una larga espera, el presidente electo subió al escenario montado en la Alameda ante las personas que se habían reunido en el sector. Chaquetas rojas, vuvuzuelas, banderas de Piñera, banderas de José Antonio Kast, una sola bandera mapuche portada por Bernardo Cariceo -ver nota aparte del cierre de campaña– y un busto de la figura de Augusto Pinochet, entre otros elementos.

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La fórmula del discurso -que partió con un saludo a las víctimas del diluvio en Chaitén-, fue repetir un poco de todos los anteriormente pronunciados en campaña: el llamado a la unidad diciendo que con ella se recuperó la democracia y se rescató a los 33 mineros de la Mina San José, el homenaje a Carabineros al hablar de delincuencia, el agradecimiento tanto a la familia como a los ex contendores presidenciales Manuel José Ossandón, Felipe y José Antonio Kast. A diferencia de sus otros discursos, no hizo alusión ni siquiera de forma indirecta a las reformas de Michelle Bachelet.

La consigna del público se escuchó en todas las transmisiones:

—¡Se salvó Chile, se salvó Chile!

El público también fue categórico en pifiar cuando Sebastián Piñera agradeció a Alejandro Guillier y sobre todo cuando mencionó a Michelle Bachelet, forzándolo a gritar para aplacar las pifias. Algunos asistentes empezaron a entonar el himno nacional durante el discurso.

—Me comprometo a ser el Presidente de la Unidad, de todos y para todos los Chilenos, del trabajo, del cambio, del progreso y por supuesto, el Presidente de la clase media y de las regiones —cerró diciendo el ganador de la elección.

Al son del jingle “Agárrense de las manos”, el público se dispersó rápidamente al final del discurso. La celebración fue a punta de bocinazos.

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