El pasado viernes 08 de diciembre, cientos de personas nos reunimos a un costado de la cárcel de San Miguel, ¿el motivo?: conmemorar los 7 años de lo ocurrido el 08 de diciembre de 2010 y rememorar a los 81 pobladores que murieron en el incendio que consumió la torre 5 del recinto penal.

El pasado viernes 08 de diciembre, a un costado de la cárcel, cientos de emociones llenaron las calles de San Miguel; el dolor, la tristeza, la angustia y la rabia, todas al mismo tiempo, desatadas por la indolencia de un pseudo sistema penitenciario que terminó por aniquilar la vida de 81 personas que, apresadas por el Estado, cumplían condena dentro de ese pedazo de concreto que llamamos cárcel.

Pero, a pesar de la pena que inunda nuestros corazones en esta fecha, la alegría también estuvo presente en el lugar. Porque recordamos a esos padres, hermanos, hijos y nietos, con la certeza de que nuestra lucha avanza. Recordamos a esas 81 víctimas con la misma alegría que dieron y entregaron durante años a sus familias.

La tragedia ocurrida en 2010 marcó un precedente en la historia carcelaria del país, y es que nunca se había presenciado algo similar a lo ocurrido. Un incendio, celdas que no se abrieron para que quienes se calcinaban dentro pudieran salir y, finalmente, el resultado de muerte de 81 personas. Con ello, la destrucción de 81 familias que, a 7 años de lo ocurrido, siguen clamando por verdad y justicia.

Hoy, a 7 años de la tragedia carcelaria más grande en la historia de este país, seguimos presentes, porque el dolor es tan grande, que ni siquiera con los años que nos quedan en vida para seguir luchando podremos calmarlo. Ese dolor con que hoy cargan las madres de Jorge, de Abraham, de Andrés, y de los otros 78 compañeros fallecidos en el incendio, es tan grande, que nada ni nadie lo puede siquiera apaciguar un momento.

Y es precisamente esa angustia y esa rabia, pero también el amor y la solidaridad, las que hoy nos mueven a las calles, a gritar “¡presente!” por cada uno de los 81, y a seguir combatiendo este sistema punitivista que hoy encierra a personas en jaulas, despojándolas de sus derechos más fundamentales y de su dignidad.

La cárcel, como la vemos y comprendemos hoy, es un territorio hostil, donde el estado de derecho que tanto enarbolamos está ausente. Allí, donde habitan miles de presos olvidados por un estado y una sociedad que sólo supo excluirlos al punto de hacerlos completamente invisibles, es donde todas y todos debemos poner nuestros ojos para observar lo que ahí dentro ocurre. La cárcel es el espacio donde todas y todos debemos militar, para de-construir y reformular el sistema de justicia penal que castiga a quienes nacieron condenados.

El llamado hoy es a seguir en pie, a no decaer y a seguir construyendo espacios donde la solidaridad y el compañerismo sea mucho más fuerte que el arma con que el gendarme da muerte al preso.