Hoy no puede haber un frenteamplista tranquilo, suponiendo que las cosas se pueden seguir haciendo de la misma manera. Las elecciones presidenciales han instalado una nueva fase del ciclo político en tanto: 1) El triunfo de la derecha instala por los siguientes cuatro años un gobierno que representa la antítesis de nuestro proyecto; 2) La Nueva Mayoría fracasó como opción de vencer a la derecha, pues fue incapaz de convocar, paradójicamente, a las mayorías; y 3) El 19N destruyó el bipartidismo, dejando una bancada de 20 diputados y 1 senador capaz de dar una voz permanente ante cada conflicto nacional.

Este rearme del sistema de partidos nos deja desafíos en al menos cuatro áreas. Para cada una de ellas deberemos saber tener posición, para lograr una emergencia política real (consolidación) o, de lo contrario, convertirnos en una apuesta pasajera.

1. Fortalecimiento del sentido común de derecha

Chile Vamos logró una votación mayor a la esperada, lo que se explica por 1) haber unido sus nuevos liderazgos, como Ossandón, J.A. Kast y F. Kast (con sus diferentes posiciones populistas, conservadoras y liberales, respectivamente), logrando ampliar sus bases sociales de apoyo; y 2) haber instalado una campaña comunicacional del terror contra los cambios (“Chilezuela”, “votos marcados”, etc.). Este logro se suma al resurgimiento del conservadurismo en la región, con riesgo de radicalizarse en estilos “trumpistas”.

¿El Frente Amplio será capaz de enfrentar este sentido común mayoritario de temor a los cambios y transformaciones? ¿Qué tipo de oposición se requiere para ser alternativa de gobierno y no quedar preso o reducido a una de las caricaturas que justificó el triunfo de la derecha?

2. Fracaso de la Nueva Mayoría como portadora de los cambios

Este conglomerado no logró implementar lo prometido en el programa de Michelle Bachelet, desaprovechando la mayoría parlamentaria alcanzada y su legado se redujo a avances parciales en derechos sociales (aborto tres causales, acuerdo de unión civil, etc.) y políticas públicas propias de un Estado Subsidiario (reforma educacional, etc.). Llegaron divididos a las elecciones producto de su conflicto interno por el carácter de las reformas y sus resultados electorales terminan por dar por fracasado su proyecto político. Este bloque tendrá que decidir si: 1) mantener su programa progresista (continuidad de Bachelet II) o 2) un retorno a la lógica de acuerdos del concertacionismo (acercamiento al centro).

¿El Frente Amplio tiene un rol en este proceso de rearme o debe quedarse como mero espectador? ¿En qué medida una acción ofensiva del FA hacia los sectores progresistas de la NM puede aportar a un quiebre definitivo? ¿Qué tipo de autonomía se debe tener con este sector para perder legitimidad?

3. Orden al interior del Frente Amplio

Las “bancadas” pueden llamarse como tal cuando en la práctica funcionan con unidad, lo que es pareciera poco probable cuando se observan 14 agrupaciones diferentes (7 con representación parlamentaria -con clara hegemonía de RD- y 7 organizaciones que quedaron por fuera) y la incapacidad de llegar a definiciones unitarias (y positivas), como ocurrió en la segunda vuelta presidencial. Se podría considerar esta diversidad como una fortaleza, pero lo que puede ser positivo al momento de una elección popular, será conflictivo en el día a día en el ámbito legislativo y social.

¿Seremos capaces de reducir la complejidad y avanzar en la unificación de proyectos al interior del Frente Amplio? ¿Se entenderá el Frente Amplio como un campo de batalla dando pie a luchas intestinas (ya sea por la dirección o por quien ocupa el rol de “segundo al mando”)? ¿Qué autocrítica cabe a las 7 organizaciones que no lograron representación parlamentaria, que en parte se basaban en un identitarismo de izquierda?

4. Movimientos sociales frente a las nuevas formas de cooptación

Los movimientos sociales se han diversificado y han logrado mostrar una mayor politización (estudiantes mostrando posición respecto a las elecciones, No+AFP impugnando a los candidatos, CUT llamando a votar por Guillier, etc.), pero vienen de enfrentarse a un gobierno que inauguró una nueva forma de procesar los conflictos sociales. El estilo de la Nueva Mayoría de acoger las consignas “de la calle” e implementar propuestas con espíritu neoliberal, fue muy diferente al estilo represivo y violento mostrado por Piñera en su primer gobierno. Este es un aprendizaje evidente para  Piñera, que ya lo ha implementado al abrazar la propuesta de gratuidad para el sector técnico profesional (que -curiosamente- se concentra absolutamente en el sector privado).

¿Seremos capaces de rearmar un movimiento social que viene de un desgaste y desunión, instalando una agenda capaz de sintonizar legítimamente con nuevos sentidos comunes? ¿Cuál será la capacidad de la derecha para impulsar movimientos de masas de carácter contra-reformista, como ocurrió con los apoderados de colegios particulares subvencionados, ahora que cuenta con nuevos liderazgos populistas y liberales?

Ninguna de estas preguntas tiene fácil solución, pero serán claves al momento de proyectar al Frente Amplio como alternativa real y que genere un nicho permanente en el sistema de partidos. En este sentido, algunos elementos que considero relevante son: 1) Viabilidad: ser capaz de disputar el sentido común de derecha y mostrarse como un proyecto viable para la mayoría ciudadana; 2) Derechos sociales: impulsar una ofensiva hacia el conglomerado de centro izquierda para profundizar sus diferencias internas buscando conformar un polo por la defensa de los derechos sociales; 3) Coalición que gobierne: rápida consolidación de un orden interno del FA, dando pasos hacia convergencias políticas, que permitan actuar con unidad de cuerpo en el parlamento y en la calle; y 4) Movilización de nuevo tipo: actualizar la forma en que los movimientos sociales se han movilizado, entendiendo que las viejas lógicas no pueden ser replicadas mecánicamente (no se puede volver a repetir exactamente un 2011).

Dormirse en los laureles del 19N es un error garrafal que no puede permitirse el Frente Amplio. Este escenario caótico de recomposición del sistema de partidos deberá mantenernos en pie de guerra, identificando con claridad dónde se encuentran nuestros enemigos, cuáles son nuestras fuerzas reales y dónde se ubican nuestras principales debilidades. Si actuamos con unidad, vocación de poder y mayorías, podremos pensar que el gobierno que se elija en el 2021 sea uno profundamente transformador, que abandone definitivamente nuestro neoliberalismo salvaje y hostil.


Daniel Andrade Presidente FECH 2016 - 2017 y  Javiera López  Secretaria General FECH 2017-2018